Perdido en el aburrimiento

El aburrimiento.

Seguramente en estos momentos alguien está aburrido. Quiere matar el tiempo pero no puede. Ya pasaron varias horas y el aburrimiento sigue ahí como una sombra. La TV y las redes sociales son insuficientes para huir del tedio. En la época del entretenimiento y la tecnología estar aburrido es un pecado mortal, es mal visto. Es un síntoma de no poder estar consigo mismo: no nos soportamos. Ya decía Pascal que la desgracia del hombre proviene de no saber permanecer en las paredes de su cráneo.

El escritor Luigi Amara no sólo fundó con unos amigos la Internacional Bostezante, sino que se atrevió a escribir un libro de ensayos sobre el aburrimiento y que al final, efectivamente,  no fue nada divertido para él teclear casi 300 páginas. “La escuela del aburrimiento” (Sexto Piso 2012) invita constantemente a reflexionar sobre el considerado “mal de todos los tiempos”. La prosa de Luigi es notable por su claridad y cada página convence por su capacidad de seducción.

El también poeta hace un elogio del aburrimiento como una experiencia formativa del hombre y traza una ruta por autores que le interesan y que abordaron el tema como Montaigne, Baudelaire, Connolly, Heidegger, Kenko, Pessoa, Schopenhauer, entre otros, para apelar fundamentalmente a la experiencia vital. Es decir, el aburrimiento es la ocasión perfecta para tomar distancia frente a uno mismo: replantear la propia situación en el mundo.

Si en la escuela se enseña a odiar el ensayo porque simplemente se tienen que citar y citar autores desconocidos y difíciles de pronunciar, “La escuela del aburrimiento”, en cambio, incita a dar un salto mortal a las profundidades del hastío. El ensayo como una forma de conocimiento moral y ético. Conocer el mundo. O como dijo Yoshida Kenko: al arte de abandonarse al tiempo que parece vacío, a la vida cotidiana, a lo trivial, afinar la atención frente a lo que carece de importancia y sin embargo nos constituye.

Luigi se aleja del ensayo “académico”, de las reglas rígidas, y prefiere dar un paseo irreverente, libre, donde combina con acierto literatura y filosofía. Ofrece listas de libros para la isla del aburrimiento, saca los viejos discos de punk y dice que Warhol tenía la aspiración de ser una máquina.

Si se atreve a pasar un domingo consigo mismo o es partidario del aburrimiento o del poderoso tedio de su cuarto, en “La escuela del aburrimiento” aprenderá que nada es inútil. ¿Tiene miedo a aburrirse? ¿Cuántas veces se ha aburrido en su vida? Ya lo dijo el príncipe y escritor austríaco Charles Joseph de Ligne (1735-1814): “Yo no me aburro. Son los otros los que me aburren”.

-¿Por qué escribir sobre el aburrimiento? ¿Ya lo tenías en el tintero? ¿Cuáles fueron las motivaciones reales?

Pues creo que por aburrimiento uno empieza a escribir sobre el aburrimiento. Todos de algún modo hemos sentido la experiencia del aburrimiento y a mí lo que me llamaba la atención era la huída permanente. Esta necesidad mía y de la sociedad de no caer en el aburrimiento. De repente me di cuenta que en muchos lados parecía que había como un consenso de huir. Por ejemplo, agarras “El arte de perdurar”, de Hugo Hiriart, y dice que se vale todo excepto aburrir, ¿por qué? Este consenso sobre el aburrimiento me empezó a interesar y fue un libro que se fue escribiendo poco a poco a lo largo de 10 años.

-En febrero de este año tuviste un debate con Heriberto Yépez sobre el ensayo, ¿cómo definirías “La escuela del aburrimiento”?

La polémica fue interesante porque no suelen discutirse ese tipo de cosas. Definiría este libro como un experimento vital. A mí me desconcierta ese tipo de ensayos que pretenden imponer una distancia personal con el tema que aborda y para mí el ensayo es una experimentación también de la vida. Los autores clásicos del ensayo como Montaigne, De Quincey están también de algún modo poniendo en juego su vida en la escritura. No se entiende el ensayo como un lugar para discutir ideas, sino como un lugar para experimentar la existencia. “La escuela del aburrimiento” es parte de esa tradición, aunque claro, también está un poco el juego de escribir sobre la imposibilidad de escribir un libro sobre el aburrimiento. Hasta qué punto es una empresa que termina por absorberte, consumirte y no te deja terminar.

Luigi Amara

-Para ti, ¿qué elementos debe tener un buen ensayo?

La tradición ensayística que me interesa entiende el ensayo como una actividad artística, no es simplemente una discusión de ideas. Es una labor donde interviene la invención, la ficción, la imaginación, los valores que asociamos a la literatura y, en esa medida, está más cerca de la poesía que del tratado.

-¿Es tanto el aburrimiento que no podemos soportarnos a pesar del  entretenimiento, la tecnología, las redes sociales?

Pienso que buscamos la evasión del aburrimiento pero también porque no hemos llegado a entender que hay formas de aburrimiento entretenidas. Creo que la diferencia fundamental tiene que ver con el tipo de cosas que tú eliges hacer y las cosas que te son impuestas. Desde afuera la actividad de escribir un libro sobre el aburrimiento puede ser vista como algo muy aburrido, pero para mí, mientras lo hacía, no lo fue porque yo decidí hacerlo y regulaba mi tiempo en función de lo que quería.

-¿Digamos que puede ser también una virtud?

No sé si una virtud, pero creo que tiene sus lados lúdicos, por eso le puse al libro “La escuela del aburrimiento”. Tiene como su parte de aprendizaje y en última instancia creo que es una experiencia. Suele entenderse el aburrimiento como la falta de experiencia y creo que lejos de ser el reverso de la experiencia, es un tipo de experiencia formativa. Forma parte de un vaivén de la pasión, del deseo, en donde uno no puede estar todo el tiempo en la euforia y llega un momento de repliegue, un momento de desencanto, de hastío, de vacío. Pero no es necesariamente grave: lo vivimos como algo terrible y de lo que tenemos que escapar. El trasfondo de todo lo que tiene que ver con nuestra época es como la pretensión de que podemos vencer el aburrimiento, que con los gadgets podemos vencerlo, cuando en realidad sabemos que el aburrimiento llegará de todas maneras tan pronto nos acostumbremos al nuevo juguete.

-También señalas que el aburrimiento tiene que ver con el estado físico. Los 39 años como la edad en que la existencia se curva y todo es declive…

Hay una parte corporal que tiene que ver con la energía, con la economía, pero también hay que pensar que los niños también son expertos en el aburrimiento. Creo que el aburrimiento de la mediana edad tiene que ver más con el sin sentido, que es como la característica más obvia de por qué nos aburrimos. Y es cuando perdemos el sentido de algo, cuando ya no le encontramos el por qué ligado a nosotros, entonces lo vemos como algo hostil, como algo ajeno. Entonces hay esta célebre crisis de la mediana edad y un poco también bromeo si será toda una cuestión relacionada con autores que han escrito sobre el aburrimiento y todos andaban como por los 39. No era tan fácil descartar la hipótesis como de revista, de revista de sala de espera, que hay algo en la crisis de la mediana edad que te lleva al aburrimiento.

-Se sabe que el punk es una expresión contra las reglas establecidas, pero en tu libro lo vinculas con el aburrimiento, ¿por qué es una forma de hacer audible el bostezo?

Me di cuenta que había muchísimas letras y canciones punk que trataban sobre el aburrimiento y me parecía interesante esa coincidencia. Creo que sí responde a la negativa a aceptar una existencia de segunda mano. El punk tiene que ver con la idea de ser como el artífice de tu existencia. Claro que es contestatario, pero es una forma un tanto paradójica de ser contestatario porque en realidad dicen: “no queremos este papel aburrido que nos están asignando, no queremos ser el espectador, el consumidor, el trabajador, queremos ser otra cosa, queremos ser lo que nosotros queremos”. Entonces, tocan y cantan con estridencia su aburrimiento. Satie era un maestro en el aburrimiento. Tenía la idea de que hay que escandalizar al burgués ofreciéndole aburrimiento como obra de arte porque en realidad lo que quiere el burgués es divertirse, pasarla bien, no preocuparse. ¿Cómo lo provocas? No dándole entretenimiento sino dándole aburrimiento. Me parece que el punk lo hace a través de la estridencia, pero devolviendo a través del grito un bostezo.

-Hay cierto estigma hacia el ensayo por “aburrido” y la gente se va más por las novelas, cuentos o los libros de superación personal, ¿cómo cambiar este prejuicio y que los lectores disfruten un libro de ensayos?

Depende mucho del lector. También existe un aparato publicitario que tiene que ver con el mercado que hace que cierto tipo de novelas sean las que importan. Pero en realidad creo que gran parte de las cosas que están sucediendo en la literatura mexicana están detrás del marketing. Gracias a que el ensayo vive un poco al margen del mercado no se rige por sus lineamientos, por sus demandas. Hay una especie de auge del género donde hay mucho más experimentación, como el libro de Guillermo Espinosa Estrada, o puedo decirte lo que está escribiendo Fadanelli que son muy buenos ensayos. Probablemente la gente se acerca a Fadanelli para leer sus novelas pero ahí está su labor ensayística bastante lúcida y creativa.

-¿Te molestas cuando te preguntan sobre tus pasatiempos? ¿Cuál es tu hobby favorito?

No, no, siempre me ha parecido interesante la pregunta del hobby porque uno siempre lo asocia con algo banal y uno sabe hasta qué punto los hobbies son obsesiones, vicios o son simples pasatiempos. Podría decir, no sé si son precisamente hobbies, que dentro de mis actividades me gusta el ajedrez, me gusta caer en las garras de la bibliomanía, me interesan los libros como objeto y si fuera millonario dilapidaría mi fortuna en ello.

“La escuela del aburrimiento” en frases:

-La desigual batalla contra el aburrimiento se parece al gesto de cubrir todos los espejos de la casa para no percatarnos de que nos volvemos viejos.

-También por aburrimiento, cabe conjeturar, Dios creó el universo.

-El punk fue una forma extrema de hacer audible el bostezo.

-¿No era precisamente un cuarto propio lo único que, a nombre de todas las mujeres, pedía Virginia Woolf para crear una obra de arte?

-Cosas que se tornan tediosas: alguien –en especial la mujer que nos quita el sueño- cuando se obstina en tener la razón.

-¿Qué había aprendido en mi viaje alrededor del cuarto? Que carezco de la dedicación necesaria incluso para aborrecerme.

-El hobby es dispersión institucionalizada, espontaneidad mal dirigida, imposición colectiva.

-Horas/nalga. Seguro que en otros países existe el concepto, pero en México la expresión es insuperable: sedentarismo falsario, simulación frente al escritorio, las horas muertas entendidas no tanto como una prueba para el espíritu sino como un suplicio para el trasero.

-Las Vegas es también el paraíso de los amores súbitos, rociados por el champán de los excesos, que terminan en el exceso mayúsculo de decir que sí ante el altar.

-Tocar fondo es el consuelo de los que no tienen talento para la caída y no saben seguir cayendo.

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