Padres, madres, hermanos y amigos de los nueve adolescentes y jóvenes “asesinados” durante la razzia en la discoteca New’s Divine se reunieron ayer sobre el asfalto de la avenida Eduardo Molina, justo donde hace cuatro años sus hijos quedaron postrados, para denunciar que hasta el momento ninguno de los funcionarios capitalinos implicados en el operativo ha sido sancionado y que, por el contrario, uno de los “principales responsables” de los hechos, Joel Ortega Cuevas (entonces jefe de la policía capitalina), es ahora integrante del equipo de campaña del candidato de izquierda a la jefatura de gobierno del DF, Miguel Ángel Mancera.
Asimismo, destacaron que tampoco ha existido una investigación real contra el entonces delegado en Gustavo A. Madero, Francisco Chíguil, ni contra su directora ejecutiva de seguridad pública, Lizbeth Rosas, quien actualmente es candidata por el PRD a una diputación federal.
Sentados de costado al altar que desde el 20 de junio de 2008 se mantiene a las puertas de la discoteca, los deudos iniciaron el homenaje a las 17:00 horas, con una ceremonia eucarística, en la que el padre Fernando Ríos aseguró que “la experiencia de Jesús nos ayuda a dimensionar los nueve asesinatos ocurridos en este lugar desde la óptica de la fe, pero no de la resignación, la cual ha sido empleada por los culpables para eludir sus responsabilidades, sino con coraje, para seguir luchando por la vida, para resistirnos ante el poder, pero sobre todo para llenarnos de alegría, la alegría de los resucitados”.

Familiares renovaron las flores en las cruces de los fallecidos, en la avenida Eduardo Molina.//FOTO: Paris Martínez
“En los últimos años –añadió el prelado–, hemos visto que la ineficacia del gobierno ha producido más de 60 mil muertos y que más de 10 mil cuerpos estén en las morgues del país sin ser reconocidos, lo que representa un gran dolor que, como cristianos, necesitamos ir asumiendo desde la fe”, y aseguró que la lucha por justicia de los deudos del New’s Divine es la misma de las víctimas de la represión en Atenco y de la impunidad en la guardería ABC.
Rodeados por carteles con los retratos de Érika, Alejandro, Daniel Alan, Isis Gabriela, Rafael, Mario, Mario Alberto, Leonardo y Heredy, que al morir tenían entre 13 y 29 años, sus familiares, amigos y vecinos recibieron, además, la solidaridad de los padres de los 49 niños fallecidos en el incendio de la guardería ABC, así como los deudos de las 52 víctimas del atentado en el Casino Royale, las cuales, se informó, ayer mismo realizaron “actos espejo” tanto en Hermosillo como en Monterrey, en recuerdo de las víctimas de la violencia y la impunidad en México, así como en demanda de que los inmuebles en los que ocurrieron las tres tragedias se conviertan en memoriales museográficos.
Asimismo, en nombre del movimiento universitario #YoSoy132, Antonio Antollini refrendó vía telefónica a los padres de los jóvenes fallecidos, que los estudiantes organizados “también somos New’s Divine, y somos la guardería ABC, y somos Villas de Salvárcar, y somos Atenco: somos la sistemática criminalización que se ha hecho de la juventud. El New`s Divine es un hito, porque hasta ese momento pudimos encontrar que había jóvenes en la ciudad… sólo en la tragedia y en el dolor se volteó a ver a los jóvenes de la capital y aún así no ha habido cauce jurídico… El New’s Divine nunca debió suceder, si es que las cosas se hubieran hecho bien, con apego a derecho, no se hizo y hoy decimos que sean del color que sean, todos los políticos han fallado a la juventud mexicana.”
Dos estampas
La paz…
Antonio es un taxista treintañero que conoce bien la delegación Gustavo A. Madero.
“A mí me tocó ver todo ese día –confiesa, en camino a la discoteca New’s Divine–, quedé atorado justo en el semáforo de la esquina previa… Todo pasó muy rápido, como en diez minutos se armó el desmadre, y ya no pudimos avanzar.”
– ¿Qué es lo que más recuerdas de ese momento?
– Que unos policías, cinco o seis, encapuchados, nos obligaron a todos los automovilistas que quedamos ahí a abrir las cajuelas, ‘órale hijo de la chingada, ábrela’, nos gritaban…
– ¿Y para qué querían ver tu cajuela?
– No querían que se escapara ningún chavo… querían llevárselos a todos… estaban asegurándose que no lleváramos a nadie escondido, ¿manchados, no? Y luego de que vieron la cajuela, los policías me gritaron ‘órale hijo de la chingada, sáquese a la verga’…
Manchados…
Luego de recitar el Padre Nuestro, “por todas las víctimas de este sistema injusto, económico y político, que vivimos”, el cura Fernando Ríos lanza una pregunta a los presentes: “¿líbranos… de qué?”.
La concurrencia guarda silencio, pero un segundo después alguien grita “¡de la injusticia!”, y luego otra voz se alza diciendo “de la violencia”, y una más, en otro punto pide el fin “de los robos”, y un señor reclama librarnos “del mal gobierno”, y una mujer sugiere “de la opresión”, y otra “de la pobreza”, y el último que clama lo hace contra “los cínicos y mentirosos”.
Después todos se dan la paz, es decir, la mano.










