Juanele, un físico que hace cómics

Patote

El gran Charles Chaplin decía que no hay día más perdido que aquel en que no hemos reído. Y el libro de cómics Patote, de Juanele (Editorial Resistencia, 2013) es un antídoto eficaz contra el enojo o esos días insufribles que llegan inesperadamente. Las ocho tiras son una muestra notable de ese Patote vagabundo, sin fortuna y que tiene que mantener a sus primos Patas negras y Pato blanco, un par de estafadores profesionales que todo les sale mal.

Juan Manuel Ramírez de Arellano es físico de profesión y se transforma en Juanele cuando hace cartones que retratan la vida cotidiana con una buena dosis de fantasía y “pachequez”. Pareciera que las historietas del doctor en Ciencias Físicas por la UNAM son inofensivas, pero hay que abrir los ojos bien para detectar ciertos guiños irónicos y actitudes ácidas de Patote cuando lo desquician sus primos incómodos o los demás personajes como Chonito, su compadre y dandy incurable; el ratón bubónico, un pequeño defraudador; y el gusano Cuco, el único que tiene dinero y es un sin amigos.

El libro abre con la tira cómica “El buen amigo Joe”, un enredo divertido donde una torta de tamal cobra vida y se pasea por las calles de la ciudad; en “La clase trabajadora” se confirma lo que alguna vez se le escucha a las madres: buscas trabajo pidiéndole a Dios no encontrarlo. Ni de saca borrachos, ni de meseros sirven Patas negras y Pato blanco. Uno de los momentos más sobresalientes del libro se encuentra en la historieta final “Es la historia de un amor…”, el primo de Patote se enamora ciegamente de Rhonda, una patita tramposa que juega con sus sentimientos para quedarse con las ganancias de las tranzas.

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Hace dos décadas nació Patote. Precisamente tres patos eran las mascotas de aquel jovencito que comenzó a imaginar situaciones chistosas para esas aves que nunca estaban en paz. Antes era muy común que en los mercados o tianguis vendieran sin restricciones patos, pollitos, gallinas y conejos, y estos formaran parte de las familias. Juanele hizo infinidad de bocetos y microhistorias que repartía entre sus amigos en fotocopias tamaño carta.

Desde los seis años el mundo del cómic estaba en su casa con los “cuentos” que su padre leía como Condorito, Conan-El bárbaro, El Hombre Araña, Batman y La Familia Burrón. En cambio, a su madre le fascinaba La pequeña Lulú, La pantera rosa, Periquita. El mozalbete leía todas esas páginas coloridas pero su personaje favorito siempre fue el Pato Donald. Agarraba una pequeña libreta y comenzaba a copiar a esos “monitos”, pero también trataba de llevar las escenas al papel de series de TV como Los intocables o Mister Ed, el caballo que habla.

Juanele decidió estudiar Física porque de niño tenía la curiosidad de conocer cómo funcionaba el universo. Le gustaban las matemáticas, pero cursar una ingeniería no lo convencía del todo, así que siguió la ruta de la ciencia que estudia la materia y la energía. Algunos de sus colegas se ofenden porque dice que hace cómics como un pasatiempo, y esto no significa que sus trazos carezcan de lucidez y emoción. Al contrario, para este chilango de 30 años dibujar es fundamental en su vida, pero es consciente que gracias a la Física puede financiar sus proyectos gráficos y editoriales.

El admirador de Abel Quezada, Carl Barks y Sergio Aragonés comenzó a publicar sus cómics en 2003 en la revista Aguiluchos de los Misioneros Combonianos, pasó por la sección “Histerietas” de La Jornada en 2004. Colaboró en las revistas El Chamuco, MAD México; ¡#$%&! Cómics (Monterrey); Karton (Polonia) y ¡Caramba! (España). En 2009 publicó De Senilidad y otras historias y en 2011 el libro Moquito y el secreto del convento mutante (Editorial Resistencia).

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-¿Cuál fue el momento decisivo que te impulsó a dibujar de una forma profesional?

Aprendí a dibujar de manera autodidacta. En 2007 –gracias a mi novia- metí una historieta a un concurso de Transparencia de la Información que organizaba el municipio de Ecatepec y lo gané. Ahí surgió un personaje que se llamaba “El mil tamales” que era un luchador y también presidente municipal. Pero era corrupto y la historia trataba de que el pueblo se le echaba encima porque él era muy opaco en sus gastos. Fue algo sencillo de cuatro páginas. A partir de que gané ese premio me metí más en serio a dibujar. Siempre he identificado ese momento como el punto en que me decidí a crear historias en serio, porque antes de eso me dedicaba casi por completo a mi carrera. En la Prepa 6 de Coyoacán fue cuando más o menos le dí forma a Patote y empecé a crear otros personajes como mis perritas que se llamaban Macuca y Chucha.

-¿En qué han cambiado tus dibujos del 2007 a la fecha?

Sigo como autodidacta, pero a partir de que me metí a la página deviantart.com cambié mi forma de pensar mis contenidos. Es una página que ahora está en caída, pero en 2007 era “la página” para todos los que les gustaba dibujar: artistas, fotógrafos, pintores. En ese tiempo la página era muy visitada y ahí conocí a mucha gente, ilustradores como Augusto Mora, Luis Fernando, Edgar Clement, Patricio Betteo, Micro, a muchos artistas de Estados Unidos y Australia.

-¿Cómo defines el humor de las tiras de Patote? ¿Es un humor blanco?

Crecí con un humor muy Pato Donald, Los Simpson. No sé si es un humor blanco, pero creo que es un humor inteligente, sin pretensiones, con la convicción de no denunciar nada, ni expresar algún mensaje político, nada más quiero hacer reír a la gente, que se la pase bien. Me gusta el trabajo de Jis y Trino pero no me identifico con su humor, no tengo ningún problema con las groserías. Tengo otros recursos y siento que no necesito ese tipo de palabras o situaciones para sacar alguna carcajada. Los cartones que hacen Jis y Trino son perfectos y sus diálogos también lo son. En mis cartones ese tipo de humor se vería forzado.

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-¿De dónde salió la idea de la chamba “saca borrachos” que plasmaste en “La clase trabajadora”?

Recuerdo que un amigo me dijo que trabajó de saca borrachos en un bar. No sé si es muy común, pero tengo varios conocidos que trabajaron de eso y pues dije a ver qué tal. Dibujo cosas exageradas que en un inicio le pasaron a alguien cercano o que simplemente vi en el Metro. El violador anónimo es como si fuera un vendedor del Metro, casi todos los diálogos son reales, son transcripciones de cosas que he escuchado.

-Veo que también tienes una obsesión por los tamales.

Los tamales siempre están presentes en la mesa de todos…

-No creo que eso desayune Slim…

En su mesa seguramente habrá tamales rellenos de caviar o de jamón serrano jaja. Más que el tamal como alimento, me da risa como se escucha, se me hace chistoso, su aspecto es raro. Es un alimento que sólo existe en América Latina, en el resto del mundo no saben bien ni qué es. Por ejemplo, la famosa “guajolota” nada más existe aquí en el DF y es otra cosa que define el perfil de mis seguidores. Cuando checo el número de visitas de mi sitio casi todos son de la Ciudad de México, trato de que aumente para otros lados, pero es inevitable el humor chilango.

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-¿En qué estado de salud se encuentra el cómic mexicano?

Comparado con Estados Unidos, Francia o Japón sí estamos en pañales, pero no sólo en el campo de cómic sino en cualquier aspecto como salud, educación, seguridad. Entonces no es extraño, es un reflejo de la sociedad. Sin embargo, se encuentra en un buen momento. Desde 2007 está mucho mejor la escena, está creciendo muy rápido, exponencialmente. Hay mucha gente joven haciendo cosas interesantes, tanta, que ni la conozco. Antes sí se decía que éramos pocos, que todos nos conocíamos y nos saludábamos de mano como los fanáticos del Atlante, jajaja. Pero ahora no. En Internet hay un montón de nuevos ilustradores con mucha calidad. En ese aspecto puedo decir que estamos a la par de cualquier país. En cuanto a distribución y que se pueda vivir dignamente del cómic pues eso sí no. Por ejemplo, en Francia un autor hace un cómic o dos al año, pero es un álbum de 70 páginas y con eso vive bien porque la editorial le paga bastante porque se vende mucho, entonces allá sí ganan como autores. Aquí no, yo no vivo del cómic, es mi gusto y como es mi gusto lo hago sin esperar sacar los millones.

-¿Qué elementos debe tener un buen cartón?

En cuanto a mis propios cartones, soy muy simple. Están buenos si me hacen reír, si lo que ando dibujando no me hace reír no sirve. De otras personas, en cuanto al dibujo no me siento con la autoridad porque no soy el gran dibujante. Hay cosas básicas: si los textos no se leen o el personaje no tiene las proporciones adecuadas. Dicen que un cómic con mal dibujo pero con buena historia se salva, pero al revés no. Se requiere una combinación equilibrada dibujo-guión.

*Si quieres conocer más el trabajo de Juanele checa su página: http://www.moco-comics.com/

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