Los autobuses de la Caravana por la Paz llegaron a las once de la mañana a la sede del Centro de Justicia Federal, donde se ubican las oficinas regionales de la Agencia Federal Antidrogas: la DEA.
Cuatro activistas del comité de Arte y Cultura del Movimiento encabezado por Javier Sicilia bajaron al lugar con cinta adhesiva roja sellando sus labios; en las improvisadas mordazas, resumieron con una leyenda la falta de apertura al debate del gobierno federal con un juego de palabras: DEAd dialogue -diálogo muerto-.
El proceso para aterrizar la frase plasmada en las cintas adhesivas fue largo y no estuvo exento de discusiones iniciadas la noche del lunes, cuando el equipo encargado de la parte artístico-conceptual de la caravana fue notificado sobre la protesta que se realizaría en el edificio de la DEA.
Al enterarse del rechazo a la petición de una audiencia formal entre Sicilia y la oficina de la agencia anti narcóticos –similar a la realizada con el Sheriff de Maricopa, Joe Arpaio- la frase ‘diálogo muerto’ quedó como traje a la medida.
Este primer intento infructuoso por sentarse en la mesa de discusión con representantes del gobierno de Barack Obama, contrasta con la disposición mostrada por el alcalde John Cook y el cabildo de El Paso que se convirtió en el primer ayuntamiento estadounidense en comprometerse con las cinco propuestas temáticas impulsadas por el Movimiento por la Paz.
La actitud de la DEA hace patente también que la sordera institucional no es un fenómeno exclusivo de México.
Por ello, durante la manifestación pacífica frente a la DEA, Richard Newton, un piloto retirado de la oficina de aduanas de Estados Unidos que ahora lucha contra la prohibición de las drogas, lamenta la falta de apertura del gobierno de su país para discutir las políticas públicas que ofrecen pocos resultados.
“El tema de legalización de las drogas y el derecho a comprar armas son muy sensibles para los americanos; pero son discusiones que deben darse y habrá gente que no esté de acuerdo, pero está bien, de eso se trata la democracia”.
Pero Newton tiene esperanza y dice que entre más se incremente la atención de la opinión pública hacia la caravana “es mucho más posible que podamos cambiar las políticas equivocadas”.
Mientras se desarrolla el acto de protesta bajo el potente sol de la frontera texana, un agente del Departamento de Seguridad Nacional (Homeland Security) solicita liberar el área de tránsito vehicular, bloqueado momentáneamente por activistas y familiares de víctimas.
El agente de la DHS, que lleva un peinado al estilo Elvis Presley, sugiere a los coordinadores de la protesta continuar con su manifestación en la banqueta.
“Necesitamos que dejen pasar a las patrullas; ahí –en la acera- se pueden quedar todo el tiempo que quieran”, agrega socarronamente el policía, consciente de que con esta temperatura es imposible pasar más de una hora expuesto a los rayos solares.
En su oportunidad, Javier Sicilia criticó la cerrazón de las autoridades federales para conocer las propuestas del Movimiento por la Paz sobre la estrategia de guerra impulsada e implementada por la DEA.
“Ignorar el diálogo es abrir la puerta a los regímenes autoritarios, a la barbarie, al dolor y a la muerte; es hora de que busquemos, todos juntos, los caminos de la paz; esa debería ser la prioridad de la agenda binacional entre México y Estados Unidos”.
A pesar del desdén de la agencia federal, el poeta tampoco pierde la esperanza y anticipa que en su camino rumbo a la Washington, D.C. la Caravana por la Paz seguirá intentando establecer conversación con la oficina encargada de la política sobre drogas.
“Los necesitamos para construir la paz juntos, no creo que el diálogo esté muerto, sino olvidado; es fundamental platicar con ellos es fundamental y vamos a seguir buscándolo hasta lograr que asuman su responsabilidad en esta situación”.
Con la visita a El Paso, la Caravana por la Paz ha transitado los primeros 2 mil 500 kilómetros del periplo de casi 10 mil, que culminará en la capital estadounidense el próximo 12 de septiembre.










