Mayas, en verdadero riesgo en 2012

Mayas, en verdadero riesgo en 2012
Mayas. Foto:AP.

Más allá de cualquier interpretación apocalíptica sobre el año 2012, quienes verdaderamente podrían enfrentar un riesgo para el futuro de su población y su cultura son los propios mayas, luego de verse envueltos en una corriente de ignorancia, supercherías y políticas públicas incorrectas, entre las que su voz como pueblo y la visión del mundo heredada por sus ancestros son lo menos escuchado.

Hasta junio del año pasado, según información de la Secretaría de Turismo del gobierno federal, había unas cuatro millones de páginas en Internet con alguna referencia, o descripción completa, de futuros hechos relacionados con el calendario maya. En todas se enfatiza el surgimiento de una “nueva era” para la humanidad, o del “fin de un tiempo” que incluye la eventualidad de desastres naturales. Algunas incluso “revelan” un apocalipsis.

Sin embargo, no existe hasta la fecha, o no ha tenido el reconocimiento ni la difusión necesaria, un espacio en la red virtual o algún foro público permanente en el que los integrantes del pueblo maya, que habitan un amplio corredor desde Chiapas, pasando por la Península de Yucatán, hasta Belice y el norte de Guatemala, puedan expresarse sobre el tema.

Para el arqueólogo de origen maya, José Guadalupe Huchim Herrera, la preocupación  ante tal escenario no es menor. Lo que él ve a través del ruido formado por un espectáculo de interpretaciones incorrectas sobre la forma de ver el mundo de la cultura base de Mesoamérica y su adopción como programa turístico público y privado, es un mayor riesgo de pérdida de valores y herencia cultural de los mayas de hoy, los que están vivos: “porque no nos fuimos a ningún lado”.

Advertencias y predicciones basadas en la experiencia y el conocimiento del entorno

Durante uno de los talleres de valoración de la cultura actual y ancestral que se realizaron entre comunidades mayas en el oriente de Yucatán el año pasado, Fulgencio Pat, con sus 91 años a cuestas, se acercó al arqueólogo José Huchim para pedirle que compartiera su historia con algunos de los jóvenes, niños y adultos que se encontraban en el encuentro organizado por el investigador.

Dirigiéndosele en maya, pidió que contara a los demás lo que él sabía, por voz de su tatarabuela, quien así se lo había contado y que tenía que ver justo con el lugar donde estaban: la ciudad y centro ceremonial de Chichén Itzá. Huchim haría de traductor pues, pese a su origen, algunos de los jóvenes y niños presentes no hablaban la maya, como resultado de la necesidad de aprender y usar el castellano como herramienta de adaptación social.

Y contó don Fulgencio que cuando niño, su tatarabuela, señalándole hacia los vestigios de la gran ciudad maya le dijo sobre la importancia de las estructuras, algunas de las cuáles apenas estaban comenzando a ser rescatadas, cubiertas de monte y derruidas en parte: “esos cerros les darán de comer. Por ellos traerán gente. Vendrán muchos blancos. Llegarán en mariposas de fuego. La ciudad será la madre del dinero”.

Para el arqueólogo yucateco, más allá de cualquier tinte mágico, místico o de misterio adivinatorio, la historia contada por don Fulgencio reveló la capacidad de una mujer maya de mirar hacia el futuro e inferir lo que ocurriría eventualmente una vez que la grandeza de uno de los principales centros ceremoniales mayas fuese revelada.

No se trata de una profecía o una adivinación, señala el investigador, sino de una forma de ver el mundo en el que la experiencia y el conocimiento, a través de la observación del entorno, de su relación estrecha con la naturaleza, le permitió a una cultura poder mirar hacia adelante y predecir las cosas que podrían ocurrir en un tiempo futuro, si ciertas variables se presentaban de nuevo.

En el caso de Chichén Itzá, su grandeza original y la alcanzada durante la época de mayor auge que atrajo a pueblos de otras regiones de Mesoamérica y el Altiplano central, al ser redescubierta, eventualmente tendría que atraer una vez más, multitudes y riquezas.

La tatarabuela de don Fulgencio no estuvo lejana a la realidad: en la última década, han llegado en promedio anualmente cerca de 1.2 millones de visitantes a la zona arqueológica. Es una de las que más ingresos recaudan a nivel nacional y de las más visitadas. Está prácticamente en todas las guías turísticas sobre México y es el principal atractivo a visitar para diciembre de 2012 en los paquetes de viajes internacionales al país.

Historias como las contadas por Fulgencio Pat y escuchadas en talleres similares realizados en comunidades similares cercanas a la zona arqueológica de Uxmal, o de sitios históricos como Palenque en Chiapas, motivaron a Huchim Herrera, junto con la astrónoma investigadora de la Universidad de Berkeley, Isabel Hawkins, a impulsar un proyecto para saber qué tenían que decir los mayas sobre el año 2012 y su relación con los calendarios civil y ceremonial de sus ancestros.

Según narra Huchim Herrera, en medio de todo el barullo mediático sobre las supuestas “profecías mayas” llamó su atención que la página web de la Administración Nacional Aeronáutica y del Espacio (NASA, por sus siglas en inglés) fuera uno de los sitios más consultados en Internet en materia de ciencia y principalmente astronomía, un conocimiento reconocido del pueblo maya. Y como comparación, encontró que entre las páginas más consultadas actualmente en general en la web están las relacionadas con el tema de los mayas y el 2012.

La mayoría de las consultas revisadas, agrega, estaban relacionadas con el apocalipsis, con profecías y pronósticos de desastres naturales. “Todas poniendo que si los mayas dijeron ésto y si los mayas dijeron lo otro”. La realidad es que los mayas no dijeron ni han dicho nada y lo que dicen y saben, ha sido ignorado, porque aunque estamos aquí, aunque las comunidades están ahí, presentes, no como algo exótico, sino como un pueblo vivo, inteligente y culto, nadie ha consultado realmente con seriedad, a los mayas, alega el arqueólogo.

Con esa premisa, planteó a la investigadora de Berkeley realizar un proyecto para consultar entre las comunidades mayas de la región, entre sus jóvenes, adultos y líderes religiosos tradicionales, como los ´jmeen (sacerdote maya)  y sacerdotisas qué pensaban de 2012.

Ambos especialistas entrevistaron y consultaron a poco más de medio centenar de líderes comunitarios, ´jmenes, ancianos y contadores de historias, encargados todos del traspaso de conocimientos de una generación a otra, a través de la tradición oral. Fue un recorrido de diálogos desde Chiapas, pasando por Tabasco, la Península de Yucatán y el norte de Guatemala.

El resultado es que ninguno de los consultados refirió un eventual apocalipsis, ni desastres naturales terribles o el inicio mágico de una nueva era o el cambio automático de la conciencia de los seres humanos en su relación con la naturaleza.

Nos encontramos con dos realidades, recuerda Huchim Herrera: una donde los mayas tendrían algo que decir al respecto, pero ante la falta de una herramienta para hacerlo, como una computadora y una conexión a Internet, no podían expresarlo y otra donde su condición de marginación social extrema los mantiene sin relación con el tema. “Algunos no sabían ni de qué se les hablaba, para ellos el futuro está en el día a día, en la simple subsistencia y tener alimento y un techo para vivir”, agregó.

De ahí la propuesta: que los mayas digan su versión, que hablen sobre su forma de ver el mundo. “Porque ahí está su conocimiento, no se trata de adivinaciones, ni de místicos o esoterismo, sino de su capacidad, de la construcción de una cultura tan relacionada con el entorno que puede observarlo, identificar lo que sucede en la naturaleza, razonarlo, sacar conclusiones, establecer pronósticos a partir de variables identificadas y desde ahí pensar en el futuro, pero desde su presente, desde el pasado. Gracias a su visión cíclica del tiempo y de la vida”, abunda Huchim Herrera.

El futuro está en el pasado

El proyecto, cuyos resultados serán expuestos a partir del mes de mayo próximo en Internet, contó con el apoyo del Instituto Smithsoniano y el Museo y Planetario de la Academia de Ciencias de California, en San Francisco, lo cual, resulta ser irónico para el arqueólogo de origen maya, quien creció, junto a su familia prácticamente en el seno de la zona arqueológica de Uxmal, donde sus parientes sirvieron por décadas como cuidadores y guardas del sitio.

Lo terrible, afirma, es cómo un par de instituciones extranjeras están más interesas en hablar con los verdaderos involucrados y saber qué piensan, qué dicen, mientras nuestras autoridades, a nivel federal y en el estado –Yucatán-, y en el resto de la región, están más interesados en lo turístico, en que vengan más visitantes porque traen dinero y dejan ingresos.

“Pero eso no sirve, no es cierto, para los mayas no es útil, ellos no reciben una ganancia real por eso y además se ven envueltos en toda esa serie de malas interpretaciones sobre su propia cultura, que los ponen en riesgo de hacer a un lado su conocimiento verdadero y adoptar tendencias que no les corresponden, relegando su origen y sus valores, o viéndolos solamente como algo exótico, desde una perspectiva materialista, no de identidad como pueblo y cultural”, abunda.

Uno de los videos que integrarán el documento final del proyecto asesorado por Huchim Herrera muestra a Vilma Poz, sacerdotisa maya guatemalteca, refiriéndose al año 2012, como un punto de inflexión que podría permitir a los seres humanos darse cuenta que van por el camino equivocado y que los problemas de la sociedad y del equilibrio natural del planeta tienen que ver con ello.

Las palabras de la líder religiosa del norte de Guatemala son explícitas y carecen de toda carga esotérica, apelando incluso a la lógica racional: “la naturaleza está reaccionando, vemos lo que pasa, con tormentas, terremotos, pero porque el hombre ha abusado de la naturaleza. Las cosas no van a suceder por suceder, sino por una razón, el abuso”.

Al respecto, Huchim Herrera recuerda que los calendarios mayas, el ceremonial de 260 días y el civil de 365, están basados en el ciclo solar y en las estaciones, que definían las épocas de siembra y cosecha, entre otras necesidades básicas de subsistencia y que a partir de ellos se puede inferir cómo se comportará el clima o cómo afectará el entorno determinado fenómeno, a futuro.

Debido a su visión cíclica del tiempo, explica el arqueólogo, para ellos, el futuro está en el pasado, entendiendo esto como esa posibilidad de utilizar los conocimientos ancestrales, lo que ocurrió antes para vivir el presente y enfrentar el futuro, prepararse.

Su argumento coincide con las expresiones de Vilma Poz, quien explica la visión que persiste entre los mayas de hoy, herederos de los mayas prehispánicos, y que determina su vida en lo común y en el aspecto religioso, pero sin separarlos. Lo que ambos señalan, en el video y en la entrevista, es la existencia de una fuerte carga religiosa y un pensamiento lejano al materialismo de la actualidad.

“Don Fulgencio Pat nos contaba, también entre otras enseñanzas de su tatarabuela, como los ancestros de ella hablaban sobre la subsistencia de la comunidad: ‘les decían vayan al monte y tomen sólo lo que necesitan para comer y vivir, no conviene acostumbrarse a los excesos’. La lección es clara ahí. De eso es lo que hablan los mayas, no del fin del mundo”, añade el investigador.

La desvinculación de las raíces, el principal riesgo.

Para Huchim Herrera una de las bases de lo que ha generado muchas de las interpretaciones incorrectas sobre los calendarios mayas, ha sido la ignorancia sobre el tema y la desidia o superficialidad con la que ha sido tratado. En ese sentido explica que existen dos fuentes que han sido tomadas por quienes publican “cosas” sobre 2012 y los mayas: los calendarios y los libros del Chilám Balám.

En ese sentido, refiere un primer elemento en el que la sabiduría de los mayas tomó un camino distinto al ocurrir un proceso de sincretismo con la religión judeo-cristiana, durante la evangelización católica de México durante la Colonia. Explica que en esa época se escribieron los libros del Chilám Balám, los primeros narrados con grafías del castellano y que implicaron una interpretación de la cosmovisión maya a partir del conocimiento occidental europeo.

Sin adoptar una postura radical, Huchim Herrera identifica en ese proceso un primer elemento de desvinculación de la cultura maya con su herencia ancestral, y que se ha venido reproduciendo a lo largo de la historia de México no sólo con los mayas, sino también con otros pueblos originales del territorio nacional previos a la conquista española.

El grado actual de separación con las raíces tiene que ver también con la capacidad de subsistir, de adaptarse a una sociedad que diferencia, discrimina y margina lo “indígena” y le da a esa palabra cualidad de sinónimo o comparación con ignorancia, suciedad, e incluso menor calidad humana.

“Si a este escenario en el que ya viven los mayas de hoy, el que tenemos que enfrentar muchos sólo porque hablamos la maya, porque tenemos un color de piel oscuro, o venimos de comunidades rurales o poco urbanizadas, le agregamos esta carga de exotismo, enfrentamos un mayor riesgo de desvinculación de nuestras raíces. Por eso el riesgo es para los mismos mayas”, considera el investigador.

Esto es preocupante, agregó, porque estamos hablando de una población marginada, que vive en su mayoría en condiciones de pobreza, que recibe apoyos asistenciales que no garantizan su desarrollo, que muchas veces desconocen sus propias raíces e incluso, viviendo a menos de 15 kilómetros de una zona arqueológica no la conocen, porque nunca han podido entrar debido al costo –en Chicén Itzá deben pagar más de 100 pesos por entrada- o porque ni siquiera saben qué es lo que está ahí.

“Nos han tomado como pretexto para programas turísticos, nos usan de escenografía, mal interpretan el conocimiento de nuestra cultura y nos utilizan para obtener ganancias, tanto el gobierno como los empresarios turísticos”, lamenta Huchim Herrera.

No obstante, el arqueólogo maya ve 2012 como una oportunidad de tomar conciencia, de que los mayas revaloren quiénes son y al pueblo que pertenecen, que identifiquen, conozcan y asuman su cultura, su visión del mundo y se sientan orgullosos de ello. No lo ve como un proceso fácil, pero confía en que pueda impulsarse, aunque reconoce que para ello, la primera condición es que los mayas puedan decirle al mundo que están presentes, vivos y que aquí seguirán.

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