Crece la movilización estudiantil por desapariciones de normalistas de Ayotzinapa

Las principales universidades públicas del país amanecieron este miércoles con un paro de labores de 48 horas aprobado por las asambleas estudiantiles de 30 escuelas y facultades de la UNAM, la Universidad Autónoma Metropolitana, la Universidad Pedagógica Nacional y la Universidad Autónoma de Chapingo en “solidaridad” con los estudiantes de Ayotzinapa.

Foto: Nayeli Roldán (nayaroldan)
Foto: Nayeli Roldán (nayaroldan)
Foto: Nayeli Roldán (nayaroldan)
Foto: Nayeli Roldán (nayaroldan)

Los jóvenes que suben al templete sostienen con fuerza el micrófono, lo hacen retumbar cuando gritan los nombres de los 43 estudiantes de la normal rural de Ayotzinapa desaparecidos el 26 de septiembre. Se desgañitan para pedir castigo a los tres órdenes de gobierno por el ataque perpetrado en Iguala, Guerrero, que califican como “crimen de Estado”.

Son estudiantes de diversas escuelas de la UNAM, el IPN, la UAM que llegaron hasta el edificio de la Procuraduría General de la República (PGR), ubicado en Paseo de la Reforma, para exigir una investigación que lleve al paradero de los jóvenes y no a “fosas repletas de cadáveres”.

Mientras los jóvenes llaman a “trascender la indignación con organización”, mientras representantes de San Salvador Atenco se solidarizan con el movimiento estudiantil, mientras María Herrera desea que nadie más conozca el dolor que provoca la búsqueda de un desaparecido, a unos metros, otros jóvenes comienzan su propia protesta.

La primera muestra de esa otra movilización sucede minutos antes del mitin, cuando un joven sube a una de las vallas metálicas que pretendían resguardar el edificio y pinta con aerosol rojo una de las ventanas: “Estado asesino. Vivos los queremos”.

Alrededor de las 18 horas, de entre la multitud se ve volar piedras que rebotaban apenas llegan a las paredes de cristal del edificio donde despacha el procurador Jesús Murillo Karam. Entonces, las cámaras de televisión y reporteros abandonan a los oradores del templete para grabar a los otros inconformes.

Los cristales parecen infranqueables hasta que una roca perfora la orilla de una ventana. Muchos gritan eufóricos por haberlo logrado. Lo intentan una y otra vez y consiguen un boquete. Son cuatro los hombres con el rostro cubierto que lanzan con la fuerza y tino suficiente para quebrar varios cristales. Son del grupo auto llamado anarquista cuyas formas radicales de movilización fueron mostradas el año pasado cuando las manifestaciones terminaban con bombas molotov, enfrentamientos y heridos.

En un extremo de la calle, los manifestantes gritan “vivos se los llevaron, vivos los queremos”. Aquí donde están los encapuchados se escucha: “esto no es violencia, esto es resistencia”, “eso no es violencia, es acción directa y resistencia”.

Una joven que sostiene una pancarta con el hashtag “JusticiaparaAyotzinapa” se dirige al grupo de reporteros: “prensa amarillista, la nota está allá (con los discursos)”; el reclamo llega a empujones entre jóvenes y camarógrafos, pero ambos se apaciguan después de algunos gritos.

Siguen las grabaciones de las pedradas mientras una joven blanca y regordeta se descubre el torso para que su compañero, vestido con traje militar y una máscara blanco y negro le escriba con tinta roja “prensa vendida”. Ella grita ¿Esto es lo que quieren? Nadie dice nada de los desaparecidos y las fosas y están aquí sacando la nota amarillista”.

Los encapuchados retoman el lanzamiento de piedras. No les importa que Ana Luisa Pérez, grite que a su hermano lo despareció la policía del Estado de México. Pese a llora y exige justicia, pese a que algunos medios acuden a entrevistarla, los jóvenes siguen con las rocas. Las levantan, las avientan repetidamente hasta que los cristales caen al suelo y tienen de nuevo la atención de las cámaras.

Tardan menos de una hora en romper los cristales, incendiar pancartas y un bote de basura. En los últimos minutos ya no se escuchan arengas y los observadores son menos. Los lanzadores optan por perderse entre el resto de jóvenes que aún se encuentra en la zona. Otros se reagrupan cuando escuchan el anuncio de la llegada de granaderos. Aunque no hubo presencia policiaca, deciden irse en grupo. El acto inicial se acabó y pasó desapercibido para estos protestantes que van gritando “metro popular, metro popular”.

Organización estudiantil

Las principales universidades públicas del país amanecieron este miércoles 15 de octubre con un paro de labores de 48 horas aprobado por las asambleas estudiantiles de 30 escuelas y facultades de la UNAM, la Universidad Autónoma Metropolitana, la Universidad Pedagógica Nacional y la Universidad Autónoma de Chapingo en “solidaridad” con los estudiantes de Ayotzinapa.

El lunes, apenas la Facultad de Filosofía y Letras, Ciencias Políticas y Sociales, la Escuela Nacional de Trabajo Social y la Fes Zaragoza habían optado por cerrar sus puertas como parte de la exigencia para la presentación con vida de los 43 normalistas de Iguala.

Samuel González, vocero de la Facultad de Filosofía y Letras, asegura que la próxima semana serán más escuelas convencidas de esta estrategia. Lo de este día, insiste, es el preámbulo de una gran organización estudiantil. “La exigencia de la presentación con vida de los estudiantes es la punta de lanza. Es urgente que los estudiantes consolidemos un horizonte de organización y de lucha a nivel nacional y de manera permanente”.

La concentración en las Islas de Ciudad Universitaria de más de cuatro mil jóvenes es una muestra del convencimiento de los estudiantes por esta causa. “Ayotzinapa ha despertado al movimiento estudiantil”, dice la representante de la Facultad de Filosofía ante los asistentes que responden con goyas a todo pulmón.

Este mitin pretende demostrar la “solidaridad” hacia los estudiantes de la normal rural de Ayotzinapa como Carlos Pérez, quien llegó a la concentración universitaria en representación de sus compañeros. Luego de explicar que los 43 jóvenes fueron aprehendidos por policías municipales advierte: “No nos interesa por qué riesgos vamos a pasar. Estamos dispuestos a dar todo por nuestros hermanos. Invitamos al pueblo al general a que se sume a esta lucha porque no podemos permitir que nos sigan callando”.

Asegura que pese a que las investigaciones de la PRG son una “burla” para ellos y sus familias, se sienten “apoyados por el sector estudiantil del Distrito Federal y otras partes del país. Nos alegra que está despertando la conciencia de todos y se sumen en la lucha”.

Casi a la misma hora, pero a kilómetros de distancia, en Santa Fe, una de las zonas más opulentas de la Ciudad de México, se manifiestan los estudiantes de la Universidad Iberoamericana, cuyo activismo se hizo quizá más visible a raíz de la protesta contra el entonces candidato a la presidencia Enrique Peña Nieto y que originó el movimiento #Yosoy132.

En la explanada del campus colocaron las fotografías de los 43 desaparecidos. Los nombraron uno a uno tras la consigna: “los queremos vivos” y emitieron un pronunciamiento en el que exigieron a las autoridades de todos los órdenes de gobierno la presentación con vida de los 43 estudiantes durante el ataque que calificaron de “abominable”.

El Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) inició una noche antes. El martes 14 organizó una velada bajo la consigna “Justicia para Ayotzinapa”. Su pronunciamiento parece el resumen del sentimiento estudiantil de los últimos días: “No estamos dispuestos a vivir en un país que desaparece y asesina a sus estudiantes, sin importar la institución en la que se encuentre, su condición social, entidad o los ideales que defiendan. El Estado nos debe proteger por igual a todos, sin importar que estudiemos en el ITAM, la UNAM, el Poli, la Ibero, el Tec, o la Normal Rural de Ayotzinapa”.

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