La agonía del general
Gutiérrez Rebollo

La agonía del general<br>Gutiérrez Rebollo
Estuvo al mando de la quinta región militar en Guadalajara.

Tiene más de un mes internado bajo estrictas medidas de seguridad y su estado de salud no mejora. Con un diagnóstico de cáncer terminal avanzado, el general Jesús Gutiérrez Rebollo se encuentra desde el pasado 26 de abril en el tercer piso del hospital central militar, a donde fue trasladado en completo sigilo la madrugada de ese día proveniente del penal federal conocido como “El Rincón”, ubicado en Tepic, Nayarit, donde purgaba una sentencia de 40 años de prisión acusado de brindar protección al fallecido capo Amado Carrillo Fuentes, conocido como “El Señor de los Cielos”.

Jesús Gutiérrez Rebollo.

Gutiérrez Rebollo está en el mismo lugar donde hace 14 años, en febrero de 1997, se dio la orden para internarlo –contra su voluntad, denunciaría él mismo tiempo después— y practicarle un cateterismo para inducir un paro cardiaco que buscaría provocarle la muerte. Fue en esos días en que su figura quedó defenestrada por el alto mando militar cuando fue acusado de traición a las fuerzas armadas, y se convirtió en el primer caso de un general de división, el rango más alto en la milicia mexicana, en ser detenido por supuestos vínculos con el narcotráfico. Ahora, quien fuera durante los años 1990 a 1996 comandante de zona y de región en Jalisco, convalece custodiado por un pelotón de policía militar en el área del nosocomio reservada para los generales. Según los partes médicos, el militar desarrolló una metástasis pulmonar, consecuencia del cáncer que padece, y debido a la intensidad de los dolores ha sido necesario sedarlo para aminorarlos.

Las gestiones para su traslado de Nayarit y su ingreso al hospital central militar se debieron al secretario de Seguridad Pública Federal, Genaro García Luna, de acuerdo a diversas fuentes consultadas al respecto. Un grupo de militares allegados a Gutiérrez Rebollo, coincidieron en señalar que la solicitud del funcionario fue hecha al secretario de la Defensa Nacional, Guillermo Galván, quien autorizó que se le recibiera con el mismo status de seguridad que tenía en su celda del penal nayarita, donde se encontraba recluido desde hace pocos  años después de pasar más de una década en la cárcel de alta seguridad de Almoloya, Estado de México.

En el año 2007, Gutiérrez Rebollo se inconformó contra una sentencia de un juzgado de distrito que falló en su contra por delitos contra la salud, una de las apelaciones que presentó y ganó fue para que le restituyeran sus grados militares, lo cual ocurrió en abril de 2008 cuando un tribunal federal ratificó el fallo y ordenó le restituyeran su rango de general de división. En estos días en que convalece en el área reservada para generales, donde recibe visitas de su familia y algunos de sus cercanos, en el medio castrense se comenta que el Ejército lo “ha arropado” de nuevo no sólo porque ha sido un preso que ha mostrado “una excepcional y buena conducta” sino porque su figura siempre fue respetada en la milicia pese a lo ocurrido en 1997.

El choque

Era lunes, aquel 3 de febrero de 1997, cuando Gutiérrez Rebollo fue citado de emergencia a la oficina del entonces secretario de la Defensa Nacional, Enrique Cervantes Aguirre. Meses antes por orden presidencial se había hecho cargo del Instituto Nacional de Combate a las Drogas (INCD) de la PGR, tuvo que dejar el mando de la quinta región militar en Guadalajara para instalarse en la oficina del quinto piso del inmueble en la plaza de la República de la ciudad de México. Cuando llegó con Cervantes, éste lo esperaba acompañado de un reducido grupo de militares, ahí le presentó grabaciones y fotos donde aparecía con Amado Carrillo. Además, documentación que señalaba que el departamento que tenía en arrendamiento en las Loma, había sido propiedad del capo. De acuerdo a la versión que contó a sus familiares y que difundieron días después en la prensa capitalina, se hicieron de palabras y hubo un altercado que los presentes tuvieron que controlar. De la oficina del secretario lo llevaron directo al hospital militar para internarlo, en ese lugar sino hubiera llegado a visitarlo Antonio Riviello Bazán, extitular de la Defensa y amigo cercano, el general hubiera muerto.

Estuvo al mando de la quinta región militar en Guadalajara.

Cuatro años después de su detención, Gutiérrez Rebollo concedió en Almoloya una entrevista exclusiva en febrero del 2002 a la periodista Isabel Arvide, publicada en un semanario capitalino. Cuando contó los pormenores de su captura y reclusión, reveló las cuestiones de fondo y algunos entretelones que nunca se investigaron. “Yo le estorbaba a Cervantes Aguirre… por eso todo, por eso me quiso matar. (…) Que no se hagan… todo está en mi expediente… con que quieran verlo, a todos agarré, de todos colores y sabores, de todos los cárteles, me cansé de dar buenos resultados, ahí están todos a los que me fui contra ellos. Mi general Riviello decía: usted se mete demasiado a fondo, allá usted sabe. Por igual contra unos y otros. O ya se olvidaron de que yo agarré al “Güero Palma”. ¿Y de quien era segundo ese cabrón?… Pues de Amado. Y luego que no se hagan si la única vez que agarramos a Amado fui yo.

“Y sobre los Arellano Félix, existe una relación de documentos que aseguraron de la que fue mi oficina en el desaparecido Instituto Nacional de Combate a las Drogas. Ahí están los expedientes con toda la información escrita y gráfica del cártel de los Arellano. En mi archivo del grupo de informadores de la quinta región estaban los originales, entre más de mil expedientes que teníamos, en la Sedena existe otro tanto de toda esa información. Samuel González informaba a los gringos puras mentiras, los operativos contra los Arellano no los hizo la policía judicial federal, sino en 90% personal de la quinta región militar. (…) ¿Cómo iba a protegerlo (a Amado Carrillo)?, son estupideces, si cuando lo soltaron vino Javier Coello (entonces subprocurador) a comer conmigo para pedirme que me cuidara, que Amado estaba muy molesto y usted sabe qué quiere decir eso con esa gente”.

Sobre los motivos de su reclusión, el general decía: “Le estorbaba a Cervantes, ahí está la información concreta de una relación que no se ha investigado a fondo, que se da entre la familia Velasco, el suegro del presidente Ernesto Zedillo, con los Amezcua. (…) No hay pruebas concretas, yo sólo estuve dos meses ahí, antes no tuve nada que ver en eso… Fue una investigación que me pidió la DEA directamente, ellos querían que yo la hiciera desde mi oficina porque en la PGR la gente de Madrazo se había clavado la lana que le daban los gringos para hacer ese trabajo”.

Más adelante reveló otro detalle sobre un supuesto pacto entre capos de la droga donde el secretario de la Defensa actuaba como conciliador: “Cervantes Aguirre iba a recibir 60 millones de dólares por la reunión entre los Arellano Félix y Amado Carrillo, parte de ese dinero se transportó en una patrulla de la Policía de Caminos asignada a Los Pinos”.

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