“Tanta muerte”, una entrevista con Carmen Boullosa

En 1921, el poeta Ramón López Velarde se preguntaba, ¿quedará prudencia a la nueva patria? La respuesta fue pesimista: el país se renueva ante los estragos y ante millones de pobladores que no tienen otros ejercicios que los de la animalidad. Esa brutal virtud de la palabra inesperada es retomada por la poeta Carmen Boullosa en su libro “La patria insomne” (Ediciones Hiperión 2011). Es un largo poema fragmentado que navega entre la angustia y el dolor que provocan más de 60 mil muertos de esta guerra contra el narcotráfico.

Insomne.

A Carmen le ahoga la sangre que corre por las calles de México. Escucha desde Nueva York el aullido de la Patria: las desapariciones, las decapitaciones, las cabezas trocadas, los dedos mutilados.

¿Pero a dónde vas?
Entre los humos de una guerra entre todos,
en la que nadie
sino mercenarios
participa
-las balas que vuelan no tienen convicciones,
son de paga federal, estatal, o de este capo o el otro
etcétera…
Ráfagas a sueldo-,
te nos escapas, Patria en fuga.

La escritora chilanga estaba sentada en su escritorio y una llamada de su hermano mayor provocó que el poema saltará tras de ella, no fue una decisión sino una revelación. Todos los días que leía los periódicos encontraba una noticia más escalofriante que la anterior. Escuchaba voces de otros colegas para entender mejor la realidad mexicana, pero no la comprendía del todo. Sin embargo, tenía la certeza de que su Patria se hundía en la catástrofe.

Los dos bandos,
a punto de ser o de ya no ser
disueltos por la jauría,
resisten,
¡sus trincheras!
Ya nadie tendrá territorio.
Ni piel siquiera.
La batalla se extiende.
Es ciega.

Agarró su libreta ante el horror que le comentaba su hermano mayor, la volteó al revés, tomó la contraportada y comenzó a escribir ese largo poema recurriendo a López Velarde, José Gorostiza, Manuel José Othón Agustín Lara, a las leyendas de la fundación de Tenochtitlán, al Himno Nacional y al mundo imaginario de su infancia.
“Cuando quedó lo guardé en un cajón porque no fue una propuesta mía, fue una necesidad para no quedar hecha añicos. Lo que ha pasado en México me ha lastimado de manera irreversible. Mi patria -que es una cuna, mi mundo social en el que crecí- está en llamas, en una asfixia. Ya no era un refugio, un sentido, un sentir de pertenencia a una comunidad. Es una catástrofe”.

-Llegaste a Nueva York en 2001, ¿cómo percibes la realidad nacional desde la distancia?

Te voy a responder de una manera irresponsable: es más fuerte desde afuera porque vivo en el ansia y en la angustia de México. Es una respuesta irresponsable porque yo no vivo en Monterrey, ni en ciudad Juárez, no soy un joven cuya vida está en riesgo todos los días. Soy una persona que llega a un departamento en Coyoacán, me queda cerca el mercado, es una situación de privilegio. Decir que es más doloroso estando afuera pues lo digo porque no soy la madre de un desaparecido, porque a mí no me han secuestrado, porque no he perdido un hijo o un hermano, porque no he perdido amigos cercanos, porque en mi calle no hay ráfagas de “cuernos de chivo”.

-Precisamente en la presentación del insomnio preguntas quién va ganando la batalla…

El mal va ganando la batalla. Honestamente no sé si hay estrategia posible en manos de México, lo último que desearía es que Estados Unidos nos envíe a los Marines, no gracias. Ya nos mandaron la fabricación y el tráfico de drogas que consumen ellos. Nosotros tenemos los decapitados y los destazados. Ellos la fiesta y el placer, que para eso son las drogas, no estoy en contra de eso. El problema es que son ilegales. El problema es que no pasa nada allá y acá hay una violencia enorme, es algo todavía inimaginable aunque sea una realidad contundente. Llevamos cuántos cadáveres, cuántos desaparecidos y esto no parece tener fin. No he leído una propuesta clara, pero es que no está en manos de México una solución, es terrible. Por eso hay una exasperación colectiva.

-¿Por qué recurriste a la poesía para expresar este dolor?

Lo lógico hubiera sido escribir un ensayo, pero para hacer un ensayo uno tiene que tener la idea completa y yo no la tengo. Y para escribir un cuento, una novela o una obra de teatro tiene que haber una coherencia, un principio, un cuerpo, un desarrollo y un final. En todo eso hay una captura de la realidad, un ordenamiento y todo hace sentido. El escribir el poema para mí todo no hacía sentido, todavía.

Carmen Boullosa.

-El escritor Jordi Soler explica que le parece irresponsable firmar ciertos manifiestos contra la violencia cuando él vive en Barcelona, ¿compartes esta visión desde NY?

Toda visión es respetable. Yo sólo firmo cuando sé de qué se está hablando. Hay cosas de las que tampoco quiero estar fuera, pero si siento que tengo “menos pelos de la burra en la mano”, mejor no lo hago. Por otra parte, ya perdí la fe que tenía cuando cumplí 30 años. Honestamente ya no tengo ninguna fe, mi única fe está en que la ciudadanía deje la pasividad y participe colectivamente. Para mí eso ha sido una lección vivir en NY. Ver la manera en que todo mundo se involucra en la vida comunitaria -que al principio me pareció un fastidio- y ahora comprendo que es la única manera de construir un mundo habitable. Papá gobierno no sirve para nada, ni menos los últimos que hemos tenido, han conducido al buey a la barranca. También, en parte, es cosa de la edad, no es la distancia, es cuestión de edad y no estar enterada bien de todo. Ahora lo que sé es que la catástrofe es muy grave y muy grande. El pasado proveyó las estructuras para que la catástrofe floreciera.

Sicilia, #Yo soy 132 y NY

Carmen viste de negro, mira y medita. Su manía preferida es peinarse su cabello largo que le llega a la cintura. Llegó a Nueva York en 2001 gracias a una beca del Cullman Center Institute y también porque su hija iba a estudiar teatro en la Gran Manzana. Fueron tiempos difíciles tras los ataques terroristas pero pocos años después conoció al destacado historiador, Mike Wallace, quien actualmente es su esposo.

La premio Xavier Villaurrutia 1989 fue profesora visitante o distinguida de Columbia University, City University of New York y Cátedra Andrés Bello de NYU. Todo se fue dando de manera natural, no tenía la ambición de triunfar porque llegó con un proyecto definido de seguir escribiendo. En el 2005 la invitaron a formar parte de CUNY TV, un programa de televisión para celebrar la existencia de un Nueva York en español. La ciudad es muy competitiva y eso le gusta porque le ha ayudado a crecer como persona.

“El gancho número uno en NY eran las bibliotecas que son formidables, pero lo siguen siendo los museos, el vértigo del cine, la ópera y los amigos. Yo no me fui con el deseo de conquistar ninguna Gran Manzana”.

-¿Qué opinión tienes del movimiento que encabeza el poeta Javier Sicilia?

Javier Sicilia es todo un personaje, es un poeta católico, un ensayista, antes era un activista. Recuerda cómo terminaba sus textos en Proceso o en La Jornada: “Además opino que hay que respetar los Acuerdos de San Andrés”. Lamentablemente le ocurrió la tragedia de la perdida de su hijo, que es lo peor que le puede pasar a alguien. Él en lugar de encerrarse en su propio dolor creó un movimiento con una respuesta enorme. Lo que más me gusta de su movimiento es que es apartidista, ciudadano y que él tiene una sobriedad moral. Por el otro lado, lo que me preocupa es que no tenga el suficiente olfato político para saber cosechar algo que enriquezca estructuras, y que no sea sólo una protesta. No sé si está en él. Javier encabeza a las familias de las víctimas y a las víctimas. Lo veo con respeto y me asombra la repercusión que ha tenido el Movimiento por la Paz.

-¿Simpatizas con el movimiento #Yo Soy 132 que surgió en la Ibero?
Yo fui a la Ibero un año y es raro porque los estudiantes de esa universidad siempre estaban al margen. Escuché a los jóvenes explicando que les habían quitado carteles y lo que les enfureció fue la postura de Enrique Peña Nieto sobre el caso Atenco. Me cayeron muy bien. No debió contestar Peña Nieto, fue un error político de su parte. Él tenía que haber comprendido que uno no se enorgullece de un crimen y que esos no fueron errores sino asesinatos. De un crimen a un error, hay un abismo. Vi a los jóvenes con simpatía y más porque a la Ibero se le sumaron chicos del ITAM, UNAM, Poli y UAM. Me parece muy alentador porque es una nueva generación que dice: “Nosotros no somos desechables”. Se sacrificaron dos generaciones en México, los dejamos sin oportunidades, las promesas no se cumplieron… “A nosotros no nos va a pasar”, eso están diciendo. Lo que me gusta de ellos es que es apartidista y lo interesante es que se haga realidad una voz democrática. Me caen muy bien y simpatizo con los jóvenes.

-Por otra parte, ¿hubo sueños incumplidos de tu generación?

Muchísimos. Pero para empezar te voy a decir lo siguiente: mi generación somos lo inmediato del 68, tenía 14 años. Todavía no estaba en la universidad, además había ido a una escuela de monjas. Me tocó estar un poco distante. Vi en la TV que no pasaba nada, supe que sí sucedía algo porque mi madre, que estaba en la universidad, iba a las manifestaciones. Vi la restricción de los medios porque recibíamos en casa Excélsior. Mi generación fue una generación que arrancamos sin sueños porque los del 68 habían sido reprimidos y despojados. México parecía un país que iba hacia arriba, me acuerdo la primera vez que fui a Europa de jovencita y lo pobre que me parecieron algunas ciudades europeas en comparación con México. Teníamos una sensación de que era un país con futuro y en ese barco nos subimos. Todos éramos poetas en mi generación, es lo que describe Roberto Bolaño perfectamente en “Los detectives salvajes”. Algún raro quería ser cineasta o actriz. Había una confianza de que íbamos a tener un mundo en crecimiento y eso no pasó. Y ese sueño que tuvimos no ocurrió.

Carmen se enrolla su cabello y dice que Nueva York es formidable. Siempre es el tema a discutir cuando está en casa con su marido y sus amigos, ya que tienen una pasión loca por “La ciudad que nunca duerme”. Pero su primera ciudad y la favorita es la ciudad de México, donde de niña llenó sus pulmones de chocolates y dulces, al calor de la estufa.

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