EZLN rompió el dilema de ‘reforma o revolución’

González Casanova

Pablo González Casanova durante su participación, Foto: Cuartoscuro.

La estrategia de “resistencia” impulsada por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional fue definida ayer por el sociólogo Pablo González Casanova como una “nueva construcción histórica“, que surge como alternativa al antiguo dilema de la izquierda, la cual, durante el siglo XX, se debatió entre “hacer la reforma o hacer la revolución”, y este es un nuevo proceso político no sólo “difícil de entender para el pensamiento conservador, sino para todos aquellos que se han acostumbrado a la política institucional”.

Presente en el Tercer Seminario Internacional de Reflexión y Análisis, organizado por la Universidad de la Tierra de San Cristóbal de las Casas, Chiapas, el académico de la UNAM destacó que, en los 19 años que han transcurrido desde la aparición pública de los rebeldes zapatistas, estos impusieron una nueva “geometría”, que sustituye el esquema tradicional de la izquierda, el centro y la derecha dentro del espectro político, por uno nuevo en donde sólo existe “arriba y abajo”, lo que pone en evidencia, subrayó, la crisis del “capitalismo corporativo”, que ha absorbido o anulado, todos los intentos de la izquierda tradicional por alcanzar la democracia.

Justo en el día que se conmemoró el levantamiento indígena de 1994, el investigador emérito subrayó que la forma de lucha de los zapatistas “se planteó no como un proyecto para una nueva política indigenista en México, sino como un proyecto de emancipación humana“, que surge en oposición a “la nueva colonización mundial, denominada globalización”.

Para González Casanova, autor de uno del ya clásico libro de sociología política titulado La democracia en México, el modelo de resistencia zapatista deja ver la posibilidad de construir la autonomía en la práctica, lo que, además, queda de manifiesto en su último comunicado (del 30 de diciembre”, “en el cual los zapatistas nos dicen cómo en su territorio los niños tienen escuela, los enfermos tienen hospitales y medicinas, y todos tienen alimentos, además de que en sus territorios no se sufren el narcotráfico, la inseguridad y matanzas que existen, por la corrupción espantosa, en el resto del país y en el mundo“.

Este esquema de resistencia, subrayó el académico, se cristaliza ahora en un nuevo intento por “dinamizar los vínculos del EZLN con otros movimientos sociales de México y el exterior”, y representa “una oportunidad para pensar y organizar una inmensa red de colectivos en defensa de la Tierra, una organización mundial, a partir de un proyecto universal surgido en el sureste mexicano, en la tierra que ocupan los pueblos mayas, y que encuentra la unidad en la diversidad”.

“En este momento tenemos la posibilidad –remató– de definir las luchas por la democracia, la autonomía y la libertad, con hechos, y el subcomandante Marcos habla de construir una ‘muy otra democracia’, un ‘muy otro poder’, que no tenga que ver con esta porquería, en la que se vinculan el poder corporativo y el poder del crimen organizado”.

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