El caso Heaven, desde la óptica de los niños que no volvieron a ver a sus padres

Son las voces de los tres niños y de las cuatro niñas que ansían el regreso de sus mamás (o de su papá, en el caso de uno de ellos), los cuales, según la Comisión de Derechos Humanos del DF han buscado sus propias formas de explicarse el rapto colectivo en el bar Heaven.

El caso Heaven, desde la óptica de los niños que no volvieron a ver a sus padres
Protestas en el barrio de Tepito por los jóvenes desaparecidos en el Bar Heaven de la Zona Rosa. //Foto: Cuartoscuro
Foto: Cuartoscuro.

Foto: Cuartoscuro.

Hace cinco meses –cumplidos exactamente el pasado sábado 26 de octubre–, 13 personas fueron secuestradas cuando se hallaban en el bar Heaven, de la Zona Rosa, y hasta el momento se les tiene por víctimas del delito de “desaparición involuntaria”. Y a esa cifra, además, hay que sumar a decenas de familiares que, desde el 26 de mayo, viven en depresión y estrés postraumático, y cuyas voces “desesperadas” la ciudadanía ha venido escuchando, una y otra vez, en su público e insatisfecho reclamo de justicia.

De entre esas voces desesperadas, sin embargo, hay algunas que no han tenido eco, que no han sido escuchadas ni atendidas: son las voces de los tres niños y de las cuatro niñas que ansían el regreso de sus mamás (o de su papá, en el caso de uno de ellos), los cuales, según la Comisión de Derechos Humanos del DF (CDHDF), han buscado sus propias formas de explicarse el rapto colectivo en el bar Heaven, a partir de la información que alcanzan a captar de las pláticas de sus abuelos y tíos, o de las notas, muchas de ellas criminalizantes, difundidas por los medios de comunicación.

Ellos son los dos hijos de Gabriela (de cuatro y nueve años), el hijo de Julieta (de seis), el niño y la niña de Monserrat (de seis y nueve), la hija de Karen (de cuatro) y el pequeño de Omar (de 12 años), todos los cuales “hacen por separado sus propias elucubraciones, tratándose de explicar el paradero de sus madres y padre, así como de las razones de lo ocurrido”, y quienes transitan del enojo a la tristeza, según la evaluación psicológica realizada por la CDHDF, los cuales reconocen que siempre lloran y están asustados, y que, a cinco meses de la desaparición de sus tutores, se describen a sí mismos como niñas y niños “pensativos”.

“Si fuera un hijo de ellos…”

Según las conclusiones a las que arribó el ombusman capitalino, incluidas en su recomendación 19/2013, todos los hijos e hijas de las víctimas raptadas en el bar Heaven “experimentaron tristeza, que en cuatro de los casos se acompañó de llanto, en dos de susto y en uno de enfado“, además de que, durante la evaluación realizada, se pudo constatar que es “muy marcado el nivel de violencia que expresaban los niños y niñas en su relacionar”, reflejo de lo cual es la angustia impresa en algunas de sus opiniones, y su juicio adverso sobre el actuar de las autoridades.

“A mi mamá se la llevaron por bonita –fue la convicción mostrada por uno de estos menores, al ser entrevistado por la CDHDF–. Lo que pasa es que ella es muy bonita y pienso que la quieren para hacerle algo malo…”

“No puede ser que no puedan rastrearlos –fue el reclamo de uno más–. Con tanta tecnología, no creo que no puedan encontrarlos…”

“Está mal que no hagan nada al respecto los procuradores –remató otro–, porque si fuera un hijo de ellos, moverían todo el mundo…”

Fe…

Del enfado a la tristeza va la escala de emociones que fueron analizadas en estos niños y niñas, cuya identidad es resguardada por la Comisión de Derechos Humanos del DF para garantizar su seguridad y sano desarrollo. Una emoción más, no incluida en dicha escala, aflora sin embargo en los comentarios vertidos por ellos y ellas: la esperanza.

“Pienso que a mi mamá se la llevaron por equivocación –afirmó uno de estos niños–, seguro la confundieron con otra persona a quien querían secuestrar. Entonces, pronto la dejarán regresar a la casa…

Uno de ellos, además, recordó que para apurar su retorno “hicimos una cadena de rezos, a las 8 de la noche, con una vela.”

Y otro más, por su parte, narró la forma en que uno de sus familiares “fue con una persona que le dijo que mi mamá está bien, pero que ya había tres muertos, que ya se estaba acabando su luz, (que) ya no tenía ganas de vivir. Pero yo creo que va a regresar.”

Sin embargo, aún con esperanzas, los hijos e hijas pequeñas de los jóvenes raptados son conscientes, con toda su crudeza, de lo ocurrido el 26 de mayo pasado en el bar Heaven.

“Yo me imaginé que prendieron todo –afirmó a los psicólogos de la CDHDF uno de estos niños–, y luego llegan unos chavos y entran y dicen ‘órale, sálganse, sálganse’, y luego, al que no hiciera caso, le disparaban.”

“Yo creo que fue con armas –es la conclusión de otro–, hubo armas, porque hubo armas, no iban a salir por su propio pie o decir ‘sí, yo los acompaño, vámonos’.”

“Yo pienso que estaban bailando –dijo otro– y ellos llegaron, y apagaron todo, y los sacaron con armas largas y los metieron en camionetas.”

Es de esta forma que, en oposición a la esperanza, la desesperanza surge.

“¿Ya cuántos días son? –se preguntó uno– No es un secuestro, es un levantón.”

Y es que, lamenta otro, “no ganaban nada con desaparecerlos, ¿qué están ganando? Todavía estuvieran ganando dinero, pero no…”

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