Linchamiento en Chalco inició por impedir noviazgo

Reforma publica que la novia de uno de los linchados amenazó con fugarse de su casa con él, su mamá comenzó a gritar que querían raptar a su hija y ahí comenzó el calvario

Linchamiento en Chalco inició por impedir noviazgo
Linchamiento en Chalco, Estado de México.//FOTO: Cuartoscuro
Linchamiento en Chalco, Estado de México.//FOTO: Cuartoscuro

Reforma publica que los tres hombres linchados el fin de semana en Chalco, Estado de México, fueron asesinados por problemas amorosos y no porque fueran delincuentes o secuestradores, como afirmaban sus agresores.

El amor que José Manuel sentía por su novia lo llevó, junto con dos de sus amigos, a una muerte terrible. Los tres fueron linchados el viernes en Huitzilzingo, Chalco, por 300 pobladores.

Con piedras, palos y puños, la turba agredió a los jóvenes, dos de 16 años y uno de 26, sin que éstos supieran bien a bien de qué se les acusaba. Y así acabaron sus días: vejados por los golpes, desnudos y quemados vivos.

Ahora cuentan sus agresores que se les hizo fácil creer en el rumor de que José Manuel Mendoza, Raúl Aboytes y Luis Alberto Cárdenas eran secuestradores porque, apenas el mes pasado, dos jóvenes de este poblado fueron levantados y aparecieron muertos en Tlalmanalco.

Albañil de profesión, José Manuel, de 26 años, tenía una novia en Huitzilzingo. Pero la madre de la muchacha se oponía a esta relación, pues él era casado.

Por esta causa, la trágica noche del viernes, las mujeres discutieron hasta el punto de que, en un momento, la joven amenazó con fugarse de su casa con Juan Manuel, quien había ido a visitarla con dos de sus amigos.

Su mamá comenzó a gritar que querían raptar a su hija.

Al ver que los empezaban a rodear, los jóvenes subieron a su camioneta e intentaron huir a San Juan Tezompa, de donde eran originarios, un pueblo ubicado a tan sólo 15 minutos, pero, antes de que pudieran salir de Huitzilzingo, fueron cercados en una gasolinería y los llevaron arrastrando y a golpes hasta la plaza principal, frente a la iglesia.

Ahí empezó su calvario.

Pocos en San Mateo Huitzilzingo sabían con exactitud lo que ocurría la noche del viernes, pero ante los gritos que se multiplicaban de: “¡mátenlos, son secuestradores!”, no dudaron en descargar su ira contra tres albañiles.

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