Dicen que la paciencia significa tranquilidad como firmeza. Y el pintor José Ma Martínez Hernández supo valorar el tiempo y nunca renunció a su pintura hecha carne. El artista plástico de Jilotzingo, Estado de México, tomó la decisión de ser autodidacta: camino sin nadie. Una década después de tanto andar, sus dibujos y pinturas realistas son un terco resplandor.
Quizás revindica la persistencia de la memoria desde que descubrió, cuando era niño, los “relojes blandos” de Salvador Dalí. Captura notablemente el tiempo del otro y la fugacidad del instante. Como dijera el propio pintor español: “Un reloj, sea duro o sea blando, no tiene ninguna importancia; lo importante es que señale la hora exacta”.
Es por eso que le interesa dejar un registro visual del momento trágico y violento que le está tocando vivir. Por ejemplo, el dibujo “Cría cuervos y serán sicarios”; “La Venus con máscara”, que es una mujer desnuda de los 400 pueblos con una careta de Vicente Fox; “Regreso a casa”, plasma el retorno de un migrante a su hogar pero en un ataúd. Son historias de la vida real donde nadie quiere ser.
De 2002 a 2004 estuvo en el taller del pintor Arturo Rivera. Un año más tarde ganó una beca de la Universidad Complutense de Madrid para tomar un curso con el maestro Antonio López García. Ambos artistas fueron fundamentales para que alcanzara un tono luminoso en sus cuadros.
“Estaba obsesionado por transmitir algo con mi obra, pero Arturo me dijo ‘no intentes decir, cuando te des cuenta ya estarás diciendo cosas sin pretensiones’. Por otro lado, Antonio me decía ‘sólo pinta y se paciente’. Y le tuve que dar tiempo a los cuadros”.
El llamado “maestro del realismo español” aconsejó a José Ma disfrutar sus pinceladas y pintar más al natural. Además le recomendó voltear hacia la obra de pintores mexicanos como Hermenegildo Bustos para redescubrir la fidelidad de los rostros, la dignidad de lo verdadero.
“Ese lenguaje tuyo es personal, sincero y auténtico. Se sale de todo para bien, se aparta de lo normativo. Tu trabajo tiene una sensibilidad y una finura que te lo da el tener las cosas ahí, del natural. Tienes una personalidad que valoro. Dices algo que los demás no dicen, dices cosas interesantes”.
En 2011 fue seleccionado en la VIII Bienal Nacional de Pintura y Grabado “Alfredo Zalce” del Museo de Arte Contemporáneo Morelia. En 2008 premio de adquisición “Mexique Peinture Contemporaine” del Instituto de México en París, Francia; en 2005 finalista en la Exposición de Pintura y Dibujo en el “Museo Antonio López” Tomelloso, España. A principios de 2012 expuso en “Agora Gallery” de Nueva York.
-¿Cómo definirías tu obra pictórica?
El estilo yo le llamo realismo, otros figuración. Me gusta hacer figura humana, paisaje, retrato. No me gusta encasillarme en un género. Por ejemplo, “Cáncer de mamá” surgió porque un día una amiga me platicó que en su universidad una chica había muerto de esa enfermedad. Luego me enteré que alguien cercano tuvo ese tipo de cáncer. Y fue cuando decidí hacer el cuadro. Mucha gente me comienza a cuestionar “por qué pintas eso” y les digo “son cosas que pasan”. Lo que me gusta del realismo es llevar este tipo de temas a mi obra.
-Es decir, tomas aspectos de la vida cotidiana para tu labor artística…
Me guío mucho en la realidad. Cuando empiezo a leer que es la primera causa de muerte entre las mujeres y conozco a alguien cercano, posa y la retrato. Me inspiro también cuando leo un libro o un poema, cuando veo una película. A veces una idea no cuaja por meses o años y, de repente, decido plasmarla.
-¿Cuál es la pintura que te ha dado mayores satisfacciones o mejores recuerdos?
Hay varias. Una de ellas es “La patrona de los músicos”, que ganó la Bienal del Estado de México. También está “Mis primas hermanas”… Un día salieron de la primaria y me fueron a visitar. Una de ellas es gordita y dije “quiero dibujar también a estos seres obesos”. En ese momento le pedí a mi prima que posara, tomé fotografías y ya tenía la idea de que fuera una especie de “castigo de mamá”. Decidí ponerle la pata de palo a una de mis primas brincando una cuerda. Sería un verdadero castigo. “El rey del barrio” es la cabeza de un gallo. Un día visité a mi mamá en Jilotzingo y le pregunté “dónde está el gallo que siempre nos despertaba en las mañanas” y me dijo “se murió”. Le pedí que me lo enseñara y lo sacó de la tierra, al verlo le comenté que lo quería pintar. Mi madre le cortó la cabeza y me la llevé al taller para pintarla al natural.
-El artista plástico, Hugo Lugo, afirma que en el mundo del arte contemporáneo pareciera que la pintura está fuera de moda, en desuso, ¿compartes esta visión?
Hay críticos que no están conformes con esos movimientos del arte contemporáneo. Los pintores ahí están, como los escultores o grabadores. Respeto a los artistas conceptuales, sus instalaciones, pero yo tengo la inquietud de pintar. Hay críticos, galeristas y coleccionistas que todavía creen en la pintura.
II.
Desde que descubrió la obra de Dalí quedó emocionado y con la necesidad diaria de dibujar todo lo que estuviera a su alrededor. Pero su padre quería que fuera contador. Al final entendió que su hijo quería dedicarse a pintar cuerpos heridos, rostros redondos y malas nostalgias. Sin embargo, el camino no ha sido fácil y tuvo que hacer ruido en el extranjero para que en México voltearan a ver su obra.
“Toqué puertas, mandé carpetas a galerías, no me recibían o simplemente me prometían que me iban a llamar. Nada de esto sucedió. Hubo un momento que decía: ‘qué pasa, sólo quiero mostrar mi trabajo’. El medio está saturado, pero poco a poco fui seleccionado en bienales y ganando concursos. Empiezan a reconocer mi trabajo a partir de la selección que hizo el maestro Antonio López García para ingresar a su taller. Antonio es el pintor español más cotizado. En todo el mundo tiene alumnos”.
Nunca imaginó que tomaría clases con él pocos años después que conociera su obra a través de un libro de arte que estaba por ahí perdido en Casa Lamm. Le impresionó la luz brillante de sus cuadros. Aparte de la pintura realista española, le fascina el trabajo del pintor tapatío Sergio Garval.
José Ma comienza a pintar por las mañanas, toma un receso para comer y sigue dibujando. Camina para despejar su mente, imaginar situaciones o para olvidar su nombre. Ahora privilegia pintar ancianos, niños y mujeres. Dejó a un lado a la naturaleza muerta para retratar el misterio del cuerpo humano.
“No creo que vaya a pintar ‘la obra’ en un mes o en un año. Creo más en el trabajo cotidiano y ser paciente. Busco mostrar mis cuadros en alguna galería o museo para que la gente mire y se reconozca. Pero tengo paciencia y quiero seguir pintando”.










