Redes sociales, útiles para descubrir el discurso de odio en una sociedad

Christopher Tuckwood, creador del proyecto Hatebase que recolecta palabras y expresiones de odio en redes sociales, explica cómo éstas pueden ser la base para evitar agresiones y violencia contra con los que son diferentes

Redes sociales, útiles para descubrir el discurso de odio en una sociedad

10661-francia-proh-be-mencionar-twitter-y-facebook-en-tv-y-radioSin el espacio que dan actualmente las redes sociales sería complicado acceder al “verdadero discurso de odio” que prevalece en prácticamente cualquier sociedad, pues el anonimato y la aparente “absoluta libertad de expresión” en esos medios permite que los usuarios se expresen abiertamente contra lo que rechazan.

Pese a las consecuencias que puede tener cualquier discurso de odio, Christopher Tuckwood, director ejecutivo y co-fundador de Sentinel Project for Genocide Prevention (Proyecto Centinela para la Prevención del Genocidio), dice que con las redes sociales los mensajes discriminatorios y violentos quedan en un foro abierto que permite documentar las “deficiencias” de una sociedad específica y con ello generar políticas públicas que las atiendan.

Si no existieran las redes sociales no habría manera de acceder a un tipo de discurso de odio que manifiesta cierto sector de la sociedad que permanece en el anonimato. Con las redes sociales se puede establecer qué tipo de odios permean en una sociedad que por encima, puede parecer distinta, pero en el fondo, tiene un problema que atender”, dice Tuckwood en entrevista con Animal Político.

Sobre el caso específico de México, el especialista en redes sociales dice que no conoce a profundidad la experiencia, pero reconoce que hay un análisis pendiente sobre grupos indígenas, mujeres y en las reformas a favor de la comunidad lésbico, gay, bisexual, transexual, transgénero e intersexual y si esto no ha incentivado un discurso de odio en redes sociales.

“En el proceso del discurso (de odio) se generan palabras comunes para dirigirse a un grupo específico, son palabras que alientan la agresión. Después de eso en las mismas redes sociales se sugieren acciones contra ese grupo todavía más violentas. Eso nos permite descubrir los discursos de odio en las sociedades”, explica Tuckwood, cuya organización civil lanzó apenas en marzo pasado el proyecto Hatebase, una especie de Wikipedia en la que invita a usuarios de redes sociales a registrar palabras y expresiones de odio que son típicas en sus comunidades o círculos cercanos.

En Hatebase actualmente México ocupa el noveno lugar como los países que más conceptos de odio ha registrado en diferentes ciudades, con el 5% de los 1,210 que se han dado de alta.

El 67.5% son palabras de odio en inglés, seguido por el 6% que se han registrado en español.

Según las estadísticas de estos primeros siete meses de Hatebase, cinco de cada diez palabras o frases de odio están vinculadas a la etnicidad, 26% a la nacionalidad, 6.85% a la religión y el resto a género, orientación sexual, discapacidad y clase.

Por región, en México las palabras de odio más registradas son las vinculadas a la etnicidad como “naco”, “indio” “chilango” o “mestizo”, junto con “puto” o “mayate”, que aunque varía dependiendo de la región, suele ser una expresión despectiva hacia los homosexuales. También hay menciones hacia términos como “retrasado mental” o “guajiro”.

¿Control o censura?

El Sentinel Project for Genocide Prevention actualmente estudia seis casos —Irán, Myanmar, Indonesia, Azerbayán, Kenya y Colombia— en donde el discurso de odio puede derivar en violencia como el genocidio.

Tuckwood explica que lo que han podido descubrir en estos países es que hay una “confusión generalizada” sobre los alcances de la libertad de expresión.

“Todavía hay personas que creen que la libertad de expresión es decir lo que sea, cuando sea, aunque sea violento y que incite al odio. El discurso de odio siempre trae consigo violencia y agresión y eso debe tener un control sin que se confunda con algún tipo de censura. Sí se debería poder tener alguna restricción cuando es evidente que tenemos un mensaje que incite al odio, a la violencia, a la agresión de otros por creerlos diferentes”.

Lo que esta organización con sede en Toronto busca es que los gobiernos tomen en cuenta las frases y palabras de odio más repetidas en sus comunidades para crear programas de capacitación y de sensibilización para funcionarios y la sociedad en general.

“Lo que debemos hacer es estudiar las redes sociales y educar sobre las deficiencias que vemos. No se trata de una regularización digital, las leyes podrán decirte y obligarte a no decir cosas discriminatorias o racistas pero jamás podrán controlar la manera en la que piensas y la manera en la que te sientes”.

En México, el mes pasado, Carlos Bravo Regidor, profesor e investigador del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), recolectó varios mensajes publicados en Twitter vinculados a la protesta social que encabezaban los profesores de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) en la que instalaron un platón en el Zócalo de la Ciudad de México y realizaron diversos bloqueos viales.

Entre éstos, destacaban frases como “indios de la #CNTE vayan a bloquear su pueblo”, “pinches nacos de la #CNTE creen que con un supuesto movimiento van a llamar la atención, vayanse mejor a cultivar sus milpas pinches indios”, “ojala bañaran en gasolina y les aventaran un cerillo a los del #CNTE, malditos indios mediocres”, “los maestros del #CNTE vienen de estados costeños o sea prietos, apestosos y revoltosos”.

Al respecto, Christopher Tuckwood dice que es necesaria una estrategia persuasiva de los gobiernos estatales y federales que haga énfasis en “combatir las consecuencias del discurso de odio”.

“Educar contra esa deficiencia, educar para no fomentar el odio contra aquello a lo que nos oponemos o no coincidimos. Que el discurso de odio no sea nunca una opción ante el rechazo o la oposición, menos ante las diferencias”.

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