Las dos caras del aguacate: entre la mejora genética y la amenaza del narco

Mientras en Guanajuato investigadores trabajan en la mejora genética del aguacate, en Michoacán el narco amenaza a los productores.

aguacate
Productores aguacateros de Tancítaro, Michoacán, recorren una huerta Timo Dorsch

De estatura media y semblante relajado, Luis Herrera Estrella nos recibe en su oficina del Laboratorio Nacional de Genómica para la Biodiversidad del Centro de Investigación y Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional (CINVESTAV), instalaciones ubicadas en la polvosa ciudad de Irapuato, en el céntrico estado mexicano de Guanajuato.

Mientras en las calles de esta localidad se respira un calor que roza lo insoportable y en las noticias locales la delincuencia organizada –dividida en por lo menos dos cárteles– se disputan el control de este territorio, detrás de las paredes del centro de investigación, se respira un aire fresco, reina el silencio y el número de personas que ahí trabaja es significativamente reducido. Podríamos hablar del parecido de este lugar con aquellas imágenes de instalaciones secretas en Estados Unidos, en donde se realizan estudios para crear nuevas armas o conspirar contra algún ataque externo.

Aquí lo que se hace es investigar el genoma de varias plantas, entre ellas –y con un papel central en los últimos años– está el aguacate, el oro verde como se le conoce en México.

Producido también en varios países como Chile y Perú, el aguacate mexicano de variedad Hass se ha coronado como el rey del mercado internacional, principalmente en Estados Unidos, China y Japón, aunque lucha por expandirse en el mercado europeo, particularmente en Alemania y Francia.

Una vez recibido en México como ingeniero en bioquímica, Herrera realizó una maestría en el CINVESTAV para luego graduarse como doctor en el departamento de genética de la Universidad de Gante en Bélgica, institución en donde en 1986 logró desarrollar las primeras plantas transgénicas resistentes a ciertas toxinas; en adelante perfeccionaría su metodología para aplicarla a otras especies en América Latina, especialmente en el maíz.

Ahora, tras una larga carrera bajo el cobijo de Monsanto, ha decidido mantenerse dentro de las instituciones mexicanas para avanzar con sus investigaciones sobre el aguacate y su posible mejoramiento, a lo que ha llamado no ya como un proceso transgénico sino de «edición de genes», un proyecto que hasta ahora ha costado 5 millones de dólares.

En entrevista nos explica concretamente en qué consiste esta diferencia y qué efectos tendría en el futuro de esta y otras especies, y cuáles son los objetivos para destinar esfuerzos y presupuesto para una investigación de este tipo, en tanto que el país se disputa entre la miseria y la violencia.

Afirma que: “La edición de genomas consiste en modificar una frase. Si comparamos un gen con cuatro letras A, T, C, Z con una frase de un libro, el gen tiene un mensaje y la frase tiene un mensaje. Esa frase puede tener diferentes énfasis. Y estos énfasis pueden darse con cambios muy sutiles. Por ejemplo, si yo digo: ‘La casa es grande.’ Y si yo la cambio en: ‘La casa es muy grande.’ la frase es parecida pero hace un énfasis en el tamaño de la casa. Este cambio de tres letras nos cambia el sentido de la frase. En un gen lo que vamos a hacer es cambiar tres letras que le va a dar una función mayor al gen para el propósito que queremos. La técnicas tradicionales de modificación genética implican el trasplantar un gen completo en una planta a otra. Y puede ser tan distinto como de un microorganismo a una planta. Por eso se llaman organismos transgénicos porque se está trasplantando de un organismo a otro. Estas nuevas técnicas es modificar el mismo genoma de la planta, sin introducir ningún gen adicional”.

El doctor Herrera. Foto: Heriberto Paredes

Tanto el gobierno mexicano como algunos organismos locales que concentran a varios productores están muy interesados en que este proceso avance, para que el aguacate alcance niveles de exportación más altos, «y abren también las puertas para el uso de otras tecnologías, que en el caso de árboles frutales son probablemente las más convenientes como las modificaciones genéticas y de edición de genomas».

Esta investigación de edición de genes busca modificar sobre todo tres características fundamentales: “La primera es el tamaño del árbol. Son árboles muy grandes y la cosecha del fruto se dificulta. Si se pueden tener árboles más pequeños que mantengan el nivel de productividad se puede facilitar la cosecha y aumentar la densidad de árboles por unidad de área lo cual aumentaría la productividad de los terrenos”.

“La segunda es la eficiencia de uso de agua. Con los problemas de cambio climático, a pesar de que la zona de México, las zonas en donde se cultiva el aguacate –particularmente en Michoacán– hasta la fecha no hay problemas de disponibilidad de agua porque hay suficiente lluvia, se plantea que dentro de los próximos 30 o 40 años va a haber un cambio en el nivel de precipitación de agua, y eso va a requerir irrigación o árboles que sean más eficientes en el uso de agua. Y la última que estamos trabajando es la calidad de fruto. Y en la calidad de fruto estamos trabajando dos cosas particularmente: una es la cantidad de aceite y la calidad de aceite”.

“Falsa creencia”

Para el investigador mexicano, las ideas sobre los transgénicos están distorsionadas y es necesario cambiar la visión que  se tiene para ver sus beneficios reales, por ello afirma que: “Hay una falsa creencia de que los OGM [organismo modificado genéticamente] tienen un impacto distinto a las variedades comerciales tradicionales, en cuanto a la pérdida de diversidad genética de los cultivos”; para Herrera el empobrecimiento del patrimonio genético se debe no a los transgénicos sino a “que hay introducción de variedades mejoradas y de híbridos”.

En la variedad mejorada hay mucha mayor productividad que en los materiales criollos. Los agricultores han adaptado estas nuevas variedades desplazando las que tenían anteriormente, mucho antes de que existieran los OGM. Esto ocurrió por ejemplo con el maíz: el 60 por ciento de la producción de maíz cambió al uso de híbridos y variedades mejoradas en los últimos 40 años, a pesar de que todavía no estaban permitidos los OGM en México”.

Agrega con cierta molestia respecto a la situación actual, de empresas como Monsanto, que a éstas “no les interesan los cultivos criollos, a ellos les interesa los híbridos porque los híbridos los usan los agricultores que tienen dinero. Los que cultivan criollos no tienen dinero, no son sus clientes. Entonces lo que tendría que hacer el gobierno es dejar que las empresas manejen un sector y responsabilizarse con un programa social de que la tecnología también llegue a los criollos, para que les llegue a los agricultores pobres. Si estos programas estuvieran establecidos no debería de haber un problema de riesgo de pérdida de diversidad genética. Y esto es algo que no entiendo, por qué los activistas en lugar de oponerse a la tecnología no proponen que los gobiernos financien estos grandes programas, para garantizar que los pequeños agricultores tengan acceso a la tecnología”.

Las intenciones y el trabajo de Luis Herrera y de su equipo son también empujados y respaldados por el aumento de la demanda mundial del aguacate. Ya no es solamente el típico Guacamole –una crema de aguacate– sino también otros usos como crema facial o un recurso para dietas, los que convierten esta planta originaria de México en un boom comercial de los últimos años.

El aguacate en el mundo

México se posiciona como primer productor y exportador de esta fruta. Entre julio 2015 y junio 2016 aportaba 1,640,000 toneladas métricas, un poco menos de la tercera parte de la producción global; seguido por países como Chile y la República Dominicana, cuyas cosechas ni siquiera superan las 400,000 toneladas métricas.

En México, de las 186,926 hectáreas usadas como plantaciones de aguacate, más de dos tercios se encuentran en el estado occidental de Michoacán. Ahí destacan dos municipios: Uruapan y Tancítaro.

Aunque las exportaciones mexicanas se dirijan principalmente hacia Estados Unidos y China, al mercado europeo se le atribuye paulatinamente una mayor importancia para el negocio aguacatero. En casi todos los países de Europa central y occidental las importaciones están en aumento desde hace algunos años, por ejemplo, en Suiza se vendió un 80 por ciento más de aguacates orgánicos en el 2015 que en el año anterior.

Con las investigaciones Luis Herrera busca también la apertura del mercado europeo: “El aguacate mexicano es uno de los de mayor calidad en el mundo pero tiene una cáscara muy delgada, muy finita. Y esto dificulta el manejo comercial del aguacate porque se maltrata fácilmente durante el transporte y entonces es imposible exportarlo”.

Con respecto a las restricciones legales ante la importación de alimentos transgénicos en los países de la UE y en Suiza, no se preocupa demasiado: “Los aguacates OGM sí pueden entrar en Europa”. Explica que ahí todos los productos importados alrededor de maíz y de soja “son OGM” y que la única restricción es el cultivo, pero no el consumo de éstos. Con vista a los costumbres europeas de comida enfatiza: “Se los han comido por más de diez años”.

En Europa, el tema de los alimentos transgénicos ha causado más que solamente debates y conferencias académicas. Amplias protestas callejeras e incluso destrucciones de zonas de experimentación con la siembra de transgénicos provocaron que en 2013 la empresa transnacional Monsanto, ahora comprada por la alemana Bayer, en este entonces líder mundial de esta tecnología, anunció su retiro completo del negocio con plantas modificadas transgénicamente en Europa.

Ahí, el Doctor Luis Herrera tiene su propia explicación de cómo funciona la realidad política europea. Acerca de Francia analiza: “Yo creo que ahí seguramente Greenpeace y los Amigos de la Tierra y todos estos grupos financiados por el presidente Hollande se opondrán a las nuevas tecnologías. No lo digo en broma, porque aparentemente hay un acuerdo entre el gobierno francés y los activistas de no meterse con las plantas nucleares de producción de energía, y entonces los dejan meterse con los OGM”.

La amenaza del narco

En la región que comprende los municipios michoacanos de Los Reyes y Peribán, el monocultivo extensivo de aguacate ha sustituido a otros cultivos, como las moras, zarzamoras y otras bayas, ocasionando el desgaste del suelo, su sequía y la rápida desaparición de mantos freáticos.

A la par integrantes del crimen organizado, en presunta colusión con productores de la región, amenazan a los campesinos para que abandonen el cultivo del maíz y se dediquen exclusivamente al aguacate.

El anterior presidente de la mesa directiva de la Asociación de Productores y Empacadores de Aguacate de México (APEAM) fue identificado en un video, teniendo una reunión con uno de los principales líderes de los Caballeros Templarios.

Un campesino originario de la comunidad de Cherato, quien solicitó anonimato por temor a represalias, afirma que “luego de que el cártel que dominó esa región entre 2008 y 2013 controlara todos los negocios, impuso el monocultivo de aguacate y eso nos secaba las tierras, así que ahora ya no tenemos tierras que sirvan para cultivar otra cosa, no tenemos agua en las comunidades, esta planta vino a destruir todo nuestro ecosistema con tal de sacar más ganancias”.

Empacadora aguacatera destrozada por los Caballeros Templarios, ya que la empresa se negó a ser extorsionada por este grupo criminal. La imagen es de 2006, y fue tomada por Timo Dorsch

Epílogo o de dónde vienen los aguacates

El municipio de Tancítaro está ubicado en una zona elevada del Occidente de Michoacán; montañas boscosas rodean la cabecera que es hogar de un sinnúmero de huertos de aguacate.

Los aguacates ahí cosechados son destinados mayormente al extranjero; exportados por dos empacadoras ahí instaladas. Hasta 2013 fueron cuatro las empacadoras –las otras dos fueron quemadas por los Caballeros Templarios, una organización de delincuencia organizada que controló por años una vasta parte del estado.

Escisión de la Familia Michoacana, que con una violencia desmedida se rebelaba contra el régimen de Los Zetas, los Caballeros instalaron un sistema de cuota, de secuestros y de asesinatos contra la población local.

Por cada hectárea cultivada de aguacate cobraban una cuota semanal o mensual. “La gente no invertía, no construía. Si construías una casa, iban y te sacaban poco a poco lo que tenías. Era una forma de decir que tienes dinero. Si traías un vehículo igual”, narra Frey Benicio Zamora Ramírez, funcionario actual del ayuntamiento de Tancítaro.

“Grandes partes de las estructuras del Estado estaban coludidos con el crimen organizado”, da a conocer el joven empleado cuyo padre sufrió un secuestro por los delincuentes: “Ya el crimen organizado controlaba la seguridad pública en este municipio. La misma policía levantaba personas”.

En las calles de Tancítaro la gente dice que en una década aproximadamente mil personas fueron asesinadas y desaparecidas por el crimen organizado. Mil personas de una totalidad de 34 mil que habitan este municipio – tan sólo cinco mil de ellos se dedican a la producción de aguacates.

El sistema de terror se mantuvo hasta 2013, cuando grupos de ciudadanos se volvieron autodefensas y se levantaron en armas, inspirados en buena medida por otros levantamientos que ocurrían en otras regiones del estado.

Uno de los autodefensas que tres años después continua patrullando por el municipio, explica la razón de su actuar: “No quiero que me maten con las manos amarradas y los pies amarrados echándome en pedazos. Lo mejor es recibiendo un balazo y morir a gusto defendiendo a la vida”.

Mientras por un lado un grupo de investigadores trabaja en Guanajuato en la mejora del aguacate para lograr una mayor producción, por otro el crimen organizado a través de la extorsión amenaza a productores de Michoacán, para que abandonen el cultivo del maíz y se dediquen exclusivamente al aguacate en detrimento del ecosistema, con tal de obtener redituables ganancias.

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