Ya es ilegal discriminar a donadores homosexuales

A partir del pasado 25 de diciembre, las prohibiciones expresas para que los homosexuales donen sangre quedarán sin efecto en Méxicodado que entró en vigor la Norma Oficial Mexicana (NOM) 253 para la Disposición de Sangre Humana, que sustituyó a la redactada en 1993.

La NOM 003-SSA2, de hace casi 20 años, expresaba en su punto 5.3.3 que los homosexuales hombres y los bisexuales están excluidos de ser posibles donantes “por razón de sus prácticas” y por su “mayor probabilidad de adquirir infección por el VIH o por los virus de la hepatitis”. Junto con ellos, otros excluidos son los trabajadores sexuales (“quienes ejercen la prostitución”, dice el texto) y farmacodependientes “que usan la vía intravenosa”, personas que hayan estado en prisión y quienes hayan padecido alguna enfermedad mental.

La norma que entró en vigor, publicada en el Diario Oficial de la Federación el pasado 26 de octubre, elimina la exclusión a los hombres homosexuales y bisexuales y mantiene la restricción a compañeros de personas infectadas con VIH o hepatitis, y a quienes mantienen “prácticas sexuales de riesgo”.

Esas prácticas están definidas en la norma como aquellas en las que ocurre “contacto o traspaso de sangre, secreciones sexuales u otros líquidos corporales de personas que pudieran tener infecciones transmisibles, con sitios del cuerpo de otra persona, a través de los cuales el agente infeccioso pudiese penetrar”.

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—¿Eres homosexual?
—Sí.
—¿Cuántas parejas has tenido?
Los compañeros sexuales de Marcony Vidal, estudiante de 23 años, se cuentan con los dedos de una mano y sobran. Una enfermera vestida de blanco y verde dirige las preguntas y después pinchará al muchacho para extraerle una muestra de sangre y analizarla.
Marcony se encuentra en el Centro Médico Siglo XXI para ayudar con una donación sanguínea para una tía que será operada.
“Quise ser honesto y no escondí mi preferencia cuando me la preguntaron. Mi actividad sexual es poca, no fumo, no bebo y hago ejercicio.  Estoy en perfectas condiciones para ser donador”.
Tras 20 minutos de espera, la misma enfermera de las preguntas llega con noticias para el muchacho.
—No eres apto para donar sangre porque eres homosexual —dice la asistente.
—¡Pero en agosto me hice la prueba del VIH y salió negativa! —replica Marcony
—Sí, pero eso a mí no me sirve.
La enfermera le extiende una papeleta que, por secreto médico, no especifica el motivo del rechazo; pero verbalmente ha quedado clara.
“Me decepcioné mucho, pero ya no quise entrar en una discusión”, dice el joven.
Marcony firma, entrega el documento y sale del hospital.

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Ilán Goldfeder acudió a donar sangre de manera voluntaria al Hospital Médica Sur de la delegación Tlalpan hace dos semanas. En la antesala, este matemático de la UNAM notó un cartel que enumera los requisitos para ser donador e informa la exclusión a los homosexuales hombres.

“Envié un correo para que me explicaran el motivo”, cuenta el joven. Hasta el domingo por la noche ningún representante de Médica Sur lo había contactado para explicarle lo que dicta la norma o que esa prohibición está a punto de quedar sin validez. A sólo siete días de que se apliquen las nuevas disposiciones, la sensibilización para evitar prácticas discriminatorias no ha comenzado.

Los requisitos para ser donador que marca el Centro Nacional de Transfusión Sanguínea (CNT) son, entre otros, ser mayor de 18 años, presentarse con una identificación oficial, pesar más de 50 kilos, haber ayunado por cuatro horas. Igualmente, cada banco de sangre aplica cuestionarios estandarizados para obtener la historia clínica del paciente.

“Por favor sé honesto en tus respuestas”, pide el CNT. Marcony, quien así lo hizo, fue rechazado.

Según la nueva norma, los cuestionarios confidenciales deben servir para obtener datos relevantes que permitan “identificar riesgos potenciales para la salud del donante o de los receptores”, sin que la preferencia sexual sea ya un impedimento, al menos en la forma.

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El enfermero en la recepción del banco de sangre del Centro Médico Siglo XXI baja la voz. En susurros y con rostro de “no hay manera”, dice en susurros:

—Un gay no puede donar.

Esta reportera acudió a la unidad médica para conocer la aplicación de la norma tras conocer el caso de Marcony Vidal. Tras ser atendida en recepción, fue remitida a Trabajo Social.

Al pedir explicaciones de la exclusión como donador a una persona homosexual, la trabajadora social Angélica toma una carpeta de cartón corrugado con la NOM 253. Aunque todavía no entra en vigor, ya la tiene en su escritorio, pero desconoce que el texto no tiene referencias a las preferencias sexuales.

—No pueden donar porque lo marca la ley. Aquí dice ‘prácticas sexuales de riesgo’.

—Pero tener prácticas de riesgo es una cosa y ser homosexual es otra –se le revira.

—Como está en la ley no podemos hacer nada, pero si no estás conforme, puedes pasar con la jefa del banco —sugiere la trabajadora.
La puerta verde de la dirección está cerrada. La responsable se encuentra de vacaciones y su remplazo no está por ningún lado. Las siguientes paradas son los consultorios de doctores sin responsabilidad en la unidad.

—Yo entiendo perfectamente que un homosexual no tenga prácticas de riesgo, pero no se puede. Homosexuales hombres no, pero mujeres homosexuales —explica el doctor Juan Carlos Torres.

Sin importar el número de parejas que un hombre haya tenido, el sólo hecho de tener contacto sexual con alguien de su mismo sexo lo descalifica para dar su sangre en el sistema de salud pública.

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México alcanza la tasa de 100 donadores por cada 10 mil habitantes, recomendada por los organismos internacionales. Cada día hay 4 mil 500 donaciones de sangre en el país, según el Centro Nacional de Transfusión Sanguínea, máxima autoridad de salud pública en la materia.

Pese a los buenos números, la mayoría de quienes ofrecen su sangre llega a los hospitales para una reposición. Es decir, son familiares o amigos que acuden por una sola ocasión.

Esa situación ha generado que México quede muy lejos de las metas sugeridas por la Organización Panamericana de la Salud, que pone como estándar deseable que la mitad de las unidades de sangre se obtengan por donaciones voluntarias y haya quienes ofrecen sangre por repetición por su buena calidad. En México, las donaciones voluntarias sólo llegan al 3%.

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