La indignación por Ayotzinapa pasa de las redes sociales a la calle

Por segundo día consecutivo, la convocatoria ciudadana hecha solo por medio de redes sociales consiguió movilizar a familias enteras. La noche del viernes, unas 500 personas participaron en una velada en el Ángel de la Independencia, pero la respuesta de ayer fue mucho más numerosa.

La indignación por Ayotzinapa pasa de las redes sociales a la calle
Foto: Nayeli Roldán.
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Foto: @DonCaiman.
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La incredulidad por la versión oficial que “apunta” a la muerte de los 43 estudiantes de la normal rural de Ayotzinapa, sacó a protestar a miles de personas la noche del sábado 8 de noviembre. Será uno de esos días grabado en la memoria colectiva. Un día donde el coraje se materializó en caras enardecidas exigiendo justicia.

Por segundo día consecutivo, la convocatoria ciudadana hecha solo por medio de redes sociales consiguió movilizar a familias enteras. La noche del viernes, unas 500 personas participaron en una velada en el Ángel de la Independencia, pero la respuesta de ayer fue mucho más numerosa. La gente salió con la única arma que tiene: su voz. Salió para gritar con todas sus fuerzas: “no estoy cansado, estoy encabronado”.

Antes de las 20:00 horas, en Paseo de la Reforma frente a la sede de la Procuraduría General de la República, la bandera negra de 15 metros de largo era ondeada por decenas de personas. Alrededor ya había miles con las fotografías de los jóvenes desaparecidos hace 44 días en Iguala, Guerrero.

Las consignas contra la clase política se han ido transformando en los días de protesta. En las primeras manifestaciones del mes pasado, se veían pancartas para exigir la renuncia del gobernador Ángel Aguirre. Luego apareció la consigna “Fuera Peña, fuera Peña”, para incluir en la responsabilidad al Presidente. Desde entonces la frase “fue el Estado” se ha vuelto bandera de las movilizaciones. Pero ayer, estaban mucho más enojados: “que se vayan todos”, rezaban varias pancartas.

Las declaraciones del procurador, Jesús Murillo Karam sobre el posible destino de los normalistas atizó la mecha de la indignación. La confesión de su cansancio minutos antes de concluir la histórica conferencia de prensa del viernes 7 de noviembre hizo enojar a una sociedad que siente el dolor de los padres de familia que desde hace 44 días no tienen un minuto de paz.

“Murillo: tú estás cansado, nosotros hasta la madre. Renuncia, cabrón” se leí en una pancarta sostenida por una pareja cuyo rostro no refleja otra cosa más que tristeza. Otras con: “Nos faltan 43”, “Fue el Estado. Renuncia Peña”, “tu rabia es mi rabia”, eran acompañadas por el conteo a todo pulmón del 1 al 43 rematado con “¡justicia!”.

En la marcha se veía a familias completas. Hombres con bebés en brazos, adultos mayores, mujeres de la mano de sus hijos gritando “vivos se los llevaron, vivos los queremos”. Ciudadanos que viendo pasar la marcha desde la glorieta de Cuauhtémoc hacían un llamado con su pancarta: “#yamecansé. Basta de apatía e impunidad. ¡México despierta!”. “43 + 6 Iguala; 3 Matamoros; 1500 mujeres en el Edomex; 49 niños en Sonora; más de 20 mil con EPN. ¡México despierta!”.

Cuando la marcha pasaba frente a la sede del Senado de la República, lo único que podía salir de sus gargantas era la palabra “asesinos”. Tres jóvenes con la mitad del rostro cubierto lanzaron globos con pintura negra a los muros del edificio, pero el resto gritaba “no a la violencia, no a la violencia”.

A una hora de iniciada la caminata, cientos de personas se dirigían apenas a incorporarse en la retaguardia. Pese a la rabia por la crisis que ha desatado lo sucedido en Iguala, los manifestantes mantuvieron una marcha tan pacífica que no requirió presencia policíaca en ninguno punto de su ruta que incluyó Paseo de la Reforma, Avenida Juárez y las calles del centro histórico.

Al llegar al Zócalo, la Secretaría de Seguridad Pública informaba como dato preliminar que la asistencia era de 10 mil personas, aunque esa multitud que seguía llegando bien podría superar la cifra.

Frente a Palacio Nacional, los jóvenes tomaban el micrófono para leer un comunicado en el que reclamaban por los supuestos avances de la investigación de la PGR, por informar que la declaración de tres personas “apunta” a la posible ejecución de los 43 jóvenes y sin tener la confirmación de las muestras de ADN de los restos encontrados en bolsas de plástico en un río de Cocula, Guerrero.

Detrás de los oradores jóvenes colocaban una manta con la litografía del rostro de Leonel Castro, uno de los jóvenes desaparecidos. Aún sin terminar el mitin, algunos comenzaron a tirar las vallas que protegen Palacio Nacional. Los esfuerzos de hombres y mujeres que intentaron calmar la intención de llegar hasta la puerta principal no resultaron.

Las mujeres que se colocaban frente a una decena de jóvenes que amenazaba con realizar pintas en el recinto histórico no impidieron que más tarde, enardecidos, incendiaran la puerta. Nadie pudo impedir que esta última acción opacara la indignación de los miles que salieron a las calles.

**Nota publicada el 9 noviembre.

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