“La democracia y las redes sociales tienen tiempos distintos”: Marco Enriquez-Ominami

“La democracia y las redes sociales tienen tiempos distintos”: Marco Enriquez-Ominami
Foto: elciudadano.cl.

Lanzar una candidatura a la presidencia en calidad de independiente es complicado. Tener como plataforma de difusión las redes sociales y alcanzar una votación histórica, lo parece aún más. Marco Enriquez-Ominami logró ambos escenarios en la elección presidencial de Chile en 2010.

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Si bien aquella elección la ganó en segunda vuelta Sebastián Piñera (candidato de la coalición de derecha ‘Alianza por Chile’), Ominami alcanzó 20.13% de los votos tras romper con el Partido Socialista; miembro de la Concertación Democrática que tuvo el poder en Chile desde 1990 hasa 2010. En aquella elección postularon a Eduardo Frei como candidato único.

Enriquez-Ominami, ex diputado de 38 años y exiliado en Francia hasta los 13, rompió los esquemas de las campañas políticas tradicionales al volcar la suya en las redes sociales. Principalmente Facebook. En Chile llegaron a comparar su campaña con la de Barack Obama por el uso masivo de Internet, la opción para recibir donativos en línea, y la difusión de información en YouTube y Flickr.
A partir de ese despegue decidió fundar un partido político que impulsa igualmente a través de los medios sociales. El Partido Progresista de Chile (PRO), cuenta con un blog en el que el ex diputado y cineasta de formación presenta propuestas y reflexiones sobre los problemas de su país.

En una breve visita a México, Marco Enriquez-Ominami charló con Animal Político y reconoció que si bien las redes han multiplicado su ideario, también le han dado lecciones sobre el acercamiento con los ciudadanos, que esperan tener a través de internet una nueva relación con los políticos.

“La democracia tiene tiempos distintos a las redes sociales y esa deliberación lenta se ha vuelto insoportable para los jóvenes”, estima mientras bebe una botella de agua en la terraza de un hotel de lujo del Paseo de la Reforma.
Joven, alto, moreno y de cabello un poco largo. Enriquez-Ominami tiene un aire de rebelde metido a político.

“Las redes no son un sauna”

Llega vestido de traje gris oscuro y camisa blanca, pero despeinado y con la corbata colgada al cuello sin anudar; como si llevase ya una larga jornada encima. Habla rápido. Conecta una idea con otra fácilmente y a una velocidad propia de los nuevos medios.

“Las redes sociales tienen reglas que no todos los políticos quieren entender”, dice. Pero tras ese lugar común agrega: “No es un sauna en el que te da un poquito de calor y te sales. Una vez que entras estás sometido a reglas de transparencia activa que son inevitables”.

En América Latina, donde los políticos apenas se acostumbran a rendir cuentas, transparentar su patrimonio e informar de sus gastos, ahora deben aprender una “transparencia activa”, como la define el líder del PRO.

“El control social es mucho mayor que antes y eso te obliga a una transparencia activa, que es cuando tú decides anunciar a dónde va y por qué. Aprendes a producir información”.

Sus casi 200 mil seguidores en Twitter (@MarcoporChile), y la treintena de grupos que lo apoyan en Facebook le demandan transparentar viajes, financiamiento, invitaciones. “Me ha servido porque me forma. Me ha obligado a ser más impecable en mis planteamientos. Aunque es agotador, eso sí”.
Enriquez-Ominami aprovechó esta nueva forma de hacer política y el momento demográfico que vive Chile. Los jóvenes de hoy, que han organizado grandes manifestaciones por una educación gratuita, nacieron entre 1988 y 1990; justo cuando Chile dejaba atrás más de dos décadas de la dictadura de Augusto Pinochet. Esta nueva generación de cinco millones de jóvenes creció prácticamente sin miedo a tutearse con quienes ostentan el poder.

Un sector de esos jóvenes chilenos encontró en Enriquez-Ominami a alguien que respondía a un diálogo horizontal; pero no dejaba de ser político. No obstante, se reunió con ellos y participó en sus marchas. “Muchos de los cambios en la educación que ellos defendieron yo los defendí aún antes de contender por la presidencia”, afirma sentado en la terraza de un hotel de lujo en el Paseo de la Reforma.

En una entrada de su blog, el político afirma que los servidores públicos chilenos tienen en promedio 24 años de servicio. Prácticamente la vida entera de los jóvenes que hoy reclaman en las calles de Santiago que la educación se democratice.

“Los grandes candidatos se hunden por la palabra”

La vuelta a Chile tras vivir sus primeros 13 años en Francia fue complicada. Uno de esos malos días para el Marco adolescente; su madre le recomendó rentar una película de Cantinflas para levantar el ánimo.

“De repente vi esta cosa mexicana y me fascinó. Cantinflas es el filósofo número uno”, dice entre risas. “Él dijo en una película que lo más difícil de la vida es ser simultáneo y sucesivo. Y hoy las redes sociales nos obligan a serlo. Trabajas en algo y lo informas”.

Las referencias a Cantinflas, que también aparecen de forma recurrente en su blog, no paran ahí.

“Encuentro que los políticos son muy cantinflescos. La política es el show del lenguaje y en Chile, los grandes candidatos se han hundido por la palabra”.
En una sesión ante la Cámara de Diputados, relata, un día tomó la tribuna para dar un discurso en el que, a propósito, se contradijo una y otra vez. Sabía que ninguno de sus 119 compañeros diputados estaría escuchando.

“La ley es genial. Pero por eso mismo no la debemos votar”, cuenta que dijo en aquel discurso. Al final. Sin importar los disparates, los legisladores aplaudieron. “La palabra se ha ido al carajo en los poderes del estado”, sentencia; y las redes sociales hasta cierto punto han obligado al político a darle un nuevo valor.

Si bien la transparencia a la que obligan las redes ha abonado a la relación entre ciudadanos y políticos, reconoce que la democracia tiene tiempos distintos. Que el debate y la deliberación necesaria para crear reformas y nuevos acuerdos puede ser lenta y larga. Una dinámica difícil de seguir para los jóvenes acostumbrados a las respuestas expeditas.

“En 140 caracteres no hay argumento que se sostenga. En las redes se pierden las voces especializadas y se precariza el razonamiento”. Explicar cambios necesarios en las democracias latinoamericanas, como las reformas tributarias, es prácticamente imposible en un solo tweet, reconoce. Aunque rápidamente aclara. “Estoy completamente a favor del acceso a la información que dan las redes sociales”.

Hasta ahora, una de las mayores aportaciones que considera le han dado las redes a la democracia chilena, es que la agenda ciudadana encuentre poco a poco espacios en las agendas de los partidos.

“El monopolio de la política no lo deben tener los partidos. Aunque al mismo tiempo no existe todavía una democracia sin partidos. El tema aquí, es cómo resolverlo”.

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