Dicen que el ballet es para niñas: Isaac Hernández, el bailarín mexicano que conquistó el mundo

El bailarín principal del Ballet Nacional de Inglaterra presenta su espectáculo Despertares en la CDMX en el que participarán los bailarines de las principales compañías de danza del mundo.

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La gala "Despertares" reúne a las principales estrellas de las mayores compañías de ballet del mundo. Erik Sawaya
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En algún momento de la exitosa carrera de Isaac Hernández, su maestro le mandó a hacer una camiseta que decía You should have seen me in rehearsal (Deberías haberme visto en el ensayo).

Era una época en la vida del bailarín mexicano más famoso del mundo, y uno de los mejores del planeta, en el que sentía en carne propia una frase de uno de los más grandes de la historia del ballet.

Rudolf Nureyev decía que era fácil hacer muchas cosas en público, pero que se volvía complejo al tener el público delante. Eso lo tornaba dramático y emocionante.

“Me pasó muchísimo. Eso me preocupó en algún momento”, admite Hernández en conversación con BBC Mundo en un alto en el ensayo de un espectáculo mayúsculo que se presenta este sábado en Ciudad de México.

Hernández exuda confianza. “El año pasado hice 40 ballets completos y he encontrado consistencia y seguridad y tranquilidad”, cuenta, “y ahora estoy disfrutando de esa sensación de libertad, de poder improvisar, de saber que no importa lo que pase, tu peor show va a ser un buen show“.

Isaac HernándezBBC MUNDO

La gala del sábado, “Despertares” es un evento que salió de su cabeza, que dirige y donde también baila. Reúne a las principales estrellas de las mayores compañías del mundo: desde el Ballet de la Ópera de París hasta el American Ballet Theatre pasando por el Royal Ballet y el English National Ballet (ENB), donde Hernández, de 27 años, es desde 2015 el bailarín principal.

Despertares, que va por cuarta edición, nació con la idea de que una audiencia nueva se acercara a la danza, porque a Hernández le preocupaba que los jóvenes en su país no se interesaran por consumir entretenimiento cultural.

“Las bellas artes son fundamentales para la expresión del ser humano, se pueden hacer cosas extraordinarias cuando luchas por tus sueños, quiero incitar a los 29 millones de jóvenes que hay en México a que hagan algo extraordinario en sus vidas”. Hernández lo ha hecho.

Aquí en México dicen que el ballet es para niñas, esa frase es pura ignorancia“, señala.

Al haberse educado en casa y haber pasado la mayor parte de su vida fuera de México, en general no sufrió burlas ni comentarios desagradables por dedicarse al ballet y ahora ya es una figura de renombre. “Hemos logrado hacer suficiente ruido para que las percepciones estén cambiando”, admite.

Desde el patio de la casa a París

Comenzó a los 8 años cuando empezó a bailar en el patio de su casa junto con sus 10 hermanos bajo la dirección de su padre, un antiguo bailarín que todavía lo aconseja.

Isaac HernándezCORTESÍA SOUL ARTS PRODUCTION
Isaac comenzó a bailar a los 8 años en el patio de su casa.

En un instante en que el ensayo del “Lago de los cisnes” se detiene, Héctor se le acerca y le da indicaciones. “Le estaba diciendo que haga algo más espectacular para el público“, cuenta su padre, “cuando el público no tiene mucho conocimiento, quiere ver cosas espectaculares. Le dije que estaba bonito, pero que hiciera algo para el público”.

El ballet de Chaikovski vuelve a sonar y Hernández retoma el ensayo en un salón de la Compañía Nacional de Danza, junto al Auditorio Nacional, sede del espectáculo. Salta. Se estira. Baila. Se retuerce. Los pies se mueven con efecto magnetizador. Arquea la espalda. Extiende los brazos. Ademanes gráciles, con un sentido estético. Camiseta negra fajada al cuerpo, pantalón negro, sudor en la cara.

“Cuando se definió su vocación, a los 8 años”, cuenta su padre, “le dije muy claro que era una carrera que no vale la pena abordar si no vas a ser el mejor”.

Familia de Isaac HernándezALEX LÓPEZ
De los 11 hermanos, dos se dedicaron a la danza.

Y entonces lo hizo en serio, empezó a decirle adiós al karate, al taekwondo, al tiro deportivo y empezó sin saber qué ahí afuera había un mundo del ballet que desconocía. Sin YouTube, sin videos y sin información para compararse, su padre lo incitaba a atreverse a lo que otros pensaban que a esa edad no se podía.

En los comienzos todo era muy rudimentario. El padre puso una barra en el patio en una pared del patio de la casa en Guadalajara, y ahí sigue, dos décadas después. Colocaron unas maderas sobre el suelo de cemento, las juntaron con cinta y luego era cuestión de cerrar las cortinas para que las ventanas sirvieran de espejo, poner la música y que los hermanos bailaran. Héctor los miraba y dirigía.

Dos de los 11 terminaron viviendo de la danza – el otro es Esteban, cuatro años menor, integrante del ballet de San Francisco-.

A los 13, Isaac se fue a estudiar danza en la Escuela de Rock para Educación de Danza, en Filadelfia, luego pasó por Nueva York, bailó en el ballet de San Francisco y antes de llegar a Londres estuvo en el ballet de Ámsterdam.

El primer gran contacto con el exterior llegó a los tres años de empezar a bailar puertas adentro. Isaac salió al mundo y vieron que era bueno. Le llegó una invitación para bailar en la ópera de París. Tenía 11 años. La directora lo vio sobre el escenario y le dijo a su madre que se volviera a México a traerle las cosas, que ya no se iría.

Se espantaron al ver el cuarto donde dormiría y decidieron que no era el momento. Y les dijeron que su hijo nunca volvería a bailar en uno de los ballets más prestigiosos del mundo. El tiempo pasó y no le dio la razón a la directora: un año y medio atrás fue bailarín principal invitado.

Isaac HernándezDerechos de autor de la imagenBBC MUNDO
Image caption“Esto no lo considero un sacrificio porque tengo una meta muy clara”, asegura Hernández.

Es uno de sus mayores logros, junto a haber bailado en el Mariinski, de San Petersburgo, y ser el principal del ENB. Su gran pendiente es la Metropolitan Opera House de Nueva York. “Lo tengo en pausa”, admite, “porque no quiero lograrlo y quedarme sin motivación”.

Hernández ya piensa en el retiro, dice que quiere hacerlo cuatro o cinco años antes de la edad usual para un bailarín, a los 40, y que ya tiene en mente sus planes a futuro: “Me gustaría poder ser embajador de México en algunos de los países en los que he vivido”.

Pero también espera seguir vinculado a la cultura y mantener su fundación, mediante la cual 170 niños estudian danza gratuitamente y hay 500 en lista de espera, una muestra, dice, de cómo el ballet gana adeptos en el país.

Lo que le atrajo en un principio de la danza fueron la técnica, la mecánica, la fuerza. Con los años aprendió que subirse a un escenario era montarse en una hoja en blanco donde podía “expresar diferentes versiones de tu vida“.

“Es un sentimiento de libertad extraordinario”, explica, “cualquier cosa en la vida que valga la pena hacer requiere un sacrificio. Pero esto no lo considero un sacrificio porque tengo una meta muy clara”.

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