La lucha por mandar en la Nueva Jerusalén (segunda parte)

El conflicto en la comunidad de La Nueva Jerusalén proviene de la lucha entre dos grupos por tener el control de esa comunidad en el municipio de Turicato, Michoacán.

La destrucción de la escuela y el posterior bloqueo para que se construya otra o para que los niños de la comunidad asistan a alguna fuera de ésta, es sólo un reflejo del problema gestado desde hace tiempo y que en 2008, tras la muerte de su líder, Papá Nabor, provocó una división visible entre los seguidores de la Virgen y el grupo de los disidentes, ambos representados por sacerdotes que luchan por ser el nuevo líder de la comunidad.

Esta es la segunda parte de la lucha por mandar en la Nueva Jerusalén, según narra la antropóloga Margarita Warnholtz, en la que escribe para Animal Político, sobre la organización del pueblo y el origen del conflicto:

La organización del Pueblo

La organización social del pueblo es muy compleja.

La virgen reina, Nabor controlaba y con ayuda de Mamá María, organizaba. Les siguen, jerárquicamente, los que habitan en los conventos. Hay un convento de hombres y uno de mujeres. En el de hombres viven diversos grupos, consagrado cada uno a una divinidad diferente y encabezados por los sacerdotes, que son los que ofician misa, imparten sacramentos, etc. Otros grupos se la pasan rezando y meditando, y el grupo de los “barones” se encarga de las funciones operativas de la Ermita, como darle mantenimiento, cuidar la entrada y administrar las limosnas. En el de mujeres, viven también diversos grupos, con diferentes grados de consagración, que se encargan de las labores domésticas de la Ermita y de rezar y alabar a la virgen.

Todo el tiempo debe haber alguien cantando a la virgen, nunca puede estar sola por lo que los grupos se dividen por turnos para cumplir este mandato, además de la velación una vez por semana a todos les tocan algunas horas al día. Las alabanzas a la virgen no paran y se alcanzan a escuchar en gran parte del pueblo, volviéndose un murmullo cotidiano de cientos – a veces miles- de voces que no ha cesado en 39 años.

Las divisiones

El pueblo está dividido en grupos, según grados de consagración, estado de la República del que son originarios y barrio en el que viven. Los hombres solteros que viven en el pueblo se denominan “lirios” y los casados “vivientes”. Las mujeres son “vivientas” y tienen varios grados de consagración (obtenidos por su nivel de buen comportamiento, su antigüedad en el pueblo y cumplimiento de los mandatos de la virgen). Las adolescentes están organizadas en varios grupos consagrados cada uno a una virgen distinta.

Los grupos están formados para distintos fines. Por colonia son para mantener el orden dentro de la comunidad. La división en  grupos por estado del país, funciona básicamente para la organización del trabajo, para los hombres en la cotidianidad y para las mujeres en las fiestas u ocasiones especiales. Todos los hombres deben cumplir con un día de faena para la virgen y lo hacen organizados por estado; arreglan las calles, pintan la Ermita, trabajan en la parcela de la virgen (de la que se alimentan los del convento), construyen algún nuevo edificio. Además, todos tienen que velar a la virgen una noche a la semana, en la que pasan seis horas cantándole en su santuario, lo cual los hombres realizan por grupos según su estado de procedencia y las mujeres por colonia.  En cuanto al grado de consagración, no implica funciones específicas, sino sólo el nivel de cercanía que han alcanzado con la virgen.

 

Una primera separación

Cuando muere Mamá Salomé, en 1981, se suscita un conflicto en la comunidad por el nombramiento de su sucesora. Hay dos candidatas: Mamá María de Jesús y Mamá Margarita. Finalmente la virgen se decide por Mamá María, pero resulta que como mientras tanto las dos cumplían el papel, muchos pobladores ya están a favor de Mamá Margarita, por lo que se inconforman con la decisión.

No cuestionan la decisión, pero sí a Papá Nabor, quien según ellos impone a la otra, no a la que la virgen quería. Se da entonces una división en la comunidad.

Curiosamente, entre los que creían en Mamá Margarita estaban los comerciantes del pueblo, que se estaban convirtiendo en un conflicto para la virgen, para Nabor y para la comunidad, pues el pueblo había crecido y el comercio se había convertido en una actividad lucrativa, de la que no tenían control.

La virgen condena a los que quieren hacerse ricos, pues uno de sus principales mensajes es el de la pobreza, y como Mamá Margarita los apoya, Mamá María se convierte en la vidente elegida definitivamente y Margarita y sus seguidores son expulsados del pueblo, sin mayor intervención de las autoridades gubernamentales.  Siguen creyendo en la virgen, entonces construyen su propia comunidad a las orillas de la Nueva Jerusalén para estar ahí cuando se acabe el mundo.

A partir de entonces, la virgen hablaba a través de Mamá María de Jesús, una joven de 16 años. Pero ya no se le aparece en privado para conversarle, sino que se posesiona de su cuerpo para hablar a través de ella con todo el pueblo, aunque a veces también habla en privado con Nabor. Cuando yo comencé a ir a Nueva Jerusalén, ya era Mamá María la vidente.

La vida cotidiana

A partir de 1978, se instauró la encargatura del orden en el pueblo, es decir, una autoridad civil reconocida por el presidente municipal, según la virgen, para no tener problemas con las autoridades externas, o por si había problemas internos que se tuvieran que resolver con documentos o instancias legales “de la tierra y no del cielo”. Esta instancia se encarga de dar parte a las autoridades municipales de los nacimientos, las defunciones y los delitos que se cometan en la comunidad, ya sea por gente del interior (que por supuesto primero arregla cuentas con la Virgen) o por personas de los alrededores o visitantes. Se encarga también de la compra-venta de lotes en el pueblo.

La vida en Nueva Jerusalén transcurre cotidianamente de manera tranquila, la gente vive feliz porque es elegida de la Virgen y porque ésta le resuelve sus problemas, y da una explicación a todo lo que sucede. Todos viven ocupados y no tienen tiempo de pelearse o inventar chismes. Los hombres salen a trabajar, (en los 80 siempre en grupos y a lugares cercanos, principalmente a la zafra, pues es región cañera), las mujeres se encargan de su casa y de los hijos, y el resto del tiempo todos lo pasan rezando o cantando a la virgen.

Todos tienen que asistir a misa y al rosario diariamente, y se les ve felices mientras se encuentran en veneración y, sobre todo, escuchando sus palabras cuando hablaba a través de la vidente. Además de la Virgen del Rosario, hablan otros personajes celestiales, todos se posesionaban del cuerpo de mamá María. Hablaban las vírgenes de Guadalupe, de San Juan de los Lagos, hablaba Mamá Salomé, que está con ellas en el cielo, y con el tiempo se fueron incorporando otros personajes a las conversaciones, entre ellos Lázaro Cárdenas y una muñeca llamada Yoli, que le habla a los niños.

Cuando alguien tiene algún problema, de alguna manera se lo resuelven. Por ejemplo, si una familia no tiene qué comer la divina providencia (encarnada en algún “barón”), le lleva alimentos, si alguien se enferma, lo llevan al médico a Puruarán.

El retiro o la muerte, causantes de separaciones

La primera separación se dio por el conflicto del nombramiento de la nueva Mamá que sería la vía de comunciación con la Virgen del Rosario, y una más vino con el nombramiento de un hombre en lugar de una mujer como sucesor de Mamá María.

En 1990 se retiró Mamá María de la comunidad. La virgen le comunicó que su tiempo ahí había terminado, que ahora debía ir a difundir su existencia por el mundo, que ella le avisaría para que regresara al final. En su lugar, ella nombró al señor Agapito Gómez Aguilar, un hombre que vivía en el pueblo desde sus inicios, al que conocía Nabor desde antes de las apariciones.

El sistema de comunicación cambió, pues ya la Virgen no se expresaba directamente, sino que le enviaba mensajes a través de Mamá Salomé y de los bienaventurados, otros personajes celestiales que aparecieron en esa época, que eran básicamente personas que habían muerto viviendo en Nueva Jerusalén, y otros personajes como Lázaro Cárdenas, nombrado bienaventurado por la virgen para ayudarle a guiar a la comunidad.

La presencia tan particular de Lázaro Cárdenas  se debe, por un lado, a lo fuerte que es su figura en Michoacán y por otro a que, según me contó Papá Nabor y lo confirmaron otras fuentes fuera de la comunidad, eran primos.

Parece ser, que este parentesco tuvo que ver también con que las autoridades estatales dejaran que Nabor hiciera su pueblo sin molestarlo. En eso tuvo que ver también que por muchos años Nabor dirigió un internado para niños en Tacámbaro, en el que estudiaron algunos que después serían funcionarios con altos puestos gubernamentales (incluso un gobernador), que tenían en alta estima al sacerdote.

En esa época, esa era la explicación de por qué nadie intervenía en la Nueva Jerusalén.

 

Se acrecenta el conflicto

Papá Nabor murió a principios de 2008,  a los 101 años de edad, pero desde algunos años antes y paulatinamente, fue perdiendo sus facultades físicas y mentales. Esto llevó a que Agapito se convirtiera en el líder de la comunidad, aunque se suponía que seguía siendo Nabor el que la encabezaba.

Según algunos testimonios recabados en 2008 y ahora en días pasados, desde que Agapito tomó el mando, muchos sacerdotes se inconformaron porque “él y su guardia sí bebían, y eso estaba prohibido por la virgen”, porque “abusaba de las doncellas y monjas” y porque tenía cuentas pendientes con la justicia, al grado de que pasó un tiempo encarcelado, (esto último interpretado por los creyentes como una prueba más de la virgen para la comunidad) acusado de violar a una menor de edad. El hecho es que desde que Agapito se convirtió en el líder, cuando enfermó Nabor, comenzaron de nuevo los problemas.

Un grupo de sacerdotes que se opuso a Agapito fue expulsado de la Ermita y puso su propio santuario en una de las colonias del pueblo. Muchos vivientes los siguieron, según uno de ellos cerca de 200 familias, (sin embargo ahora se habla de alrededor de 70 familias disidentes).

Entonces el pueblo se dividió, pues los expulsados de la Ermita, a diferencia de lo sucedido con Mamá Margarita años antes, no se salieron de la comunidad y sus seguidores tampoco. Desde 2006, viven en la misma localidad los que creen en Agapito y su gente y los que no creen, pero todos siguen creyendo en la virgen.

En ese año, entra un nuevo ingrediente al conflicto, que no se había manifestado antes. Hasta 1986, los habitantes de Nueva Jerusalén nunca habían participado en unas elecciones, esas eran cosas del mundo exterior. Recuerdo una vez que estaba yo conversando con Nabor y llegaron unas personas del PRI a pedirle su apoyo; muy amablemente les explicó que allí nadie votaba, les contó toda la historia del pueblo y les habló mucho de la virgen hasta que se aburrieron y se fueron.

Después de eso, en algún momento la virgen decidió que sí votaran, todos por el PRI. Y así lo hicieron hasta 2006, cuando recién dividido el pueblo, los disidentes decidieron apoyar al PRD, partido con el cual continúan simpatizando hasta hoy en día, de manera que, además del conflicto religioso, ahora influyen en la situación las diferencias políticas.

Por otro lado, desde 1992 que cerró el ingenio de Puruarán, muchos hombres se vieron en la necesidad de ausentarse por largas temporadas para ir a buscar el sustento de su familia a otros lugares, lo que generó que comenzaran a traer ideas de fuera, por muy controlados  y aleccionados que los tuviera la virgen. Algunos se han retirado de manera permanente de la Nueva Jerusalén pero otros no tienen a dónde ir, y ahora forman parte de la disidencia.

El conflicto actual y la oposición a la escuela

Cuando murió Nabor en 2008, quedaron dos sucesores: uno, el seguidor de Agapito, San Martín de Tours, quien encabeza a la parte que mantiene la Ermita en su poder, donde está la virgen; y otro, Santiago Apóstol, líder de los disidentes.

Según ellos, hasta antes de que Nabor perdiera el control de la Nueva Jerusalén, Santiago era el candidato a sucederlo, pues era el sacerdote más antiguo  y en cambio San Martín fue ordenado por Nabor cuando ya no estaba bien, por sugerencia de Agapito, pues era cercano a éste.

Los de la Ermita dicen que la virgen le dijo a Nabor que lo ordenara porque ella lo quería como sucesor. Agapito murió unos meses después que Nabor, quedando entonces los dos sucesores: San Martín de Tours en posesión del santuario original de la virgen, y con la nueva vidente, la Madre Catalina, hija de Agapito,  y Santiago, en su capilla nueva y sin vidente.

Todos siguen creyendo en la virgen, aunque los llamados disidentes ya no están tan seguros de la proximidad del fin del mundo y por eso quieren escuelas. Algunos dicen que si pudieran se irían de la comunidad pero no tienen a dónde; otros, no se quieren ir, pues aunque no crean en la nueva vidente, quieren salvarse cuando se acabe el mundo.

Si bien San Martín de Tours tiene el reconocimiento de gran parte del pueblo, no tiene el carisma de Papá Nabor, ni la capacidad de control que éste tenía, lo cual de alguna manera deja en manos de otras personas las cosas que suceden en el pueblo. Por ejemplo, la destrucción de las escuelas no fue ordenada desde la Ermita, según el testimonio de una de las participantes y de un sacerdote, fue iniciativa de un grupo de pobladores, aunque una vez que estaba en marcha San Martín la apoyó. Por su parte, Santiago está por el momento más ocupado en el problema de la escuela y concediendo entrevistas a la prensa (cosa que San Martín casi no hace) que en sus funciones de sacerdote.

Epílogo (el punto de vista antropológico)

Es difícil prever qué va a suceder, y más difícil encontrar una solución al conflicto. La gente lleva casi 40 años sin escuelas, viviendo de acuerdo a sus creencias y desde hace seis años, divididos y sin un líder capaz de guiarlos. La intervención de las autoridades en el pueblo, tanto municipales como estatales y federales, ha sido prácticamente nula.

El 30 de agosto pasado visité la comunidad y se encontraba tranquila. Los rituales y los cantos continúan, la cotidianidad es la misma de hace 30 años, pero ahora los de un grupo hablan mal de los del otro,  ambos grupos se acusan mutuamente de no cumplir con los principios de la virgen, ambos echan la culpa de los problemas al contrario, ambos dicen que ellos son pacíficos y no van a buscar pelea, sólo a defenderse si los otros los atacan. Y ahora hay dos santuarios y dos elegidos por la virgen para salvar el mundo.

Los de la Ermita consideran la instalación de las escuelas como una provocación, y los otros consideran la destrucción de las escuelas como un intento de los de la Ermita para que abandonen el pueblo, “lo de la escuela no les importa, sólo quieren deshacerse de nosotros para poder mandar aquí, además no nos quieren porque no votamos por el PRI y ellos le habían ofrecido al PRI todos los votos”, afirma un disidente (que también cree en la virgen).

Cada grupo, desde su respectivo punto de vista, considera tener la razón y todos llevan 39 años sin que nadie se meta con ellos, y los que ahora quieren escuelas pasaron años sin preocuparse por ellas.

El problema de fondo es que ambos grupos quieren mantener el poder en la comunidad, que todos se sienten los elegidos de la virgen y los dirigentes de ambos los sucesores legítimos de Nabor. Yo creo que si el problema fueran sólo las escuelas ya se hubiera resuelto. Ya la virgen hubiera dicho que permitía las escuelas como un desafío más a la fe de sus seguidores o algo así. O ya  el otro grupo hubiera aceptado poner la escuela en las afueras de la localidad.

Lo delicado, según mi percepción, es que las autoridades estatales o federales, en lugar de actuar como árbitros entre ambas partes, solucionar pacíficamente el conflicto de las escuelas, (lo que no implica que no se aplique la ley a los destructores, aunque tendrían a varias decenas de presos) e ir interviniendo paulatinamente en la comunidad,  recurran a la fuerza para resolver el conflicto, ya que eso podría ser interpretado por los creyentes como el fin del mundo, por lo que no tendrían problema en dejarse o hacerse matar defendiendo sus creencias. Y no olvidemos que los dos grupos en discordia son creyentes. Hay que considerar el fenómeno social como tal, con sus particularidades, para buscar una solución adecuada y pacífica al conflicto, de otra manera, podría no haber sólo dos o tres muertos.

Leer la primera parte.

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