El maestro que revoluciona la mente de sus alumnos

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Cuando la revista estadounidense Wired mostró en su portada el rostro de una niña mexicana a la que nombró “la próxima Steve Jobs”, el interés sobre Paloma Noyola se desató entre los medios locales e internacionales. Todos trataban de entender por qué la publicación especializada en tecnología había nombrado así a la chica.

El secreto estaba detrás de un hombre, su profesor de educación primaria.

En las decenas de subsecuentes entrevistas, programas de televisión y radio, la niña hizo referencia a Sergio Juárez Correa, el maestro de 31 años que había decidido implementar métodos de enseñanza nunca antes vistos en la pequeña escuela José Urbina López situada al lado de un basurero en la ciudad fronteriza de Matamoros, en Tamaulipas.

Los resultados no sólo le dieron el primer lugar nacional en matemáticas a Noyola, también a otros 13 alumnos que obtuvieron lugares destacados en la prueba que mide los resultados a nivel nacional y mostraron un incremento en el rendimiento de todo el curso.

Cifras nada despreciables para el sistema educativo de un país que ha sido “reprobado” en evaluaciones internacionales, como la del Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes (PISA, por sus siglas en inglés) de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE). En 2010, México quedó en el último lugar entre los países que pertenecen a la organización.

Los reflectores ahora iluminaron al maestro.

La historia

Antes del inicio del curso 2011, Juárez había notado desde su escritorio el aburrimiento y desinterés de los niños que lo miraban sentados en su pupitre sin moverse. Las arduas condiciones que debían pasar para llegar a un colegio en una zona rural marginada no ayudaban. Algunos, simplemente, no asistían.

Juárez era su única fuente de conocimiento. Les impartía cada día más de ocho materias.

“Soy profesor de ciencias, matemáticas, español, historia, geografía, de ciencias… de todo”, contó el profesor a BBC Mundo, al explicar que los alumnos sólo cuentan con un maestro.

Desde la computadora de su casa, empezó a buscar “palabras clave” como tecnología, trabajo en equipo, trabajo activo, trabajo colaborativo.

“Una de ellas fue la palabra ‘inspirar’. Eso puede sonar muy simple pero si la llevamos a cabo dentro de un salón de clases, si tratamos de ligarla a un proceso de enseñanza y aprendizaje, creo que podemos lograr grandes cosas”, explicó Juárez.

Gracias a los resultados del motor de búsqueda, Juárez tuvo acceso a las ideas de investigadores, pedagogos y profesores sobre el trabajo en equipo y otras metodologías educativas innovadoras.

Se inspiró en métodos con pocas evaluaciones formales como los de las escuelas finlandesas o el de Sugata Mitra, experto en educación y tecnología de la Universidad de Newcastle en Reino Unido, que deja que los niños aprendan y exploren a través de la red.

“Una de las que más me funcionó fue la de dinámicas dentro del grupo… Y que descubran, descubran el conocimiento”, dice Juárez.

Foto Paloma Noyola

Obstáculos

Llevar a la escuela estas ideas revolucionarias no fue fácil. Primero tuvo que proponerlo a los directivos del colegio.

“Al principio dudé porque toda esta información que tenía era basada en experimentar pero (…) pedí permiso de cambiar la estrategia, el rumbo y pudimos no solamente sentarnos en el aula a hacer lo mismo de siempre, si no también innovar”, explica el profesor.

Juárez tenía todavía que vencer otros problemas prácticos. En la escuela no había internet y los alumnos –hijos de pepenadores (personal del servicio de limpieza público)- no habían estado frente a una computadora

“Ellos no tenían ningún acceso. A la mejor, algunos apenas tenían agua en su casa, no contaban con luz”.

Tras conseguir una computadora regalada, el maestro inició el experimento y dejó a los niños libres de entrar y ‘preguntar’ al artefacto sus dudas.

Los resultados no se hicieron esperar.

“Al principio, reaccionaron con miedo porque estaban acercándose a algo que en su vida jamás habían tocado. Descubrían cosas que ni yo había logrado explicarme. Habían logrado investigar, meterse a la web y conocer tantas cosas del mundo que para ellos parecían imposibles”, explica.

“Era tan diferente a los juegos que ellos habían utilizado hasta ahora, a las herramientas que usan como sus libros de texto (libros gratuitos elaborados por la Secretaría de Educación y de uso obligatorio en todas las escuelas)”, dice Juárez.

“Teniendo la herramienta se preguntaban situaciones de la vida diaria y era un conocimiento con base al descubrimiento”.

Juárez notó el cambio en el comportamiento de sus alumnos casi de inmediato. Se sentaban en grupo, elegían representantes, asistían a clases y aprendían con facilidad. Un logro para un país en el que, según algunos expertos, sólo la mitad de las personas menores de 15 años asiste a la escuela.

Casi al final del curso, pudo obtener un resultado cuantificable gracias a la prueba Enlace, un tradicional examen de opción múltiple que se implementa anualmente en las escuelas primarias –rurales, privadas y públicas- de todo el país.

Los resultados lo sorprendieron. Su grupo obtuvo un incremento de “casi 4% en cuestión de excelencia”. Paloma Noyola, la alumna que se distinguía por su participación y veloz aprendizaje, obtuvo el puntaje más alto en matemáticas y los medios empezaron a hablar de ella.

Según los resultados de la prueba, sólo 7% de los alumnos reprobaron matemáticas y 3.5% español. La comparación con el año anterior no dejó lugar a dudas: en 2010, 45% de los alumnos había reprobado matemáticas y 31% fueron insuficientes en español.

“No son genios”

Aunque Juárez dice estar muy feliz porque sus alumnos están destacando a nivel internacional, insiste en redimensionar los logros. No puede asegurar que Noyola sea una niña súperdotada. “Para eso se necesitan otros procesos”, dice.

“No es que sean genios o súper talentosos. Es que los niños están sedientos de algo nuevo, de ver cosas nuevas”.

Un tema delicado en un país en el que actualmente se discuten en el Congreso las leyes reglamentarias a la reforma educativa recientemente aprobada y a la que se oponen miles de maestros de la disidente Coordinadora Nacional de la Educación (CNTE).

Desde hace años, especialistas en educación en México han hecho llamados urgentes.

“De cada generación de mexicanos sólo la cuarta parte está preparada para seguir aprendiendo, tener un trabajo digno o pensar en concluir una carrera universitaria”, le dijo a BBC Mundo a finales del año pasado

David Calderón, director de la organización Mexicanos Primero que impulsa una campaña para reformar el modelo educativo del país.

Ahora, Juárez espera que toda esta atención mediática se traduzca en un cambio radical en los métodos de enseñanza y en el acceso a la tecnología en México.

“El mundo avanza demasiado rápido. Es importante que todos tengamos la oportunidad de tener acceso al internet, de manera guiada. No solo individual, que se utilice con la intención educativa”.

“¿Tienen más computadoras ahora?”, pregunto.

“No. Seguimos igual. Esperemos que en un futuro tengamos unas cinco. Pero aún no hemos visto nada”, contesta.

Por lo pronto, él ya está empezando a impartir cursos a otros profesores de la zona con la intención de que los maestros aprendan nuevos métodos. “Que los maestros también traten de buscar esas nuevas ideas.

Que dejemos este sistema (de enseñanza) a lo mejor cómodo para nosotros”, dice.

Con un sueldo de menos de US$500 al mes, Juárez también tiene planes para él: ha recibido algunas ofertas de becas y le gustaría estudiar una maestría “en educación, en tecnología, en alguna materia importante”.

Además, espera cumplir su gran sueño: viajar en avión.

“Esa experiencia no la he tenido todavía. Nada más por internet”, concluye.

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