¿Cuántos mexicanos esperan a los Reyes Magos?

Los Reyes Magos en la capital mexicana. FOTO: Cuartoscuro

Llevaba la mujer largo rato sin quitar la vista del atajo que da a su casa, cuando masculló:

–Dijeron que a las diez…

Miró el reloj; estaba por decir algo más cuando su hija le llegó por atrás y la abrazó de una pierna. Entonces volvió hacia ella y se limitó a decir que esperaban a los Reyes Magos. Ya era mediodía.

–¿Cuánto pagaron?

Se llevó el dedo índice a los labios, en señal de silencio, y se dispuso a ajustarle el abrigo a la niña de entre tres a cuatro años, quien para esta ocasión pidió un juego de columpios.

Hija única de la familia López Montenegro, Jennifer sabe que los Reyes Magos le harán una visita, aunque no sabe cuándo. Sus padres forman parte del 56% de familias mexicanas que, indica un estudio de la consultoría Defoe, espera la visita de los Reyes Magos.

Ella ha visto a los Reyes Magos en la “tele”.

Hace un año le trajeron un caballo blanco del tamaño de un cordero adulto, pero éste ya no está más que arrimado en un rincón de la modesta vivienda a la que se llega por una vereda que bordea un barranco sobre el poniente del Distrito Federal, en una alejada colonia que se llama San Mateo Tlaltenango y que aún conserva el pasado rural de la ciudad.

–Ya marqué al número que aparece en el recibo que me dieron, pero me dice (la operadora) que ese número no existe –dijo la mujer.

Levantó la vista hacia la vereda y anunció que intentaría llamar de nuevo.

Saben que los Reyes pagaron casi seis mil pesos por el juego de columpios; lo adquirieron sobre la carretera rumbo a Toluca. En un país donde seis de cada diez familias esperan a Santa Claus en Navidad y tres a los Reyes, según estudios de Defoe, ellos prefirieron esperar  el regalo fuerte en la víspera del seis de enero, pero ya pasó la hora convenida y los reyes Baltazar, Melchor y Gaspar aún no llegan.

Buscando a los Reyes

–Vete a la Alameda Central, allá los encuentras.

El guarda de una de las entradas del Bosque de Chapultepec, sobre el Paseo de la Reforma del Distrito Federal, dice que a esta hora, empezando la tarde, los Reyes ya han de estar en esa plaza de la ciudad.

–¿Aquí no han venido?

El hombre niega con la cabeza e insiste que lo más seguro para encontrarlos es la Alameda Central. Y tampoco creo los encuentres sobre el Paseo de la Reforma, advierte con la certeza de alguien que sabe.

Los Reyes Magos son los nuevos huéspedes de los palacetes que estuvieron ocupados por los Santa Claus hasta el 25 de diciembre en la Alameda Central. Éstos, salvo dos que aún no se han marchado, partieron con sus renos y dieron paso a los Reyes que llegaron con sus camellos y una corte de muñecos de peluche o de plástico.

Se podría decir que hay poco más de 150 Reyes Magos en esta plaza.

A media tarde, Melchor,  Gaspar y Baltazar, los tres Reyes Magos de uno de los puestos que ofrecen fotografías por entre 70 y 100 pesos a aquellos que quieran posar con los personajes, se sacuden y bailan cual chippendale sobre una tarima. Son tres reyes de cuerpos delgados bajo brillosos y coloridos trajes.

La Alameda Central, en el Centro del Distrito Federal, es esta tarde una plaza donde una multitud de hombres y mujeres y niños se cruza y entrecruza entre los pasillos, entre puestos de antojitos, entre los palacios de Reyes Magos robustos, delgados, altos, bajos como pigmeos, activos y lentos, y entre unos mecánicos “toros locos” que, aguardando a quien los monte, se mueven como si el griterío y la música los pusiera nerviosos­.

Los nervios

Cuando la mujer volvió a llamar, una operadora le notificó:

–El número telefónico al que usted llamó, no existe.

Apenas oyó unas pisadas afuera, salió de nuevo al patio; era un par de niñas vecinas quienes se encontraban jugando a las escondidas. Ellas, como ocurre con otros niños de una de cada tres familias en México, jamás han recibido un regalo de Reyes.

–Nunca –dijo la mayor que apenas rebasa los diez años.

–Esta es la segunda vez que mi hija (Jennifer) recibirá el regalo de los Reyes –comentó la mujer para darse ánimos.

Ellos forman parte del 8% de familias mexicanas que, como indican los resultados de una encuesta de Defoe, recibieron regalos en Nochebuena, Navidad y Día de Reyes y del 64% que también parte Rosca de Reyes.

–Yo también así crecí –dijo luego la mujer, dando a entender que lo de los regalos es ya una larga tradición en su familia.

–Mmm, cuando yo digo que a mí los Reyes Magos nunca me dejaron sin juguetes, mis padres se esponjan de orgullo –dijo más tarde otra mujer en la Alameda Central. –Yo crecí tomándome fotos con los Reyes Magos desde que estaba como ella –presumió una chica de veinte años, mientras señalaba a su hermana bebé que estaba posando en brazos de uno de los Reyes Magos.

–Pero nos dieron una nota del pago que hicieron los Reyes –insistió la mujer cuando hubo transcurrido una hora más–. Son dos columpios y una resbaladilla, de plástico todos, pintados de distintos colores.

Jennifer, la hija, levantó la vista y sonrió contenta.

Horas después, su padre, por teléfono, dijo:

–Ya estuvo.

Llegaron los Reyes.

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