Desde acelerar citas médicas hasta conseguir un aventón, las creaciones de hackers mexicanos

Aunque la palabra hacker tiene una connotación negativa en el caso de estos hackers mexicanos buscan soluciones en beneficio de la gente.

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Hackers mexicanos desarrollan programas que tienen impacto social. Facebook Dev.f

Hace siete años, cuando Ulises Bacilio estudiaba una especialidad en el Hospital Nacional de Cardiología se topó con la burocracia de un sistema de salud que asigna citas mensuales a los pacientes y entrega resultados de estudios después de semanas de aplicarlos.

El problema impactaba directamente en la vida de las personas y, según Ulises, la solución no era complicada. Se imaginaba que un programa podría automatizar los procesos y simplificaría el trabajo. Convenció a su jefe de invertir cinco mil pesos en unas computadoras e inició la primera versión de un software que actualmente sirve a 500 hospitales.

El software funcionó en el hospital para el área de cardiología porque, además de automatizar citas, permite integrar las imágenes de los estudios y, sobre todo, con una resolución que permite identificar cualquier anomalía. El problema estaba resuelto en ese hospital, pero otros doctores, al conocer el sistema quisieron obtenerlo también.

Fue así como la idea de hacer eficiente la labor de un médico se convirtió en el inicio de una pequeña empresa de desarrollo tecnológico. Ulises estudió programación en un curso de tres meses y avanzó en la construcción de un software de mejor respuesta. A partir de 2010, comenzó a comercializar el programa a través de la empresa Pacs Teleradiología de México.

Desarrolladores siguen mejorando el sistema que también permite el diagnóstico vía remota, para que especialistas de distintas partes del país puedan tener los estudios de un paciente y dar su opinión si se requiere.

Ulises tiene 37 años y en su empresa laboran 30 empleados directos de diferentes disciplinas: ingenieros, médicos, especialistas en tecnología. El software sirve a 60 mil pacientes y mil 200 médicos.

¿Cómo lograr que la tecnología no sólo haga la vida más cómoda, sino que solucione problemas cotidianos? Teniendo a gente que lo imagine y lo haga, como Ulises. Esa es la materia prima del avance tecnológico de un país, asegura Manuel Morato, uno de los socios de Dev.f, una escuela para hackers.

Otro ejemplo es Pablo Trinidad: a los 17 años, como estudiante del Cecyt 9 del IPN, aprendió a programar y en el curso fue reclutado para un tech startup en Silicon Valley donde se dedicó al análisis de millones de interacciones en redes sociales.

Estuvo sólo tres meses, pero a su regreso a México inició su propia empresa Inventive, que con otros seis jóvenes desarrollan aplicaciones de impacto social. Uno de ellos fue Comparte ride que fue creado como una opción de transporte alternativo para los universitarios durante la contingencia ambiental de abril de 2016 en la Ciudad de México.

Se trata de una aplicación sobre oferta y demanda de rides por usuarios que funciona sólo en universidades con comunidades privadas, es decir, sólo los usuarios que pertenecen a ellos pueden interactuar.

Pablo ahora tiene 19 años y piensa estudiar Ciencias de la computación o Matemáticas porque a pesar de tener conocimientos que le permitieron crear una empresa el título es una validación importante y además quiere conocer a más personas “talentosas y diversas”. 

El hacker como solución de problemas no de caos

Aunque la palabra hacker generalmente viene acompañada de una connotación negativa, como alguien que roba información y genera caos, en realidad se trata de un desarrollador que busca soluciones.

“En un país lleno e problemas, desigualdad, buscamos que con nuestro trabajo se mejore la vida de las personas a través de la tecnología”, asegura Morato.

La barrera que puede detener el avance de la tecnología e innovación en un país “es no tener gente para hacerlo”. Ulises y Pablo son muestra de que existe talento. Hay personas creativas en todos los ámbitos que pueden solucionar problemas, ¿pero cómo encontrarlas?

Manuel es licenciado en creación y desarrollo de empresas, pero le interesaba la programación y por eso participaba en hackathones, eventos donde desarrolladores se reúnen para hacer un proyecto de manera colaborativa en un mismo sitio y por corto tiempo. Ahí coinciden ingenieros, pero también gente interesada en el desarrollo tecnológico que se dedica a otras profesiones.

Así conoció a Enrique Díaz y Elías Shutheib. Los tres se dieron cuenta que los hackathones significaban una “curva de aprendizaje”, pero se limitaba a esas reuniones, aún cuando había mucho potencial.

Sólo con la idea de juntarse y compartir conocimientos de programación, se les ocurrió crear cursos para aprender a programar y aplicar los conocimientos de forma inmediata. Así nació Dev.f, con la participación de 17 personas en la primera generación.

A diferencia de una escuela formal de ingeniería, la visión de Dev.f es buscar soluciones a problemas de forma creativa con la meta de desarrollar un producto final y, sobre todo, vinculación con el sector laboral que demanda cada vez a más desarrolladores que sean capaces de reaccionar “a la par de la tecnología”.

La escuela tiene como filosofía “desarrollar personas” y, por eso, sobre la marcha fueron adaptando los cursos por niveles a los que nombran “cintas”, como en el karate, desde la blanca, para principiantes que incluye conocimientos básicos de programación y creación de páginas web, hasta negra para crear aplicaciones en iOS, androide y aplicaciones web para visualizar información en tiempo real.

Enrique Díaz y Manuel Morato explican que además de enseñar programación, la escuela de hackers busca generar impacto social en dos vías: uno en las propias personas que desarrollan sus habilidades para crear cosas y encontrar mejores oportunidades de empleo donde aplican su creatividad sin necesidad de tener un doctorado y por otra parte en el impacto social.

En las 12 generaciones que han pasado por Dev.f hay personas de todas clases sociales, edades y profesiones. Este es un “experimento social” porque hay talento en todas partes que sólo espera una oportunidad de desarrollo. Por eso, aunque un curso tiene el costo de 25 mil pesos, existen becas para aquellos que no tienen posibilidades de pagarlo.

Apenas este miércoles hicieron oficial la alianza con Facebook, que patrocinará 160 becas para jóvenes para desarrollar aplicaciones y cuya convocatoria cierra el 22 de marzo. Con las becas, dicen, se busca reconocer el “mérito”. “No se trata de ser influyente o rico para desarrollar tecnología, sino de tener talento para crear algo que tenga valor social”.

Se trata de la alianza más grande, pero antes habían tenido acuerdos con empresas como Bosh que también otorgaba becas y se sumaba como empleador, igual que farmacias similares o mercado libre. Además de otras alianzas previas con Facebook para impartir clases en sus instalaciones.

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Comentarios
  • Rodolfo

    Nada recomendable. Los que estudian aquí terminan siendo maestros en dos meses, y así la llevan porque todos sus empleados se les van. Habla mucho de lo mal

  • Felipe Stuff

    Buen día. Un artículo interesante, sólo un comentario: el nombre de la empresas es BOSCH, no “Bosh”.