El ADN tricolor de Moreno Valle

Puebla, Pue.- Rafael Moreno Valle Rosas rinde protesta como gobernador de Puebla este 1 de febrero bajo las siglas de una alianza opositora al priismo que dominó esta tierra por más de 80 años. Hace seis años este personaje renunció a las filas del propio tricolor para buscar una candidatura para el Senado cobijado por el Partido Acción Nacional (PAN). No obstante, difícilmente podrá negar que de familia le viene un ADN tricolor.

Su abuelo gobernó esta entidad hace 40 años, con el visto bueno del único poblano que ha ocupado la silla presidencial: Gustavo Díaz Ordaz.

En 1940, al cierre de su periodo como gobernador del estado, Maximino Ávila Camacho creaba la comisión encargada del proceso electoral para elegir a su sucesor. El grupo estaba encabezado por quien habría de sucederlo: Gonzalo Bautista Castillo y lo integrarían un representante del sector popular: Carlos I. Betancour; otro del Congreso del estado: Fausto M. Ortega; un representante de los militares: Antonio Nava Castillo; uno más del sector agrario, Aarón Merino Fernández y el del sector laboral: Gustavo Díaz Ordaz.x

Todos habrían de suceder al jefe de ese grupo,  pero sólo uno de ellos llegaría a la Presidencia. El elegido fue Gustavo Díaz Ordaz, uno de los presidentes  más criticados por la muerte de cientos de estudiantes a manos del Ejército el 2 de octubre de 1968 en Tlatelolco, en la ciudad de México.

Cuando el poblano Gustavo Díaz Ordaz comenzó a armar su gabinete presidencial no dudó en llamar a Rafael Moreno Valle. Su paisano no sólo había seguido una ascendente trayectoria militar que lo llevó a obtener en 1952 el grado de General Brigadier y era un reconocido médico con especialidad en ortopedia, además había ocupado una curul en el Senado en 1958.

Pero fue la cercanía producto de la relación médico-paciente lo que inclinó el fiel de la balanza, Moreno Valle se encargaría de ocupar la Secretaría de Salubridad y Asistencia Social hasta el 8 de octubre de 1968, cuando haría maletas para regresar a su tierra natal. Díaz Ordaz lo había asignado para ocupar la habitación principal de Casa Puebla.

Pero esa habitación sería suya sólo por tres años, en 1972 Moreno Valle presenta su “renuncia por motivos de salud”, la efervescencia social con la que se encontró el ortopedista en el estado, pero sobre todo la política de Luis Echeverría de erradicar todo lo que oliera a diazordacismo lo obligaron a ello.

El general duró en el cargo tres años, dos meses y catorce días. Lo habría de sustituir Gonzalo Bautista O’Farrill, uno de los cachorros del cacicazgo avilacamachista.

***

Cuenta la anécdota, narrada por el reportero Álvaro Ramírez, que Moreno Valle, el General, entregó unos billetes a Melquiades Morales Flores cuando este era su secretario auxiliar y buscaba la manera de obtener una candidatura de peso por su partido.

–Tenga, si va a andar en esto (de la política) al menos cómprese unos trajes.

El empujón político fue más que los billetes y la ropa, Melquiades dejaría de ser el auxiliar del gobernador y diputado suplente para encaramarse en una curul del Congreso local, pero además hacerse de la coordinación del Congreso en ese año. Era 1972, y a Moreno Valle le quedaban un año más en el cargo antes de verse obligado a renunciar por la presión social de aquellos años.

El ocaso de uno fue el despegue del otro, el hombre nacido en Ciudad Serdán había puesto un pie en la dirección correcta aunque tendría que esperar 27 años antes de ocupar la misma habitación del hombre que le dio el espaldarazo definitivo.

***

Consciente de que la clase política local que lo acompañaría en su aventura de gobernar el estado no tenía ni de cerca una formación o un perfil tecnócrata como el que se había inaugurado formalmente en el PRI con Salinas de Gortari y continuó con Ernesto Zedillo, Melquiades volteó la mirada al nieto del General que le había dado el empujón final para crecer. Tenía que pagar el favor con favor.

Morales Flores buscó al junior, y él aceptó sentarse a conversar. Morales Flores, fiel a su estilo, bordeó senderos, plantó señales al recordar su historia con el médico que tuvo que dejar apresuradamente Casa Puebla antes de ir al grano y ofrecerle la Secretaría de Finanzas y Desarrollo Social. Dejando a su cargo la cartera y el reparto.

En charlas de café todavía se dice con sorpresa: “Melquiades hizo lo que nadie con el nieto, le rogó, no fue una, sino varias las llamadas que le hizo a Moreno Valle insistiéndole, incluso le permitió como a ningún otro que fuera él quien escogiera al equipo de trabajo que lo acompañaría”, cuando la tradición política dicta que sea el mandatario quien dé el visto bueno de los subsecretarios, coordinadores y directores.

Moreno Valle aceptó a condición de que lo dejaran conformar su equipo de trabajo. Y así fue, colocó en puestos estratégicos a otros jóvenes del mismo estilo, hijos de familias acomodadas de corte tecnócrata con estudios en el extranjero. El mismo grupo que hoy lo acompaña a gobernar.

Y desde ahí comenzó a construir su candidatura. Corría el año de 1999.

Cinco años después, a principios de febrero de 2004, Melquiades citaba al nieto del general en Casa Puebla. Hacía meses que la competencia con Mario Marín Torres había arrancado llenando el estado de bardas pintadas con uno y otro nombre, amarrando pactos y acuerdos con la estructura, ese ente mitológico del priismo duro.

Días antes de la reunión Melquiades había conversado con Manuel Bartlett.

–El candidato es Marín –le dijo el tabasqueño que gobernó durante seis años a Puebla—, la gente está de su lado, las encuestas no mienten –le aseguró mostrándole las mismas encuestas que Marín le había enseñado previamente, cuando lo buscó para que intercediera por él ante Melquiades que no lo quería no recibir.

Bartlett condicionó su apoyo a Marín a cambio de que tres personas cercanas al grupo marinista no ingresaran al gabinete: Adolfo Karam, el policía del marinismo que al finalizar el trienio durante el cual administraron la capital del estado fue acusado de permitir el crecimiento del narcomenudeo en la ciudad. Javier García Ramírez, el hombre encargado de tejer las relaciones con el sector de la construcción y a quien en los corrillos gubernamentales se le conoce como “el 20 por ciento” (presuntamente el diezmo exigido para la entrega de obra pública). Y Alejandro Fernández, quien durante el affaire Cacho-Marín fue acusado de espiar a los grupos que encabezaban el repudio al gobernador por su intervención en la encarcelación de la periodista. El acuerdo no fue cumplido.

En esa reunión Bartlett planteó un segundo escenario a Melquiades, si apostaba por el nieto de su benefactor Elba Esther Gordillo sería el verdadero poder tras el trono dada la cercanía que se había fraguado entre Moreno Valle y la líder del magisterio durante el paso de los dos por la Cámara de Diputados.

***

–No es tu tiempo, Rafael –le espetó Melquiades a su ahijado político. Al hombre al que entregó la Secretaría de Finanzas y de Desarrollo Social, al que hizo volver de los Estados Unidos en donde trabajaba en una de las dos reuniones que sostuvieron entonces—. Tenemos que dejar pasar a Mario. Tienes seis años más para fortalecerte, para terminar de construir tu propia estructura desde el senado.

Moreno Valle lo contó así hace un par de años en una entrevista que ofreció al diario poblano El Columnista:

“El gobernador Melquíades Morales habló conmigo y me pidió que no participara. Finalmente él me dio la oportunidad y me pidió que nos sumáramos con Mario Marín. Yo entiendo que había circunstancias nacionales como Roberto Madrazo, en su momento, que no me veía con buenos ojos porque yo estuve apostado por Beatriz Paredes (en la contienda por la Presidencia del PRI) y estuve, y estoy, muy cerca de la maestra Elba Esther Gordillo (…). Yo entendía que así eran las reglas del juego en el PRI. Obviamente no estaba satisfecho. Yo pedí una consulta a la base, pero finalmente yo le debía lealtad a Melquíades Morales, le debía agradecimiento, porque finalmente él me había dado la oportunidad de venir a Puebla y yo era parte de su equipo político”.

Y continúa: “Lo entendimos y llegamos a una serie de acuerdos para seguir construyendo mi carrera política. Lo aceptamos en ese sentido. Nos sumamos. Entré como presidente de la Fundación Colosio. Posteriormente como líder del Congreso. Después ya no se cumplieron (sic) una serie de cuestiones que se habían platicado. Creo que los que hacen acuerdos en política saben abiertamente a qué se comprometen, qué cumplen y qué no cumplen”.

Y es que en esa reunión Melquiades le prometió su llegada al Senado. Era unas de las condiciones que había pactado con Marín para dejarlo pasar.

Pero Marín no cumplió.

***

A principios de 2006 la secretaria de Desarrollo Social, Ana Teresa Aranda, recibía una llamada en su oficina.

–Tengo noticias que no te van a gustar nada –le decía del otro lado de la línea Carlos Abascal, entonces secretario de Gobernación del foxismo—: le entregaron la candidatura a Moreno Valle.

El golpe fue directo a las entrañas de la funcionaria. Ángel Alonso Díaz Caneja, el panista que había logrado en votación interna la candidatura, claudicó. Entregó el espacio para el nieto del gobernador a cambio de una plurinominal.

La sugerencia fue sólo una:

–No tengo que recordarte que debes mantenerte en la línea de la institucionalidad. No puedes como funcionaria salir en este momento a criticar las decisiones del partido.

Y la funcionaria calló.

***

El ingreso de Moreno Valle a las filas del partido blanquiazul fue producto de dos factores: Mario Marín y Elba Ester Gordillo.

Columnistas locales lo contaron: en un viaje al DF, Enrique Doger Guerrero, entonces presidente municipal de Puebla, le preguntó a Marín por la candidatura al Senado que Melquiades había pactado para Moreno Valle: ¿Candidatura, cuál candidatura?

Y no hubo candidatura al Senado para Moreno Valle, que para entonces ocupaba una curul en el Congreso local y presidía, de membrete, a la bancada de su partido.

Mario Montero Serrano, el hombre que metió de lleno a Marín al aparato burocrático, el que le ofreció su red de contactos creada al amparo del poder de su padre, uno de los periodistas adictos al poder, fue lanzado a competir por una de las dos posiciones que tiene Puebla en el Senado, llevaba como compañero de fórmula al ya para entonces ex gobernador Melquiades Morales.

El otro lado de la pinza se cerró cuando Elba Esther negoció directamente con Felipe Calderón la candidatura de Moreno Valle para que peleara con las siglas del PAN la curul en el Senado.

El nieto del general había conocido a la lideresa gracias a su amistad con José Cabalan Macari y su primo Jorge Kahwagi Macari, líder estatal y nacional, respectivamente, del Partido Nueva Alianza. El columnista Alberto Aguirre M, quienes lo acercaron a su primer círculo.

Aunque Moreno Valle siempre lo ha negado, fuentes panistas sostienen que la dirigente magisterial operó directamente el ingreso del priísta a las filas del partido albiceleste. Aunque también intervino la poblana Josefina Vázquez Mota y panistas de cuño y abolengo, como el mismo Francisco Fraile.

El nieto del general tuvo incluso que reunirse con el panista que habría de presumirse como “el presidente del empleo”.

¿Y Elba Esther?: “No. Simplemente ella, como una amiga, como una compañera de lucha, me planteó el apoyo y le agradezco y le reconozco el apoyo en momentos complicados”, aseguró en una entrevista.

***

Tardó dos sexenios, pero el hombre que tenía apenas seis meses de nacido cuando su abuelo comenzó a despachar en la oficina principal de la casa de gobierno del estado, logró encaramarse a la silla aún contra todo pronóstico, llevándose entre las patas a un gobernador que dejó la entidad peor de cómo la encontró.

El ADN tricolor de Moreno Valle, 5.0 out of 5 based on 1 rating

Deja un comentario