La poesía visceral
de Carlos Martínez Rentería

La poesía visceral <br>de Carlos Martínez Rentería

Por Moisés Castillo

Dicen que la poesía es conocimiento, salvación y abandono. Plegaria al vacío, diálogo con la ausencia. Y Carlos Martínez Rentería habló muchas madrugadas en silencio. Hubo una época en que salía diario a altas horas de la noche del extinto bar Mestizo, ubicado en Chihuahua en la colonia Roma; era el mejor pretexto para quedarse y emborracharse en ese lugar porque su casa estaba a una cuantas cuadras.

 

Fue un momento sensible en la vida de Carlos porque tenía ganas de escribir para exorcizar su alma. Todas las madrugadas al regresar a casa, a pesar de encontrarse en los estados más etílicos y deplorables, se ponía a teclear la computadora o soltaba la pluma en un pedazo de papel. En ese tiempo perdido y confuso que es la madrugada, Carlos comenzó a revelar este mundo y a crear otro. La angustia y la desesperación alimentaron sus pensamientos.

 

Cuando el sol lo hacía despertar y el cuerpo ya no daba para más, se dio cuenta que muchas reflexiones y frases no las entendía del todo porque la letra era indescifrable. Reflejo de la noche y la perdición. Los poemas que se salvaron se fueron integrando poco a poco a una carpeta donde había hojas arrugadas, papeles sueltos y servilletas con pequeños textos que tenían 16 años de vida.

 

Así nació Barbarie (Moho 2011) como una inquietud de Carlos para expresar con palabras exactas sus emociones más íntimas y fugaces. En la poesía de Carlos existen expresiones de algo vivido y padecido: la experiencia vital. La vida nocturna, los árboles, la lluvia, el amor y la amistad son los temas que aborda un “sujeto poético callejero y melancólico, vulgar y meditabundo”, como señala el escritor Heriberto Yépez en el prólogo.

 

En la segunda parte El libro de las madrugadas, quizá la más lograda, nos lanza Madrugada I: “Cómo medir la madrugada/cómo saber cuándo es tarde o temprano/tiempo de irse o quedarse/de llegar o morir en ese mismo instante”.

 

En Madrugada II descubre la intensidad de los sentidos: “El miedo fascinante/los pasos precisos de una cuadra a otra/las ventanas que nunca se apagan/En la madrugada de las calles siempre hay gatos”.

 

El poema es algo que está más allá del lenguaje: la palabra en libertad muestra todas sus entrañas. Cada poema de Barbarie es único e irrepetible, es producto de la experiencia humana. Como dice Octavio Paz, el poema no es una forma literaria sino el lugar de encuentro entre la poesía y el hombre. Y así lo refleja Carlos con sencillez y honradez.

“En general casi todas las madrugadas de mi vida estoy despierto compartiendo unos tragos. Los poemas entendibles de aquellas madrugadas han pasado por procesos de pulida y corrección. Heriberto Yépez me ayudó a arreglar algunos textos y otros se fueron transformando. Finalmente fue benéfico que pasaran tantos años porque de esta manera los poemas están más cuidados”.

 

-Eduardo Lizalde dice que la poesía es “la muñeca fea” de la literatura porque la lee apenas un pequeño grupo, ¿Por qué escribir un libro como Barbarie?

 

En realidad escribí este poemario por mi inquietud de escribir poesía. Hace 5 años hice una edición libro-objeto con acuarelas del pintor Felipe Posadas de 10 ejemplares y se los regalé a mi mujer en aquel entonces y a mis amigos. Fue un primer antecedente. Después hace como 4 años le enseñé unos textos sueltos a Heriberto Yépez y me dijo “oye esto podría publicarse, no está mal, porque no me mandas más”. Y comencé a mandarle más, me estuvo presionando y gracias a él se armó el libro porque empezó a reunirlos, a hacerles algunas observaciones y posteriormente llegó un momento en que me dijo “ya tengo armado tu libro”. Pasó el tiempo y algunos amigos míos como Guillermo Fadanelli me dijo “ese poemario tiene que salir, yo lo publico”. Otros amigos fueron copatrocinadores de la edición La Pulquería Los Insurgentes y Leobardo Sarabia, director del Festival Interzona de Tijuana.

 

-Originalmente el libro se iba a llamar La frágil barbarie…

 

Fadanelli me hizo algunas observaciones y me propuso que sólo dejáramos Barbarie, estuve de acuerdo y se modificó el orden del índice. Hubo dos o tres poemas nuevos. El libro fue tomando forma y me parece que Yolanda hizo un diseño y edición cuidadosa, es un regalo de mis amigos. Como dice Yépez en el prólogo, parecería extraño que alguien como yo escribiera poesía porque hay está idea falsa que es un género para personas muy sensibles y cuidadosas. Sin embargo, la historia de la poesía está llena de locos y bárbaros. Por ejemplo, Salvador Díaz Mirón, que incluso estaba acusado de ser un asesino y ya no digamos de Baudelaire y Rimbaud.

 

-Casi todos los poemas tienen dedicatoria, ¿Qué tan fundamental es la amistad en tu vida?

 

Lamentablemente varios amigos me han reclamado porque no les dediqué un poema, pero es que en realidad estas dedicatorias tienen que ver con un momento particular que liga al poema con la persona. Creo que la amistad es fundamental para estar vivos, incluso en muchos momentos supera al amor hacia la pareja.

 

En Barbarie hay también poemas de amor y desamor. En Guillermina no está dices: “Cuando no está/ninguna fiesta es feliz/la aguardo con la angustia desvalida/ella no está en mi cama/ninguna fiesta, sin ella, salva mi vacío…

 

Tuve una relación muy larga que ahorita está en stand by desde hace más de dos años. Guillermina -la madre de mi hijo Emiliano- y yo vivimos juntos 17 años, a pesar de que ahora no lo estamos, de todos modos tenía que dedicarle este libro a ella, a mi hijo y a mis amigos. Hay algunos poemas de desamor en donde pareciera que se traiciona algo que siempre he creído que “el amor es para siempre” y, sin embargo, te das cuenta que no es así. O que a lo mejor puedes querer mucho a alguien pero ya no puedes vivir con esa persona. Si hay un par de poemas así, me han acusado de ser un poco cursi.

 

-En Mandamientos bárbaros aludes a los amigos, la vida nocturna y a los excesos, ¿Cómo es el proceso de transportar la experiencia vital a tus poemas?

 

Es fundamental porque viene a fortalecer un espíritu de transgresión, de equivocación, de celebración y arriesgue. Los estados alterados vienen a ser para mí una verdadera provocación del pensamiento. No dudo que mucha gente pueda ser un gran artista o un profesional de cualquier actividad siendo abstemio, pero también de las personas que más admiro en la literatura y en el arte sí han estado demasiado cercanos al alcohol y a los estados alterados. Esa perspectiva a mí me seduce. Creo que debe respetarse y celebrarse aquellos que hemos optado por este camino. Finalmente resulta más difícil la convivencia, la supervivencia, porque tiene que ver con la salud, con tus horas perdidas y el daño que puedes hacerle a los que están cerca de ti. Espero seguir bebiendo y consumiendo otras sustancias hasta mi muerte.

 

-Cortázar dijo “un poeta ante todo, es decir, cazador de ser”, ¿Qué es ser un poeta?

 

No aspiro a ser un poeta. Para mí la poesía es la expresión del arte que exige más exactitud y que concentra en un breve texto una manera de descontextualizar el lenguaje. El lenguaje deja ser sólo una forma de expresión y comunicación para convertirse en un acto de creación. Muchísima gente piensa que la poesía es más fácil que la narrativa. Yo digo que es al revés. Un buen poema es mucho más complejo en su estructura, en toda su posibilidad de expresión.

 

-¿Cuáles son tus poetas favoritos?

 

Admiro a poetas diversos, no me considero un experto. Obviamente Rimbaud, Baudelaire, me gusta Bukowski, me encanta la poesía de Octavio Paz, Sabines, Alí Chumacero, la poesía del maestro Bonifaz Nuño.

 

-¿Por qué en muchos círculos literarios la figura de Paz es despreciada?

 

Hay mucho prejuicios o realmente no conocen su obra. Yo si creo que Paz cometió demasiados errores por su gran egocentrismo y pudo haberse equivocado mucho en sus posturas políticas. Sin embargo, eso no le quita que fue un hombre brillantísimo, un gran poeta, muy intelectual pero también muy sensible par encontrar las palabras exactas y nombrar cosas. Sería una estupidez quitarle méritos a su gran obra poética por un prejuicio de tipo ideológico.

 

Contracultura, Congelada de Uva y Monsiváis

 

A sus 49 años, Carlos Martínez Rentería es identificado inmediatamente como uno de los defensores de la “contracultura” en México y director de la revista Generación desde hace 23 años. Pero en realidad este “profeta del quebranto y el dolor” como lo describe el escritor Leonardo Da Jandra en el epílogo de Barbarie, siempre quiso ser un actor de teatro.

 

Estudiaba esta disciplina en la preparatoria privada Sebastián De Aparicio hasta que terminaron lanzando a todos los alumnos a la calle, porque la directora del plantel perdió todo el dinero de las colegiaturas jugando en Las Vegas. Así que la única condición que le pusieron sus padres para que siguiera con sus clases de actuación fue que estudiara otra carrera y se inscribió en la Carlos Septién.

 

El periodismo siempre estuvo ahí. Su padre trabajó muchos años en las oficinas de comunicación social gubernamentales y fue vocero de María Esther Zuno, esposa del ex presidente Luis Echeverría. Además algunos tíos como Teodoro, Juan Manuel y Miguel Ángel Rentería fueron reporteros en medios impresos.

 

El periodismo cultural se fue dando de una manera natural porque tenía los antecedentes de estudiar teatro y estaba vinculado con algunos medios de la cultura. Reporteó en el periódico El Universal en 1984 y fue fundador de la sección cultural, cuyo editor en ese entonces era Enrique Castillo Pesado. Posteriormente, ingresó a La Jornada donde escribe su columna Salón Palacio.

 

-¿Qué personajes fueron importantes a lo largo de tu labor en el periodismo cultural?

 

Hay muchos amigos que han sido un estímulo y una complicidad con la revista Generación y conmigo. Desde Carlos Monsiváis, que le pedí una disculpa por haber tomado un texto suyo sin comunicárselo y me dijo “estás autorizado de publicar los textos que quieras sin necesidad de avisarme”. Tenemos que recordar siempre su irreverencia, su crítica atinada. Los periodistas norteamericanos del nuevo periodismo y los poetas beats me formaron en el terreno periodístico. Estos escritores, poetas, periodistas, que siempre se burlaron del poder y de las instituciones, que fueron construyeron  una estética y ética alrededor del subterráneo me fascinan.

Noches de Generación from Edson Ramírez on Vimeo.

-Desde hace tiempo has tenido una polémica con el escritor Heriberto Yépez sobre la caducidad de la “contracultura”… ¿En qué round van?

 

Siempre digo que aquel que se diga contracultural deja de serlo. Esta exigencia que de pronto hay para que sea contracultural pues obviamente lo entiendo porque siempre estoy provocando y pensando lo contracultural. Eso no necesariamente significa que lo sea. Nunca me he vestido ni de punk ni de dark ni me he metido chemo, jajaaja. Es una dialéctica en relación con la cultura. La cultura como el consenso establecido de una época y su contraparte los que no están en ese consenso, los que están proponiendo otras perspectivas, otras ideas, otras maneras de hacer arte, otras formas de vivir. La contracultura sólo es el instante en el que la cultura se mueve. Es como la cresta de una ola como dice Timothy Leary, que finalmente la cresta es la parte más alta de la ola, la parte de más movimiento pero la ola cae de nuevo y vuelve a la tierra. En ese sentido, la contracultura sólo es el instante en el que algo se mueve y al momento que movió vuelve hacerse cultura. Yo digo que cuando no haya contracultura significa que la cultura habrá muerto. Cuando la cultura quede estatizada ya no habrá contracultura.

 

-¿Qué momento de la contracultura destacarías en los últimos años en México?

 

Algunos performance de la Congelada de Uva debieron mover cierta conciencia de la libertad sexual. También el esfuerzo que han venido realizando un puñado de gente por la despenalización de las drogas. Los poetas beats que detonaron el movimiento hippie, la literatura de José Agustín y el movimiento de la onda y, recientemente, la literatura basura de Guillermo Fadanelli y otros autores que hace tan sólo 15 años eran escritores totalmente marginales y ahora pertenecen a una industria internacional. Las grandes editoriales se pelean por este tipo de escritores y esto es un fenómeno de la contracultura. La contracultura comienza siendo una experiencia totalmente marginal y, al paso del tiempo, llega a ser parte del mainstream. Y no quiere decir que la contracultura fue absorbida sino simplemente cumplió su sentido de movimiento.

 

La oficina de la revista Generación es un caos ordenado. Montones de revistas en el piso, libros perdidos, papeles arrumbados, decenas de fotos pegadas en una hoja de corcho, caguamas y un sol molesto que entra potente en una de las ventanas de la Casa del Poeta Ramón López Velarde.

 

Carlos viste una guayabera azul cielo y unos pantalones oscuros. Cada vez que habla se soba la cara y mira pensativo hacia ningún lado. Está en espera de que le publiquen en Conaculta una antología en la colección periodismo cultural. Ya les dio una selección de textos y confía en que no hayan tirado el CD a la basura. Además tiene un boceto de 30 cuartillas de una novela “que se deben trabajar mucho”.

Dice que le gustaría seguir haciendo la revista Generación pero es muy complicado: la publicidad es escasa y las deudas crecen. Sin embargo, este frágil bárbaro sigue caminando y dilapidando lo mejor que le dio la vida.

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