El priista que todos (en México) llevan dentro

¿Qué es la moral? “Es un árbol que da moras”, solía decir un exgobernador. Y para progresar hay que hacer trampa, porque “el que no transa no avanza”. O para tener éxito en la política es preciso ser millonario, pues “un político pobre es un pobre político”.

Estas frases tienen un común denominador: nacieron durante los 70 años que el Partido Revolucionario Institucional (PRI) gobernó a México.

Son un reflejo de la cultura política que aún prevalece en algunos sectores del país y que nunca se fue, dicen especialistas, a pesar de que el partido perdió la presidencia mexicana en 2000.

Una herencia compleja que explica en parte el regreso del PRI al gobierno, le dice a BBC Mundo Roger Bartra, investigador emérito de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Por un lado, algunos piensan que esta organización política es responsable de muchos de los problemas del país, pero al mismo tiempo existen otros que, por su experiencia de gobierno, lo ven como única alternativa viable.

“Para una gran parte de los mexicanos, el PRI es una mezcla de corrupción y saber hacer con eficiencia”, explica. “Parte de la población lo ve mal, pero no tanto. Una expresión común en estos días es: el PRI roba, sí, pero hace cosas”.

La historia

Bartra dice que la compleja percepción de los mexicanos hacia el partido se creó durante las décadas en que esa organización política fue prácticamente la única en el país.

De hecho, desde 1929 y hasta la década de los 80 la vida cotidiana en México estuvo permeada por el PRI.

Los primeros gobiernos de ese partido crearon el sistema de salud y seguridad social más grande de América Latina, y ampliaron la cobertura educativa a prácticamente toda la población.

Pero al mismo tiempo, la instrucción pública de nivel básico se impartía sólo con los libros editados por la Secretaría de Educación, que fueron diseñados y escritos bajo directrices oficiales.

Es una práctica que aún sigue, aunque en los últimos años los maestros tienen la posibilidad, en algunos casos, de incluir otros textos para impartir sus clases.

Hasta 1986 las fronteras permanecieron virtualmente cerradas a la importación de productos extranjeros para proteger a las empresas mexicanas, mientras que la electricidad, gasolina y otros energéticos eran -y aún son- distribuidos por el gobierno.

La mayoría de los sindicatos, organizaciones campesinas y empresariales estaban afiliadas al partido.

Los permisos para transmitir radio y televisión se otorgan por la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, un elemento que muchas veces condicionó el contenido editorial de los medios, según le dice a BBC Mundo Aleida Calleja, presidenta de la independiente Asociación Mexicana de Derecho a la Información (AMEDI).

Hay otros elementos: hasta 1989 los gobernadores de los 32 estados del país eran militantes del PRI, y la primera legislatura donde los partidos de oposición fueron mayoría inició en 1997.

Después que en 2000 el Partido Acción Nacional ganó la presidencia del país, el Revolucionario Institucional conservó el poder en más de la mitad de los estados.

“Gen priísta”

La presencia casi única del PRI creó una cultura política que, “a juzgar por el resultado, podría seguir impresa en el código genético de los mexicanos”, escribió el académico Luis Rubio en un artículo publicado en el diario Reforma.

No es el único que lo afirma. En su campaña electoral el presidente Felipe Calderón decía combatir “al priísta que todos llevamos dentro”, como referencia a la corrupción que, afirmaba, existía en gobiernos anteriores.

Especialistas afirman incluso que esta práctica no es exclusiva del PRI, sino que existe en otros partidos políticos e incluso define el comportamiento de algunos funcionarios y ciudadanos.

Más allá de las triquiñuelas, ¿qué es la cultura priísta?

“Es una especie de populismo muy peculiar”, responde Roger Bartra. “Antes no hablábamos de cultura priísta sino de nacionalismo revolucionario y del gobierno”.

“El PRI no era un verdadero partido político sino un apéndice electoral del gobierno. Esa cultura populista es el PRI, una identidad nacional basada menos en la razón y más en los sentimientos”.

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