La Jornada publica hoy que aunque la brecha de acceso a la educación superior se redujo de 15.6% a 3.7% en las dos décadas pasadas, hoy día, 74 ciudades del país no tienen un solo plantel de enseñanza profesional, apenas 21% de los jóvenes más pobres ingresan a este nivel, aunque 78.4% de los estudiantes con ingresos más altos sí lo hace, advierte el subsecretario de Educación Superior, Rodolfo Tuirán.
Reconoce que aún estamos lejos de brindar elementos a los jóvenes de escasos recursos para sostener su permanencia en la escuela
, por ejemplo, mediante el programa de becas, ya que sólo se llega a 400 mil estudiantes en situación de pobreza, de un universo de casi 800 mil. Los contrastes todavía son enormes
y, conforme avanzan los niveles educativos, la probabilidad de ingreso entre quienes menos tienen se reduce: 60 por ciento de la matrícula de la enseñanza básica proviene de los cuatro primeros deciles de ingreso –es decir, de los grupos con mayor desventaja–, mientras en el bachillerato la cifra baja a 40 por ciento y, en la superior, cae a 21 por ciento. Esto último se traduce en que sólo 799 mil 402 estudiantes de escasos recursos llegan a nivel profesional.
En entrevista, el funcionario expresa que la desigualdad social y económica limita a los jóvenes el ejercicio pleno del derecho a la educación y, con ello, el país desperdicia uno de los activos más importantes con los que cuenta,mostrándose incapaz de impedir que el origen social condicione en buena medida el destino educativo, social y laboral
de su juventud. Una nación con poca movilidad social, tiene el peligro de generar frustración y resentimiento social, con los costos que todos conocemos, advierte.
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