De agente antisecuestros a víctima de plagio

“Justo y Divino Juez -murmura Yolanda- haz que al invocarte y aclamar al imperio de tu poderosa y santa voz, llamándote en mi auxilio, las prisiones se abran, las cadenas y los lazos se rompan, los grilletes y las rejas se quiebren, los cuchillos se doblen.” Donde esté, en la situación de salud en que se halle, sea lo que sea que esté ocurriendo a su alrededor, Yolanda hace una pausa y repite estas palabras, en punto de las tres de la tarde, todos los días, desde que, el 29 de noviembre de 2010, justo a esa hora, su hija Marazuba, agente especializada en combate al secuestro, entonces de 24 años, fue raptada junto con otros tres compañeros por una célula del cártel de Sinaloa en Durango.

Desde entonces, Marazuba permanece desaparecida. Y hace tres semanas, el 5 de abril, cumplió 27 años de edad.

Marazuba

“Mi hija es licenciada en Derecho y su nombre completo es Marazuba Teresa Gómez Montes -narra Yolanda, con Fausto, su esposo, a su lado-, ella es parte de una generación de jóvenes universitarios que, en 2009, respondió a la convocatoria de la Secretaría de Seguridad Pública (dependencia que, en el actual gobierno de Enrique Peña Nieto, fue absorbida por la Secretaría de Gobernación) para convertirse en agentes especializados en combate al secuestro. Ella fue capacitada por expertos que trajeron de Francia, de Colombia y también fue enviada a capacitación en Estados Unidos.”

A esa misma generación pertenecen Elberth Espinonsa Ferreiro, de 29 años; Gustavo Campos Reyes, de 28, y Vicente Macías Plata, de 34, quienes, junto a Marazuba, fueron asignados primero a la Procuraduría de Justicia de Morelos y luego a la de Durango.

Marazuba fue raptada en 2010, cuando tenía 24 años. Por información que permita localizarla, así como a sus tres compañeros, se ofrecen 10 millones de pesos.

Marazuba fue raptada en 2010, cuando tenía 24 años. Por información que permita localizarla, así como a sus tres compañeros, se ofrecen 10 millones de pesos.

“Estuvieron trabajando muy bien en Morelos -narra Fausto-, resolvieron diversos casos de secuestro, y eso a pesar de que trabajaban con los dedos y las uñas, porque, aunque les habían prometido equipo e instalaciones adecuadas, a la mera hora el gobierno estatal les dijo que no había presupuesto. y aún así dieron muy buenos resultados.”

Marazuba tenía a su cargo la asistencia en momentos de crisis, ayudando a los familiares de las personas secuestradas, “lo cual es una labor muy noble -subraya Yolanda, siempre con voz pausada pero segura-, y ahora me doy cuenta de eso porque, en la situación en la que estamos, veo el trabajo que realizan otras jovencitas tan valientes como es ella. Todas las labores que se vinculan con la lucha antisecuestro son un trabajo muy noble, y nuestro país está muy necesitado de gente, de jóvenes con el valor de llevarlo a cabo. Ahora me doy cuenta de la gran valentía que ella tiene, de su bondad y del amor a su trabajo y, por eso, cada vez la admiro más”.

El buen desempeño y la probidad en el actuar de esta joven agente ministerial fue, de hecho, avalado por las autoridades de Estados Unidos, que antes de admitir a Marazuba en sus cursos de capacitación, confirmaron que en su historial “no existe evidencia de violaciones a los derechos humanos”, tal como consta en documentos desclasificados de la embajada estadounidense en México, fechados en junio de 2009.

Marazuba trabajó poco más de un año como agente antisecuestros, a pesar de que las autoridades federales no respetaron el ofrecimiento que originalmente le habían hecho a ella y sus compañeros: principalmente que integrarían nuevos equipos de trabajo con procedimientos científicos para el combate de la delincuencia, sin mezclarse con las estructuras ya existentes y corrompidas.

“Pero no cumplieron -dice Fausto-, las autoridades federales los mandaron a la procuraduría estatal de Morelos y los integraron a unidades antisecuestro que ya operaban desde antes”. Por eso, afirma, cuando el anterior gobernador duranguense, Ismael Hernández Deras, les ofreció irse a esa entidad, contando con herramientas, equipo y recursos suficientes, “ellos renunciaron a la procuraduría de Morelos y se fueron a Durango”.

Cuatro meses después de su llegada a ese estado y ya con un nuevo gobernador (Jorge Herrera Caldera), este equipo de agentes antisecuestro se preparaba para una reunión con el fiscal general, Ramiro Ortiz Aguirre, cuando fueron raptados.

Gente Nueva

El secuestro de Marazuba y sus tres compañeros ocurrió alrededor de las 15:00 horas. Minutos antes, una cámara de vigilancia los captó retirando dinero de un cajero automático y luego se les ve alejarse en un auto Stratus blanco.

Durante la tarde de ese 29 de noviembre, el padre de uno de los compañeros de Marazuba recibió una llamada de los captores, en la que le exigían 1 millón de pesos a cambio de respetar su vida, aunque no volvieron a comunicarse.

Elberth Espinosa Ferreiro.

Elberth Espinosa Ferreiro.

Fue a través de esta familia, y no de las autoridades estatales, que los padres de la joven tuvieron conocimiento de su secuestro. Y no fue sino hasta un mes después de que éste se perpetrara, el 29 de diciembre de 2010, que las autoridades federales dieron con sus plagiarios (de manera fortuita), aunque no con las víctimas.

“Hubo una persecución -señala Fausto-, la policía siguió un vehículo que intentó eludir un retén, la persecución fue a tiros (una niña de 13 años y el chofer de un vehículo murieron por los disparos) y terminó en una casa de seguridad ubicada en un barrio popular de la capital de Durango; ahí hubo un enfrentamiento muy intenso, y al final capturaron a 13 personas, que resultaron ser la célula duranguense del Cártel de Sinaloa. Se hacían llamar cártel Gente Nueva y les fueron decomisadas muchas armas largas, incluido un fusil Barret calibre 50 milímetros y varias granadas.”

En esta casa de seguridad, además, las autoridades hallaron una libreta, en la que los delincuentes apuntaban los datos de cada persona que secuestraban, así como otra información que les resultaba relevante.

“Ahí estaba el nombre de mi hija -dice Yolanda-, y es evidente que fue interrogada por estos sujetos, porque se incluye información precisa sobre su vida, asuntos personales que sólo ella podía conocer, y así como hay una ficha de ella, en esa libreta hay una por cada uno de los compañeros con los que la secuestraron, y también están los datos de decenas de personas más, víctimas de este grupo de delincuentes, porque la libreta está llena de nombres.”

 

Gustavo Campos Reyes.

Gustavo Campos Reyes.


Según las autoridades federales, esta célula delictiva, que contaba entre sus miembros a tres ex policías de Durango y uno de Sinaloa, se dedicaba al control de las operaciones de droga en esta entidad, que incluían, además, la cacería de rivales, particularmente del cártel de Los Zetas, así como secuestrar y extorsionar a la ciudadanía.

Este grupo también tenía la encomienda de cooptar a funcionarios públicos de los tres órdenes de gobierno, así como de instrumentar la “desaparición de quienes no aceptaban brindarles protección”, tal como afirmó en diciembre de 2010 Eduardo Pequeño, jefe de la División Antidrogas de la Policía Federal.

Desde entonces, estos sujetos permaneces encarcelados pero, hasta la fecha, ninguno ha querido revelar el destino o paradero de Marazuba y sus compañeros.

Peor aún, denuncia Yolanda, “dos de las detenidas fueron recientemente liberadas por la juez Araceli Trinidad Delgado, entonces encargada del Juzgado Quinto de Distrito con sede en Toluca, a pesar de que una de ellas tenía en su poder el teléfono de mi hija”, cuando fue detenida.

“Parece que no quieren ayudar a nuestra hija y a sus compañeros para que vuelvan a casa -dice Yolanda-. Me decepciona que las autoridades federales y estatales no los ayuden, ni siquiera porque son sus compañeros.”

Debió pasar un año entero para que, en diciembre de 2011, la Procuraduría General de la República (PGR) aceptara incluir a estos cuatro agentes en su programa de recompensas, y ofreció una gratificación de 10 millones de pesos a quien brinde información que permita localizarlos.

Además, según el Sistema Nacional de Seguridad Pública, al menos 594 personas desaparecieron en Durango de 2007 a la fecha, de las cuales 178 son mujeres.

Justo juez…

Son las tres de la tarde y Yolanda murmura, tan bajo, que sólo algunas frases pueden entender quienes se hallen cerca: “Suplícote -dice-, Justo Juez, me libres de todos mis enemigos, visibles e invisibles. La sábana santa en que fuiste envuelto me cubra, tu sagrada sombra me esconda, tu sangre me bañe, tu mano me cubra, tu mano me bendiga, tu poder me oculte, tu cruz me defienda y sea mi escudo.”

Yolanda lee la oración, apuntada en un pequeño libro, y al final sonríe.

“Son ya más de dos años y cuatro meses desde que iniciamos su búsqueda -dice- y no vamos a parar. Yo sé, algo en mi corazón me lo dice, que mi hija sigue viva.”

Bordado en homenaje a Marazuba, Elberth, Gustavo y Vicente, colocado de forma permanente ante la Estela de Luz, monumento rebautizado por las víctimas de la violencia en México como Estela de Paz.

Bordado en homenaje a Marazuba, Elberth, Gustavo y Vicente, colocado de forma permanente ante la Estela de Luz, monumento rebautizado por las víctimas de la violencia en México como Estela de Paz.

 

 

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