Bellas Artes despide a Chavela Vargas y le canta

Las afueras del Palacio de Bellas Artes parecían el bulevar de los sueños rotos. Cientos de fieles de Chavela Vargas, en su mayoría jóvenes, se dieron cita alrededor de las 13:00 horas de este martes para despedir a la dama del jorongo rojo que decidió regalar su corazón y canto a México.

Sus fieles esperan para despedirse.

Sí, uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vidacomo dice una frase de “Las simples cosas”, la canción que más le gustaba a Chavela Vargas y la cual cantaba y recitaba con frecuencia en sus últimos años.

Hoy regresó a Bellas Artes por tercera vez y Eugenia León, Lila Downs y Tania Libertad le cantaron “La Llorona” con mariachi, aquel conjunto musical mexicano que al escucharlo y verlo por primera ocasión Chavela quedó emocionada.

"Ponme la mano aquí, Macorina"

“¡Viva Chavela!”, gritó Eugenia León.  Y aplausos, lágrimas, “te amos” y flores llevaron hasta el lobby de Bellas Artes los fieles de “La Chamana” quien un día dijo que se iba a divertir hasta en el velorio.

“Ya agarraste por tu cuenta las parrandas”, cantaba el mariachi. “La golondrinas” también se escucharon.

Con su jorongo rojo y una bandera de colores.

También la despidieron su amiga y biógrafa María Cortina, “los macorinos” (los músicos que la acompañaban nota a nota en los conciertos), sus dos enfermeras que la cuidaban y que incluso le ayudaron a producir sus últimos discos. Ahí también estuvo Consuelo Sáizar, titular de Conaculta.

mientras Chavela salía de Bellas Artes, el mariachi entonaba “Que te vaya bonito”, emblemática canción escrita por su amigo José Alfredo Jiménez:

“Hasta siempre, Chamana hermosa”, le gritan sus fieles mientras ponían la mano en la carroza.

El adiós.

Se fue Chavela Vargas y las penas, se dice, volverán a ser amargas. Se fue Chavela y con ella el recuerdo de un México bohemio que reunió a grandes personajes.

La mitad de sus cenizas serán esparcidas en el cerro de “El Chalchi” (con el que platicaba) el cual está frente a su casa de Tepoztlán, en Morelos, y el resto serán donadas a la comunidad huichola de San Luis Potosí.

“Y así termina mi historia que comenzó de la nada. Dame la mano, Llorona…”

Comienza la leyenda.

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