El manual ilustrado de los hipsters, un cómic poco mainstream

Con una historieta, el artista gráfico yucateco Jorge Pinto, se acerca a este grupo para intentar definir "¿qué demonios es un hipster".

El manual ilustrado de los hipsters, un cómic poco mainstream

“No, no soy hipster”. El artista gráfico yucateco Jorge Pinto es contundente al negarlo, pero es difícil creerle. El libro que recién publicó, Hipsters (un manual ilustrado), lo dice bien claro: “eso dicen todos los hipsters”.

El también autor de Bunsen Cómics, una tira sobre científicos y sus animales de laboratorio, encuentra en sí mismo y la experiencia de sus estudios universitarios la raíz del proyecto editorial que hoy lo ha puesto en el centro de los comentarios de diversos medios informativos: definir ¿qué demonios es un hipster?

Graduado en Dirección de Arte, el trabajo de Jorge Pinto va para seis años con el cómic en la web, además de colaboraciones con diversas revistas, proyectos académicos, instituciones públicas o la ilustración impresa en la portada de Federico en su balcón, novela de Carlos Fuentes de publicación póstuma.

Desde el nombre de su profesión, con sonido de arquetipo de lo fuera de lo común, el camino que lo llevaría al libro recién publicado por Editorial Aguilar, es bastante claro y como tal lo asume.

La propia carrera, como comentó, está llena de hipsters: esa “subcultura” que pareciera nueva y no lo es, determinada a separarse de lo que consideran mainstream (demasiado popular o comercial) a como dé lugar.

muestra1

De ahí que se la pasara durante sus estudios en la Escola de la Imatge de Barcelona, España, interactuando entre personas con esas características, además del uso de una indumentaria particular, dispositivos de comunicación específicos y un discurso basado entre otras cosas, en “creer que tienen mejor gusto que las personas que los rodean”.

Estaba rodeado, añade con un claro dejo de ironía, de todo este tipo de gente; personas con estos gustos, estas formas y esos impulsos. “La curiosidad que he tenido siempre y el interés por entender cómo se relacionan las personas provocaron que por mucho tiempo me pusiera a tomar notas de todo lo que veía y vivía.”

Es así como construye una recopilación de anécdotas, observaciones, datos específicos que van dando forma al discurso que finalmente integra la disección satírica que hace de esa subcultura en el libro. Para muchos, podría ser la obra en la que se reconoce como un hipster más.

“Fue todo un proceso interesante que dio por resultado un texto con todas las observaciones, datos y comentarios. Luego el texto mismo pidió los dibujos y fue un proceso muy orgánico (reconoce que así lo diría justamente un hipster) que llevó al trabajo final de crear el libro también un poco como un cómic”, explica Pinto en una charla telefónica que tiene lugar luego de contactarlo por mensajes directos a su cuenta de twitter y de un primer contacto anterior por Skype,

muestra4

“Es un trabajo satírico que nació de ese análisis, un tanto cínico, hasta cierto punto pedante”, dice en la charla con Animal Político en la que también recuerda el nacimiento de otros proyectos como Bunsen, cuya importancia previa a Hipsters (un manual ilustrado) es vital pues uno de los personajes más famosos y seguidos del web-cómic, Arturo Navarra, es precisamente un hipster y quien sustenta la narrativa del libro.

En un principio, Bunsen, cuyas historias transcurren en un laboratorio científico, tenía la intención de convertirse en un proyecto de cómics que sirviera para divulgar contenidos relacionados con la ciencia y la tecnología. Sostenerlo de tal forma fue difícil, dado que su propia formación profesional no estaba en esa área.

Sin embargo, su interés personal por todo lo tecnológico y esa relación referida, lo hizo mantenerse y seguir publicando; además del incremento de lectores a través de internet.

Las historias del web-cómic trascenderían esa primera intención y se convertirían en asuntos sobre la relación entre las personas y el uso de la tecnología a la mano: las computadoras, los teléfonos móviles, reproductores de audio y video, soportes para grabación y almacenamiento de contenidos, entre otros.

En una siguiente etapa decidió fijarse más como esa interacción con la tecnología estaba determinando o transformando la relación entre los propios seres humanos, a nivel sociedades o más íntimamente en la forma que establecemos lazos con una persona.

Pero jamás desde una perspectiva en la que satanizara o pontificara esa relación, aclara Pinto, simplemente tratando de contarla de una forma entretenida y que pudiera también generar la reflexión personal en los lectores (o usuarios) del cómic, entendiendo que él mismo y Bunsen formaban parte de ese entorno que se volvió el motivo de las historias.

muestra5

Incluso, reconoció como su interacción con los lectores, conocidos o desconocidos, se convirtió en una especie de guía temática para construir los guiones que pondrán a los personajes de Bunsen en nuevos aprietos, reflexiones o aventuras cargadas de un alto nivel de sarcasmo.

El Manual ilustrado ¿es usted, quien lee, un hipster?

Contrario a lo que muchos pensarían, no es una moda. Tampoco surgieron por generación espontánea. Estaban aquí, entre la sociedad humana mucho antes de que convirtieran en sus puntos más notorios de interacción a la más famosa franquicia de café en el mundo y a los sitios marginales de la cultura pop de Nueva York, Barcelona, Buenos Aires, París o el DF.

Reconocerlos no es difícil, poseen códigos específicos de pensamiento, imagen, formas de relacionarse o “separarse” del resto de la sociedad. Una premisa es negarse a ser clasificados. La originalidad es su bandera.

Usando la ilustración como soporte comunicativo –como diría un buen hipster, para no sonar común-, Jorge Pinto recurre en su libro al sarcasmo y la ironía para hacer un retrato profundo de los hipsters con el que algunos lectores terminarán por odiarlos más, o quizá comprenderlos y hasta amarlos.

Tal vez simplemente lograrán serenarse, trabajar en la aceptación personal, salir del clóset y reconocer que aun cuando no usen pantalones entubados de color extremo o lentes de pasta gruesa, o paseen a su perro faldero y se tomen un par de mezcales en la colonia Condesa, también son eso: hipsters.

Pinto rebusca desde el pasado y descubre a Cristóbal Colón, como un personaje de esa subcultura. Pudiendo seguir la ruta conocida hacia “Las Indias”, Colón rechazó finalmente la propuesta y siguió una ruta propia que demostraría, como buen hipster, que sabía de algo más que los demás.

No contento con ello, indaga más e identifica orígenes bíblicos antes de Cristo en la historia de “Jabal, hijo de Namech, un explorador y ganadero, prefiere utilizar campamentos a la antigua porque las casas de ladrillo son comerciales a los ojos del Señor (Génesis 4:20)”.

muestra2

La preferencia de Jabal, según la tesis de Pinto, está basada en que lo comercial es mainstream y los campamentos a la antigua son alternativos, diferentes, una de las premisas básicas del pensamiento hipsteroso –de ahí la obsesión, expone más adelante en el libro, de usar los efectos de Instagram para dotar de una imagen de antigüedad a sus fotos.

“Son personas que se consideran fuera del ‘mainstream’, es decir, de la cultura general que consumen las personas promedio […] Su mundo es mucho más grande que eso: aprecian el buen arte, las tendencias internacionales y la alta cultura. O eso dicen”, señala el texto.

El libro no deja de lado la crítica a la vacuidad que también se ha conformado dentro de esa corriente, donde identifica una suerte de conformismo y actitud cínica o de menosprecio arrogante de parte de algunos de los integrantes de esa tribu urbana.

Desde la comodidad de manifestarse como revolucionarios permanentes e identificarse con causas sociales o ambientales, pero sólo a través de sus cuentas de Facebook y Twitter, hasta seguir viviendo en casas de sus padres y aceptar trabajos de bajos salarios, como una forma abierta de manifestarse contra lo establecido.

Son, como en el libro lo expresa, revolucionarios de internet. Se manifiestan contra el “orden establecido” por la economía capitalista. Rechazan la producción masiva, la comercialización, apelan por la conservación del ambiente, por ayudar a los pobres, pero navegan dentro del mismo sistema.

Llevan lentes de moldura gruesa de pasta (si son de diseñador, mejor); no usan “pcs” sino “Macs”. La compatibilidad es necesarísima. No portarán otra computadora porque son usuarios de iPhone.

muestra3

Es posible que Hipsters (un manual ilustrado) sea un libro determinante en la carrera de Jorge Pinto, pero eso sería demasiado común, muy comercial y haría que fuera tasado por los hipsters de la misma forma que el trabajo de otros artistas: era mejor al principio, pero luego se comercializó.

También podría convertirse en moda y por eso ser menospreciado en la misma sociedad hipsterosa. Sin embargo, en un par de décadas, los hipsters del futuro podrían revalorarlo como una publicación de culto, aclarando siempre que no es del común.

 

Close
Comentarios