Lo que hay detrás de ola de violencia en Michoacán

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Policías emboscados en comunidades rurales, carreteras bloqueadas por autobuses y automóviles incendiados, una protesta civil disuelta a tiros por grupos armados.

Es la vida en una parte de Michoacán, al occidente de México, que durante meses pareció recuperar la tranquilidad después de seis años en una guerra entre carteles.

El estado vive una nueva ola de violencia que según especialistas y autoridades es parte de la disputa entre dos carteles de narcotráfico, a la que se añade el surgimiento de grupos de autodefensa civil.

El gobierno federal aplica en la zona una nueva operación que incluye el despliegue de cientos de soldados, infantes de la Marina y Policías Federales.

Hasta ahora su presencia no ha logrado evitar el enfrentamiento entre los grupos, ni tampoco los ataques a convoyes de policías.

Especialistas como José Reveles dicen que la delincuencia organizada desafía a las autoridades. Pero el vocero del gabinete de Seguridad, Eduardo Sánchez, afirma que es un acto de desesperación.

“Les golpeó severamente al bolsillo y el interés económico de los delincuentes que operan en aquel estado”, dijo a medios locales.

Historia

La violencia que ahora se vive en Michoacán tiene varios capítulos y personajes, señalan especialistas y autoridades.

Uno es la batalla que desde hace dos años libran los carteles de Jalisco Nueva Generación y Los Caballeros Templarios, que pretenden controlar la producción de droga y las rutas de tráfico en la zona montañosa del sur del estado, conocida como Tierra Caliente.

El primer grupo es una escisión del Cartel de Sinaloa, del que se separó tras la muerte de uno de sus principales líderes, Ignacio Coronel, El Nacho.

Los Templarios surgieron de la fractura interna de La Familia Michoacana, a la cual despojaron el control de la llamada Tierra caliente, una zona montañosa al sur del estado.

Otro capítulo es la aparición de grupos civiles de autodefensa, que en municipios como Tepalcatepec, Carrillo Puerto o Coalcomán buscan protegerse de los Caballeros.

Durante algún tiempo, esta banda convivió en relativa calma con los pobladores de Tierra pues ofreció expulsar a los narcotraficantes que aún permanecían en la zona, y garantizaron respetar a las comunidades, según recuerda José Manuel Mireles Valverde, consejero general del Consejo de Autodefensa de Tepalcatepec.

“La población civil dijo: mientras no te metas conmigo todo está bien y honestamente los veíamos pasar por las calles, bien armados, varias camionetas con muchas personas armadas pero como si fueran fantasmas”, le dijo Mireles a SubVersiones, Agencia Autónoma de Comunicación.

Pagar por vivir

Pero la paz se perdió cuando los Templarios faltaron a su palabra. La banda se dedicó a secuestrar a agricultores, empresarios y ganaderos, e incluso empezó a cobrar cuota por toda la producción agrícola y la actividad comercial de la región.

“La delincuencia empezó a extorsionar a todos, se metieron con gente de mucho dinero como los ganaderos, los productores de aguacate”, explica a BBC Mundo el analista José Reveles.

“Tienen la lista de cuántos kilos de limón, carne o aguacate producen, los metros que mide su casa. A partir de allí les cobran. Si la gente quiere vivir tiene que pagar. Por eso se hartaron”.

Pero la reciente actividad de los grupos de autodefensa es sólo una parte del problema. Especialistas como Ricardo Ravelo recuerda que durante meses el gobierno federal prácticamente se ausentó del estado, lo que permitió el avance de los carteles.

Ahora pretenden apaciguar los ánimos con una estrategia que ya se ha ensayado, asegura José Reveles. Desde 2006, cuando desde Michoacán el entonces presidente Felipe Calderón declaró la guerra al narcotráfico, en el estado se han desplegado miles de soldados, marinos y policías. “Es más de lo mismo, eso no ha funcionado”, afirma.

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