El atractivo de hacer turismo en Corea del Norte

Andrew Drury contó a la BBC sus experiencias en Corea del Norte. Foto tomada de la BBC.

Andrew Drury contó a la BBC sus experiencias en Corea del Norte. Foto tomada de la BBC.

Si está planeando sus vacaciones, ¿consideraría a Corea del Norte como destino turístico? Lo más probable es que, en medio de la creciente tensión en la península coreana, la respuesta sea no.

Sin embargo, más de 3.500 turistas occidentales visitan el país asiático cada año. Y se dice que los números están incrementándose.

El enigmático país no es una opción barata: una excursión típica de cinco noches cuesta unos US$1.550. Entonces, ¿cuál es la atracción de esta nación?

Carl Meadows es guía turístico especializado en Corea del Norte y ha visitado el país 15 veces en los últimos ocho años.

“Los grupos a menudo están formados por viajeros experimentados, de mente abierta, que han escuchado muchas cosas sobre este lugar y desean comprobarlo por sí mismos”, le dice a la BBC.

“Pyongyang es una ‘ciudad escaparate’. La mayoría de la gente encuentra fascinante pasar un tiempo en lo que es una de las capitales más extrañas del mundo”.

Lo que la mayoría de los visitantes extranjeros encuentran al llegar es una panorámica cuidadosamente arreglada de una hermética república, explica el periodista de la BBC Alex Campbell.

No hay casi ningún signo de pobreza, escasez de alimentos o abusos de derechos humanos que perjudiquen a su población.

De hecho, mientras están en Pyongyang los turistas pueden esperar estar bien alimentados y que se les trate como “huéspedes del Estado”: se les hospeda en hoteles especiales para turistas y se les trata en hospitales para extranjeros.

“Igual que Marbella”

Las visitas a museos, monumentos y otros sitios se planean con precisión militar.

Cuando los turistas salen de los hoteles que se les han designado siempre son acompañados por guías y un chofer.

Sin embargo, tal como señalan los operadores turísticos, cualquier occidental que desee visitar el país –y que no sea periodista– recibe con facilidad una visa.

Andrew Drury es un “turista aventurero” de Surrey, Inglaterra, y ha viajado con su primo Nigel Green a muchas de las zonas más peligrosas del mundo, desde Mogadiscio, en Somalia, hasta Irak.

De 47 años, y con cuatro hijos, este director de una empresa de construcción pasó una semana en Corea del Norte el año pasado.

“Comparada con Mogadiscio, que realmente es peligrosa, ir a Pyongyang fue como ir a Marbella”, dice.

“El país está tan deteriorado y es tan pobre que realmente es risible que estemos preocupados de que puedan comenzar una guerra. No podrían mantener la electricidad funcionando durante más de media hora”.

“Creo que las habitaciones de los hoteles están cubiertas con micrófonos ocultos”.

“Nuestros guardias de seguridad salieron del elevador en un piso y nosotros seguimos hacia nuestras habitaciones. Queríamos intentar salir del hotel sin ellos, pero cuando estábamos bajando el elevador se detuvo en otro piso sin número y entraron ellos. Nunca pudimos escaparnos”.

“Se llevaron nuestros teléfonos y computadoras en la frontera pero no pudieron entender lo que era un iPad así que se nos permitió quedarnos con él”.

“No hay internet así que no pudimos enviar correos. Cuando le mostré algunos de mis videos a una mujer que estaba en nuestro equipo de seguridad ni siquiera sabía quiénes eran los Beatles”, expresa Drury.

Es probable que todas las excursiones por la capital incluyan el arco del triunfo más grande del mundo, las estatuas gigantes del “eterno presidente” Kim Il-sung y su hijo Kim Jong-il, y el palacio convertido en mausoleo se exhiben los restos de ambos.

“Cuando la gente habla de Kim Il-sung y Kim Jong-il, llora, es increíblemente sincera y 100% genuina”, dice Carl Meadows, cuyo empleador, Regent Holidays, lleva a unas 300 personas al año a Corea del Norte.

“Advertimos a la gente que no debe decir nada negativo sobre los líderes o antiguos líderes porque en el país se les trata con verdadera veneración”.

También se dice que son muy populares las excursiones a la Zona Desmilitarizada, un territorio neutral fuertemente vigilado entre el norte y el sur.

La mayoría de los viajes de occidentales a Corea del Norte se realizan en pequeños grupos. Los operadores especializados reservan los itinerarios y arreglan las visas con un organismo estatal norcoreano de turismo.

Los números exactos de visitantes occidentales no se dan a conocer pero se dice que se han incrementado gradualmente desde que Corea del Norte abrió sus fronteras al turismo occidental en 1987.

Campo virgen

Los turistas a menudo llegan a Pyongyang por tren o avión desde Pekín, utilizando la línea aérea estatal Air Koryo o la china Air China.

Pero la libertad para deambular por el país se deja en la frontera, junto con la tecnología, como teléfonos y laptops.

La excursión de Andrew Drury incluyó una visita, solicitada por él, a una antigua y deteriorada montaña rusa y pasó un inusual par de horas lejos de sus cuidadores.

“Eventualmente logramos escaparnos de ellos por un rato pero en realidad no había mucho qué ver”, señala.

“La mayoría de los grandes hoteles y edificios allí están vacíos, son sólo cascarones”.

“No es peligroso. No desean que se les vea como agresores. Y quieren darte la impresión de que todos en el país son felices”.

“Corea del Sur es vista como un régimen imperialista estadounidense donde la gente algún día será liberada, y realmente lo creen”.

Tal como explica Alex Campbell de la BBC, en Pyongyang hay cada vez más restaurantes pero las pocas tiendas de la ciudad no reciben con agrado a los turistas.

Y uno de los paseos incluye una visita a un enorme parque central para que los turistas vean a los residentes disfrutando de un día de campo.

También pueden arreglarse giras al campo virgen y a las pintorescas montañas, lagunas y desfiladeros de la región del Monte Kumgang.

“Hay mucho que ver y algo de flexibilidad sobre los lugares a dónde se puede ir pero un visitante no puede pasear solo. Todo tiene que ser arreglado con anticipación”, explica Meadows.

“Pero se te trata muy bien y los alimentos son abundantes. Los guías tratan de promover la imagen de un Estado abundante y la gente por lo general queda muy sorprendida por la calidad”.

Advertencias

La agencia de viajes Lupine, basada en Lancashire, Inglaterra, organiza viajes a Corea del Norte para entre 300 y 400 turistas al año.

“Cuando comencé el negocio el objetivo de mi mercado eran los mochileros, pero nunca llegué a esos clientes. Ahora tengo un grupo amplio de viajeros de entre 18 hasta 85 años”, explica a la BBC el director de la agencia, Dylan Harris.

“Es la curiosidad. Mucha gente lee sobre el país y quieren verlo por sí mismo”.

Harris recibió un correo la semana pasada de la Asociación de Amigos Coreanos (KFA), una organización afiliada al gobierno norcoreano, con una advertencia sobre la posibilidad de una guerra inminente.

Pero no tiene planes de cancelar sus excursiones.

“Tengo un grupo reservado para un viaje dentro de cinco días así que tengo que tomar una decisión al respecto”, dice el director de la agencia.

“Nunca dejaría que alguien viajara a un lugar donde podría estar en peligro. Pero por ahora no pienso que haya ningún riesgo”.

Pero ¿es ético visitar un Estado que ha sido repetidamente censurado por la forma como trata a su pueblo?

Nicholas Bonner, quien fundó en 1993 Koryo Tours, la agencia especializada en viajes a Corea del Norte más antigua, dice entender “la cuestión moral pero se debe adoptar una posición y decidir si queremos ir o no”.

“Creo que es uno de los lugares más gratificantes que se pueden visitar. Es el hecho de que vas a entrar a una sociedad totalmente diferente y a ver uno de los países menos visitados del mundo”.

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