Ser pesimista para enfrentar la vida

Dicen que el pesimista no da explicaciones, se la pasa ensimismado, pero sobre todo cree en el futuro de la infelicidad. Y la mayoría de los protagonistas del libro de relatos Sudor añejo y sardina, de Enrique Blanc (Moho, 2012) sabe que la vida carece de sentido y por eso opta por la inmovilidad. No huyen de su realidad. ¿Esta forma de ser es desdichada? Quizás sea al revés.

Dibujo; Enrique Oroz.

Dibujo; Enrique Oroz.

En el cuento “Clic”, Quito siempre está de mal humor y su primera desgracia en la vida fue haber nacido en Mexicali. Este matón experimentado de la ciudad fronteriza tiene una misión pero su compañero, un incipiente gatillero, le pregunta “¿es cierto que el primero que te cargas nunca se olvida?”.

En “Cuatro canciones” se evidencia más el hartazgo de los personajes principales por trabajar en el caluroso bar El Nayarit. Sus horas transcurren mirando el televisor y el polvo que entra les causa un irremediable mal humor. ¿Alguien puede escapar del tedio respirando el aire del desierto? Al fondo la rockola escupe una alegre canción mexicana.

La pluma del autor crea atmósferas acertadas que transportan al lector a arrabales grasientos, hoteles baratos o barrios gringos hostiles. En “Chiapas 1995” y “Maura” la presencia de la mujer ajena como deseo enfermizo, incontenible, demuestra que el remordimiento puede ser la otra cara del pesimismo. Sin duda, estas dos historias son el mejor momento de Sudor añejo y sardina: dejar a tu mujer dormida para comenzar una aventura nocturna que se convierte inesperadamente en una pesadilla. La madrugada como historia mínima del fracaso. No queda más que recurrir a Schopenhauer cuando dice que la resignación es el único camino que le queda al hombre después de vivir y pensar.

El autor Enrique Blanc.

El autor Enrique Blanc.

¿Cuántos hombres no se han enamorado o tienen curiosidad por la vecina? Ana dice sin titubeos “la vecina de enfrente acaba de cruzar desnuda por la venta”. El esposo se convierte en una especie de espía del FBI, quiere saber cómo es esa mujer que, sin conocerla, lo pone sumamente nervioso. Su mujer prendió la llama del deseo: “¿Te has fijado cómo la brasileña tiene las piernas largas en comparación al tronco?”.

Los diez cuentos de Sudor añejo y sardina contienen imágenes y escenas seductoras. Enrique mantiene una escritura paciente y desenfadada. Por momentos algunos relatos –“Desapariciones”, “Nowhere Man”- se vuelven lentos y comienzan a languidecer, por eso el autor se apresura a resolverlos. Sin embargo, estamos frente a un libro equilibrado, con personajes cuyas vidas son como un péndulo que se mueven entre el dolor y el hastío. Lo más valioso del también periodista y productor de radio que reside en Guadalajara, es que escribió un libro como él quería: sin complacer al lector. No cede una palabra en detrimento de la sensibilidad o de la imaginación.

-¿Cuáles fueron los retos literarios-estéticos de este libro en comparación con Cicatrices del bolero y No todos los ángeles caen del cielo?

No reflexiono demasiado al respecto. Creo que los libros de relatos que he escrito han respondido al momento por el que paso e inevitablemente al oficio que se va adquiriendo al continuar escribiendo. Sí reconozco un impulso más experimental en los dos primeros, especialmente en No todos los ángeles caen del cielo, y una idea de que mi literatura pudiera ser muy visual, cercana a lo cinematográfico. En Sudor añejo y sardina eso se ha diluido. Quería hacer relatos que funcionaran bien como tales, como piezas literarias y que reflejaran lo que la práctica escritural me ha dado con el tiempo. Hay una distancia de quince años entre ambos.

-La mayoría de tus personajes principales destilan frustración, monotonía, fracaso, son una especie de antihéroes, ¿son hombres que saben lo que buscan pero al final huyen?

Son hombres que intuyen que la naturaleza humana es una derrota al fin y al cabo. Hay quienes en la vida buscan evadirse de ello, de que somos mortales y que en ello no hay remedio. Algunos de los personajes de mis relatos no rehúyen a esa idea sino que la asumen, son pesimistas, ésa es la manera en que se enfrentan a la vida.

-Ese olor singular –que le da titulo al libro- del Mercedes 67, ¿es una señal de buena suerte para el aspirante a trabajar en un restaurante árabe, pero una marca de tristeza imborrable de Mark Linkous?

Bien puede ser como lo formulas. Es asimismo el vínculo entre ambos personajes, el hombre que hereda el auto de un difunto cuyo olor detona una serie de misterios que se resuelven a medias en el relato.

Dibujo: Enrique ORoz.

Dibujo: Enrique ORoz.

¿De dónde surge tu obsesión por los mundos nocturnos y lugares de mala muerte? Uno pensaría que laborar en un bar como El Nayarit no sería tan malo, que podría suceder cualquier cosa menos el tedio.

Trabajé en una estación de radio en el sur de California, en Rancho Cucamonga. Ese empleo me dio la posibilidad de estar cerca de Los Ángeles y de vivir muchas aventuras. Pero el trabajo, que era además muy demandante: 10 horas al día, seis días a la semana, estaba marcado por el tedio y la rutina. La zona, pese a estar ubicada en un ambiente urbano, tenía un aire rural. Había poco qué hacer en los alrededores. Y eso cansa tarde que temprano, aunque uno viva en el american dream. La atmósfera que experimenté en aquellos días está reflejada tanto en este relato como en “La noche larga”. Por otro lado, me gusta la noche como escenario, su naturaleza me parece que facilita el que cosas extraordinarias, fuera de lo cotidiano, sucedan.

-Los cuentos “Clic”, “Highland” y “Hollywood Boulevard” abordan temáticas de gatilleros, narco, drogas. ¿Es una muestra de que el narcotráfico debe ser un escenario y no un personaje?

Escribí “Clic” mucho antes de la llamada “guerra del narco” que conocemos. Salió publicado originalmente en un suplemento del Unomásuno que coordinó el escritor Mauricio Montiel, durante una Feria Internacional del Libro. No recuerdo el año. Decidí incluirlo porque años después me topé en el libro El norte y su frontera en la narrativa policiaca mexicana (Plaza & Valdez), un artículo en el que se hablaba de la fidelidad con que yo describía a Mexicali, y pensé que el relato debía tener otra oportunidad de ser leído. “Highland” y “Hollywood Boulevard” es también de esa época, se publicó en la revista Complot. Desde entonces, la presencia de los dealers y la existencia del narco han llamado mi atención. Claro, ahora la relevancia del tema ha hecho que éste se ponga de moda y que todo mundo quiera hablar de ello. Pero esos relatos son, de hecho, muy anteriores a este boom.

-En “Chiapas 1995” se presenta una mujer que es un verdadero misterio, cómo definirías a estas dos mujeres: a la vecina y Ana. ¿El deseo hacia otra mujer es vital para un hombre?

Todos, hombres y mujeres, creo, tenemos deseo hacia aquello que nos seduce y no podemos poseer. Sí creo que las relaciones tienen sus altas y sus bajas, y que el deseo por lo externo juega un papel importante, para bien y para mal; es decir, a favor o en contra de la pareja. En el relato, el personaje vive en un mundo sedentario e imperturbable junto a Ana, pero el misterio que le genera la mujer de enfrente simboliza la tentación que el exterior, lo distante, lo ajeno, ejerce invariablemente sobre nosotros.

Sudor_aniejo_media-Dicen que el alcohol hace al hombre más sensible al mundo que lo rodea, en el relato “Maura”, ¿fue un mal “lazarillo”?

Me ha llamado la atención que algunos amigos que leyeron “Maura” insistieron en que les gustaba el final, el cambio de actitud que tiene el personaje en el desenlace del mismo. Claro, de cierta manera el alcohol es siempre un lazarillo que nos lleva hacia donde no iríamos sin su compañía. Me parece que el personaje además de eso, va descubriendo esa doble personalidad en Maura y ello pesa también a la hora de su decisión final. Además habría que sumar a su confusión, la culpa que siente por la mujer que ha abandonado en casa.

-¿Un hombre debe tener muchas mujeres para ser feliz? Me da la impresión que en “Maura” o en “Encrucijada” el protagonista está harto de vivir en esas cuatro paredes y tiene la necesidad de salir a la calle bajo la luz de la luna…

Como se ha discutido mucho, la naturaleza masculina es muy distinta a la femenina. Desde siempre, es el hombre quien sale de casa en busca de algo, muchas veces sin saber exactamente qué quiere encontrar. Bien dice Tom Waits que aquello que más seduce al hombre es la aventura, en el sentido amplio del término. Y la mujer permanece, por lo general, en espera de su regreso. Y eso, tarde que temprano genera un conflicto irresoluble. Claro, en la actualidad las cosas han cambiado radicalmente, pero aún hay muchas parejas que adoptan esta forma de convivencia, lo constato a menudo entre mis amigos. La fascinación masculina hacia las prostitutas o las mujeres que frecuentan ambientes nocturnos está ligada a esa idea de aventura sórdida y a deshoras, simboliza la inconformidad que el hombre tiene ante lo convencional y rutinario.

-Con este libro de relatos, ¿ya encontraste una voz propia, eso que llaman “estilo”? ¿Cómo descubre un escritor que hay una cierta madurez en sus historias?

Pensaría que eso que se llama “estilo” se refiere al hecho de que no sé hacer las cosas de otra manera. Si bien, siento que he ido consiguiendo con el trabajo más habilidades a la hora de escribir cualquier cosa, ya sea un artículo periodístico o un texto literario, no reflexiono sobre sus implicaciones estéticas. Así me viene bien y así prefiero hacerlo. Si escribo algo, primero debe gustarme y dejarme satisfecho. Eso sí, creo que tengo una voz propia y que digo las cosas a mi modo.

-¿Te mantendrás en el cuento o escribir una novela no te interesa? ¿Cuáles son tus influencias literarias?

He hecho ya un intento de novela. Está por ahí y quizá debería retomarla. Y sí, tengo interés en seguir experimentando en ese territorio. Aunque el cuento me parece muy seductor. Me siento especialmente identificado con los narradores norteamericanos, leo con admiración a Raymond Carver, Chuck Pahlaniuk, Paul Auster, Thomas Wolfe, Truman Capote, David Vann, James Frey, Willy Vlautin, James Ellroy, Philip Roth, John Fante. Me gustan mucho también Rubem Fonseca y Julio Cortázar.

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