El poeta Octavio Paz decía que la ideología de los artistas no debe ser un obstáculo para ver, apreciar y amar sus obras. Y las piezas de Joaquín Segura siempre van más allá de sus propias intenciones. A sus 30 años de edad, Joaquín ha sido calificado como un artista “insolente”, “provocador” o “violento”. Es todo y nada. Sueña un arte guillotina: lenguaje de navajas que corta lo establecido y decapita la realidad. La verdad tiene siempre otra cara.
La obra de Joaquín tiene una carga profundamente política, que genera preguntas más que respuestas. Cuestiona y lanza la granada. Es un artista que le gusta jugar y ser lo más políticamente incorrecto posible. Siempre ha tenido problemas con la autoridad, le cuesta mucho entender la idea del control. Dice que temas como la política o la guerra, son sólo pretextos para hablar del fracaso, la impotencia y decepción.
“Creo que mi trabajo es una forma de llegar a cosas con las que no estoy de acuerdo o no entiendo del todo. De alguna forma es una necesidad de entender la intolerancia, las distintas manifestaciones de la violencia y de comprender el fracaso de las estructuras políticas, sociales y culturales”.
Joaquín llega agitado a la recién inaugurada Sala de Arte Público Siqueiros donde exhibe “Poéticas del Deshonor”, que es un recuento ilustrativo de su obra. Porta unos jeans y una chamarra verde militar. Su tranquilidad al hablar contrasta con la fuerza de sus dibujos, imágenes, videos, instalaciones, que pretenden detener el tiempo y reflexionar sobre ciertos momentos de la historia. Por qué el cambio se convirtió en una promesa fallida: las ruinas.
Por ejemplo, la pieza Untitled (Zimmermann) es un telegrama enviado por el Secretario de Asuntos Exteriores del Imperio Alemán, Arthur Zimmermann, el 16 de enero de 1917, al embajador alemán en México, Heinrich von Eckardt, durante la Primera Guerra Mundial. En ese documento, se instruía al diplomático proponer una alianza al gobierno de Venustiano Carranza contra los Estados Unidos. Sin embargo, el telegrama fue interceptado por los británicos, y su contenido aceleró la entrada de los Estados Unidos a la guerra.
La obra es un díptico de esmalte sobre acero. Un panel contiene la versión codificada y el otro la decodificada después de que interceptaron el telegrama.
A Joaquín le interesa cómo estos pequeños episodios fallidos de nuestra historia configuran todavía de manera muy relevante el clima socio-político actual. Asimismo destaca el papel que ocupamos en un panorama global más amplio y es una crítica sutil pero implacable: somos peones.
“Son cosas que probablemente están olvidadas en un relato mucho más amplio pero que en su momento fueron determinantes para decidir el rumbo de la historia. A mí me atrae mucho más esos episodios”.
Sin embargo, la obra más significativa para Joaquín es Someone Else’s Doc Martens, que paradójicamente es un video que ya no le interesa. Es una grabación del 2002 y muestra al artista chilango que vive en Guadalajara, asaltando a un hombre que está usando las mismas botas negras que él. Es una crítica vehemente a un calzado que se asoció al movimiento punk y de repente se convirtió en un símbolo de status juvenil.
A Joaquín le apasionan estos contrastes y cambios de significado. Sabe que es sumamente cuestionable ese video, pero quería exhibir al mismo tiempo los esquemas de legitimación.
“No creo que la práctica artística contemporánea se deba hablar a partir de un parámetro moral o ético. Creo que los parámetros enrarecen discusiones más apremiantes. Esa pieza definió mis intereses posteriores. Siempre la atacan muchísimo y al mismo tiempo me la piden para exhibiciones.”
El fanático del cine gore, dice que en realidad él no ejecuta la obra, más bien plantea una estrategia para mantenerse un poco a distancia. Del arte contemporáneo le importa entender estas contradicciones y fisuras en las estructuras cotidianas que crear arte-objeto, entendido como un constructor con valor de mercado y que se inserta en circuitos donde se privilegia el dinero.
Joaquín no crea una obra para hacer enojar a ciertas personas o sectores sociales con su discurso político explosivo. Se preocupa por tener ideas bien construidas, con un soporte visual impactante para que su obra tenga voz propia: ecos taladrando el espacio. ¿El mundo siempre fue así?
El proyecto “Gringo Loco” fue una gran escultura de 8X5 metros de acero y acrílico, que funcionó como un pretexto para denunciar y generar situaciones más amplias de discusión.
Esta pieza del 2009 se iba a instalar en la barranca de Huentitán, justo el día en que se iba a inaugurar la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, sin embargo las autoridades consideraron que la pieza sería ofensiva para los visitantes al evento literario, donde la ciudad de Los Ángeles fue la invitada de honor.
La obra consiste en una reproducción exacta del letrero luminoso que da la bienvenida a los visitantes de Las Vegas, pero sustituye el “Welcome to Fabulous Las Vegas Nevada” por “Fuckoff you Chili-Eatin’ Gringo Loco Upyourass”. En ese lugar se iba a construir el Museo Guggenheim Guadalajara y el letrero era un comentario ácido al proyecto cancelado.
La suspensión de la instalación provocó una gran polémica en los medios de comunicación y generó un amplio debate sobre las instituciones culturales de gobiernos de derecha. El proyecto fue exitoso a pesar de que no se mostró al público.
“La inversión del Guggenheim era brutal. Para garantizar la operación del museo durante los primeros años se tenía una inversión de 70 millones de dólares. Era absurdo en una ciudad como Guadalajara donde no hay una infraestructura cultural. Esa pieza comentaba el asunto de una forma irónica”.
Gabriel Orozco y La Panadería
Joaquín Segura nunca se imaginó que se convertiría en uno de los artistas jóvenes más reconocidos y controvertidos de México. No tuvo una formación académica vinculada a las bellas artes. Sus primeros pasos los dio estudiando fotografía en el Centro de la Imagen y cursó comunicación en la Universidad Iberoamericana. Desde niño siempre le gustó lo visual, las fotografías y los dibujos.
Su tesis de titulación fue un cortometraje que se llamó “Acapulco Golden”. En realidad usó como pretexto la universidad para realizar esta película corta de 16 mm y que se ha exhibido en lugares importantes como el Reina Sofía y en países como Japón, Argentina, Chile, Uruguay, Francia, Alemania, Estados Unidos, y Brasil.
Acapulco Golden
Su familia está alejada del campo artístico, pero le inculcaron al pequeño Joaquín la lectura y acudir a exposiciones. Su padre es abogado y su madre ortodoncista. Estudiar la primaria, secundaria y preparatoria en el Colegio Williams, le permitió a Joaquín interesarse por las expresiones artísticas, ya que se fomentaba en esa institución actividades de poesía, teatro, fotografía, pintura y performance.
Sin embargo, fue en La Panadería (1994-2002), espacio de arte alternativo en la Ciudad de México, donde Joaquín descubrió el tono de su obra artística. Pudo exhibir antes de que cerraran este mítico lugar de la colonia Condesa, cuando tenía 21 años de edad. Personajes del boom artístico de los 90’s como Yoshua Okón, Miguel Calderón, Artemio y el escritor Guillermo Fadanelli, fueron fundamentales para que sus piezas transmitieran un ánimo de ruptura o transgresión.
Pasaron los años y Joaquín Segura junto con otros compañeros artistas crearon SOMA, como una necesidad de seguir con las experiencias de La Panadería, pero como un espacio formativo sin que se convierta en una galería o lugar de exposiciones. Más bien es un espacio de discusión y creación artística.
“Nosotros nos planteamos no tener un espacio de exhibición porque en la ciudad lo que sobran son espacios. Por ejemplo las galerías en la Roma, qué están aportando, qué están generando, están produciendo nada más ruido blanco. No están construyendo nada, carecen de dirección, congruencia y compromiso”.
Es una certeza repetible, que Gabriel Orozco es uno de los artistas mexicanos más conocidos del mundo, y con más peso específico en el mercado y en el debate del arte contemporáneo. Y a Joaquín Segura ni le interesa. Dice que a Gabriel Orozco lo veo como el nuevo Sebastián, un artista de Estado.
No duda de su sensibilidad como artista, pero obras y situaciones que vivió en el gobierno de Vicente Fox prueban que está completamente asimilado “por un sistema político de derecha”.
Por ejemplo, en la Feria Internacional de Arte Contemporáneo de Madrid del 2005, México fue el país invitado y fue inaugurada por los Reyes de España, acompañados por el entonces presidente de Vicente Fox, y su esposa, Marta Sahagún. La obra del artista veracruzano se dispersó por el Palacio de Cristal y todo se congeló en una fotografía: Marta Sahagún juega al ping pong en una obra creada por Orozco.
“Esa imagen ejemplifica mucho lo que Gabriel Orozco significa no sólo por su obra plástica sino por todo lo que lo rodea. Es un fenómeno político dentro del contexto del arte contemporáneo. Creo que el entorno que él se ha creado es mucho más interesante que el trabajo que está haciendo.”
Por primera vez, Joaquín presenta en la Sala de Arte Público Siqueiros la pieza “Orozco para el pueblo” 2003. Todo sucedió en ese año cuando el afamado Gabriel fue al Centro de la Imagen donde Joaquín estudiaba y sin titubear le robó la diapositiva “Migraciones”. Sin perder tiempo, sacó varias copias en un laboratorio para hacer la impresión del mismo tamaño de 35 mm y venderlas a 500 pesos, lo que costaba la reproducción. Una copia de la fotografía “Migraciones” se vendió en siete mil 500 libras en 2004. Las diapositivas que sacó Joaquín eran copias fieles pero ilegales.
“Era un comentario de esta fetichización del objeto-arte, cómo un objeto te da estatus. Quería minar un poco su valor simbólico a partir de una repetición y de alguna manera jugar con el mercado, porque básicamente lo que estaba haciendo era insertar piezas ilegales en el mercado. Me interesaba esa contradicción”.
Joaquín sabe que ahora existe una atención excesiva al arte contemporáneo. Hace una década no había este nivel de exposición y muchos quieren reflectores y fama, como si se tratara de preparar una sopa Maruchan. Joaquín busca evitar la degeneración estética de su labor: la transformación de la obra de arte en objeto de especulación financiera. La obra de Joaquín se renueva constantemente mirando hacia atrás. El pasado reaparece porque es un presente oculto.








