Cuatro mujeres y 12 hombres formaron parte del ‘Confeccionario de Nuevos Cronistas’. Tres mesas en las que jóvenes periodistas de América Latina destacados en la crónica, debatieron sobre la forma en que construyen sus historias.
¿Por qué sólo la cuarta parte de los 16 invitados al ‘Confeccionario’ fueron mujeres? ¿La mancuerna ‘mujer y crónica’ es difícil de lograr? ¿Es distinta la ‘mirada femenina’ cuando se relata un momento de la realidad?
Rocío Montes, de Chile; Carol Pires, de Brasil, Ana Teresa Toro, de Puerto Rico y Daniela Rea, de México, son las cuatro periodistas cuyo trabajo mereció un lugar entre los nuevos contadores de historias que participaron en el coloquio ‘Nuevos Cronistas de Indias’ finalizado el viernes. Ninguna de ellas supera los 35 años y dos de ellas aún no alcanzan los 30.
Las tres primeras compartieron con Animal Político sus reflexiones sobre ser cronista, mujer y joven en América Latina.
“En mi país la Policía no le habla a las mujeres. ¿Cómo iba a hacer una crónica policial?”
Ana Teresa Toro, Diario ‘El Nuevo Día’
Ser mujer y joven influye al hacer crónica desde el primer momento. “Lo primero que uno tiene es esta cara y este cuerpo y sí hay un trato diferente”.
Ajustarse a los momentos y a las personas para poder entrar al mundo que quiere conocer y relatar ha sido una herramienta para Ana Teresa, de 28 años y admiradora de las crónicas de Elena Poniatowska. (“Es una referencia obligada para cualquiera que quiera tirarse a la calle, dice).
Ser tomada a la ligera es quizá el mayor peligro de ser una cronista joven, pero lo positivo, dice con una sonrisa, es que no tiene miedo alguno a cometer errores.
Si bien Ana Teresa señala que la familia ejerce un peso cuando la mujer desea volcarse a la crónica, género que exige tiempo, también pone en la discusión que existen espacios que la mujer no ha ocupado.
“Hubo un momento en que cubrí temas policiales y en mi País la policía no le habla a las mujeres. ¿Como iba a lograr esa gran crónica policial que quería hacer si los códigos sociales están viciados? Tengo que moverme por otros lados. Y no es un lamento. Sé que funciona así y sabiéndolo, uno puede bordear para hacer crónicas importantes”.
“En la profesión periodística la desigualdad es manifiesta”
Rocío Montes, Diario ‘La Tercera’
Entre la mirada de un cronista y una cronista no hay diferencias mayores según esta subeditora de reportajes de 32 años. Puesta a señalar alguna, Rocío Montes menciona sin afán de “dar cátedra”, que las mujeres tienen “una obsesión informativa distinta a la de los hombres”.
“Las grandes cronistas tienen una mayor obsesión por los datos, por el detalle”, comenta tras un paseo por el centro de San Ángel al terminar el coloquio ‘Nuevos Cronistas’.
Más allá de miradas femeninas o masculinas, una crónica, para esta santiaguina, resulta mejor cuando uno es arrojado y busca llegar a donde otros no lo han hecho. A finales del mes pasado, Montes recorrió la región del Biobío, al centro del país, en búsqueda de un yerno del fallecido Presidente Salvador Allende, que se volvió ermitaño.
“Me metí sola por caminos de tierra, sin señal de celular. Sin acceso a ayuda, con largas horas de espera junto a un río en el que tenías que pedir a gritos que te fueran a buscar con un funicular”.
El arrojo sirve, pero cuando a lo largo de su carrera ha visto como excelentes periodistas se quedan en el camino por tener que elegir entre trabajo y la familia, esta cronista agradece que sus jefes y sus compañeros jamás le hayan planteado el ser mujer como una limitante para lograr trabajos como que menciona.
“En la profesión periodística la desigualdad está mucho más manifiesta. En algún momento muchas se dirimen entre ser periodistas o madres y ambas son difíciles. Se van en busca de mejores horarios que, lamentablemente, el periodismo no da”.
“El riesgo más grande es enamorarse de los personajes. Hay que ser intuitiva”
Carol Pires, Revista Piauí
En las facultades de periodismo en Brasil hay una evidente mayoría de mujeres. Lo mismo pasa en fuentes como el Congreso, donde estuvo asignada por años. Por ello, Carol Pires, la más joven de las cuatro nuevas cronistas con sólo 26 años, se pregunta por qué no hay tantas editoras, jefas de redacción, cronistas…
“No creo que haya sido decisión de la Fundación, sino consecuencia de algo”, dice en un español fluido que conserva la musicalidad del portugués. Si bien en los medios hay políticas machistas que dificultan la llegada a ciertas posiciones, reconoce que la crónica demanda tiempo y viajes.
“Es algo casi biológico. Nosotras tenemos las tetas y un niño no se puede quedar sin mamá. Si tuviera un hijo tal vez no podría dedicar tantas horas a trabajar, a escribir”.
Admiradora de las crónicas de Alma Guillermoprieto y Leila Guerrero, Pires cree que las ventajas de las mujeres que se vuelcan hacia este género periodístico son la percepción de los detalles y la intuición.
Haber nacido en Brasilia, capital política de su país, le dio a esta joven una cercanía inmediata con la política; por ello ha enfocado sus crónicas en el poder y sus protagonistas. El riesgo más grande que hay en ello, dice, es enamorarse de los personajes que retrata en los textos.
“No me quiero engañar por los políticos. Debes tratar de encontrar lo que tiene de humano, de honesto, pero debes ser intuitiva y saber que un político siempre tratará de hacerte creer que lo que dice es verdad”.








