¿Podrá México terminar con el hambre?

Foto: Cuartoscuro.

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México reinicia una batalla que no ha podido ganar: la lucha contra la carencia alimentaria que afecta a unos 28 millones de personas, la cuarta parte de la población del país.

Un problema que creció en los últimos años, a pesar de los esfuerzos oficiales para combatirlo.

De acuerdo con el Consejo Nacional de Evaluación de la Política Social (Coneval),

durante el gobierno del expresidente Felipe Calderón, el número de mexicanos en condición de pobreza sumó 52 millones, la cifra más alta de la historia.

Es uno de los temas centrales para las nuevas autoridades y, de hecho, este lunes el presidente Enrique Peña Nieto presentó la Cruzada Nacional Contra el Hambre, que pretende reducir el problema en un plazo de seis años.

“Es una condición lacerante que nos cuesta reconocer como país: en pleno siglo XXI uno de cada cuatro mexicanos enfrenta algún grado de carencia alimentaria”, afirmó Peña Nieto.

La Cruzada, sin embargo, genera dudas entre algunos especialistas quienes advierten que no ataca las causas del hambre y además, existe el riesgo de que se convierta en un instrumento político para ganar votos, como ha ocurrido con iniciativas similares en el pasado.

En México, advierte el analista Sergio Aguayo, las políticas contra la pobreza han sido “clientelares” y de corte asistencial.

Números

Según el Coneval, el hambre y la desnutrición aumentaron considerablemente en sólo dos años. En 2008 el número de mexicanos que no tenían acceso a la dieta básica de alimentación era de 23 millones. Para 2010 esta cifra subió a 28 millones.

El gobierno de Calderón dijo que la causa del incremento fue la crisis financiera internacional de esos años, que impulsó al alza el precio de los alimentos.

De hecho, el Coneval reporta que en ese periodo “se redujo el ingreso real de los hogares en el país, especialmente en las zonas urbanas”.

Pero algunos especialistas han dicho que, en realidad, la raíz del problema es que el presupuesto contra la pobreza no se aplicó de manera eficiente, y además el dinero se dedicó a paliar las consecuencias y no las causas de la marginación.

De hecho, el porcentaje del Producto Interno Bruto (PIB) destinado a combatir el hambre y la desnutrición prácticamente se duplicó en los últimos años, pero el resultado no fue el esperado.

“No hemos tenido avances mayores en el combate a la condición de pobreza”, reconoció Peña Nieto.

Objetivos

La Cruzada Nacional contra el Hambre se aplicará en los 400 municipios con mayor índice de pobreza y marginación en el país.

El objetivo es atender a 7.4 millones de personas, la población con más índice de desnutrición y sin acceso a servicios de salud y educación, reconoce la secretaria de Desarrollo Social (Sedesol), Rosario Robles.

“Se trata de dirigir el esfuerzo hacia los que menos tienen, los más pobres de entre los pobres, los que tienen hambre pero que también viven en condiciones indignas”, dijo la funcionaria al presentar el programa.

La Cruzada tiene varios objetivos: combatir el hambre a través de programas alimentarios; atacar la desnutrición infantil, aumentar la producción agrícola y el ingreso de los campesinos.

También pretende mejorar el sistema de distribución de alimentos y fomentar la participación de las comunidades rurales y urbanas. El programa está contemplado que funcione durante seis años.

“Se van a medir los resultados”, aseguró Robles. “Política pública que no es evaluada corre el riesgo de convertirse en demagogia”.

SAM y Pronasol

Legisladores de oposición han dicho que conceden “el beneficio de la duda” a la Cruzada contra el hambre. Pero algunos no se muestran tan optimistas, pues no es la primera vez que un nuevo gobierno emprende un proyecto similar, con pocos resultados.

En 1980, por ejemplo, el entonces presidente José López Portillo estableció el Sistema Alimentario Mexicano (SAM), que pretendía reducir la dependencia del país a las importaciones de granos y otros alimentos.

El eje central del proyecto fue aumentar la producción agrícola interna -una idea que contiene la actual Cruzada contra el hambre- pero la estrategia se canceló cuando López Portillo terminó su gobierno.

En los años siguientes los programas contra la pobreza fueron distintos al SAM. El presidente Carlos Salinas de Gortari, por ejemplo, permitió la libre importación de alimentos y estableció el Programa Nacional de Solidaridad (Pronasol), que otorgaba alimentos a las familias en pobreza extrema pero que también promovía el empleo comunitario. Una estrategia similar a la que ahora contiene la Cruzada Nacional contra el Hambre.

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