Cuando llueve más fuerte y no tienes un techo: así es vivir en la calle esta temporada en CDMX

En la CDMX hay 4,354 personas en situación de calle, quienes libran una batalla para protegerse de la lluvia esta temporada. “Tengo la gripa por quedarme mojado”, cuenta Mario, quien trabaja como barrendero y duerme en la zona de la Plaza de las Vizcaínas.

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“No es tan agradable vivir en la calle y uno no quisiera", dice Mario Francisca Garay Massardo (@frangaraym)

El verano en la Ciudad de México se caracteriza por ser temporada de lluvias. Durante estos días, la lluvia llega principalmente al atardecer, y por lo general viene acompañada de vientos y tormenta eléctrica. Con esas condiciones, para las personas que viven en la calle no es sencillo protegerse.

“En la capital existen 6,774 personas en esa condición de vulnerabilidad, de las cuales 4,354 se localizan en espacios públicos, y 2,400 en los albergues públicos y privados, en donde se les ofrecen diversos servicios sociales. Del total, 87.27% son hombres y 12.73% mujeres”, explica en un comunicado la Secretaría Desarrollo Social de la Ciudad de México.

La mayor cantidad de población que vive en la calle (unas 3,205 personas) se concentra en el cinturón “La Villa-Centro-Merced”, en las delegaciones Gustavo A. Madero, Cuauhtémoc y Venustiano Carranza.

Jesús Cristóbal (59 años), “Jesus Christ” -como se presenta pronunciando en inglés-, es uno de ellos. Ha ido y venido, entre la calle y la casa de su familia, desde que tenía 23 años. Si bien ha tenido trabajos intermitentes, el alcoholismo no le ha permitido asentarse en alguno de ellos.

Está flaco y le faltan varios dientes, pero habla orgulloso de una hija ya adulta, que trabaja y le va bien. Se sienta en un pasaje del Centro Histórico de la Ciudad de México y se apoya en la pared, mientras conversa con otros hombres que también viven en la calle.

“Yo mejor no, porque no soy estrella”, dice Jesús cuando se le pide una fotografía, para luego señalar el lugar donde se refugia de la lluvia.  “Me paro ahí debajo”, agrega apuntando el pequeño espacio cubierto que le sirve de hogar cuando llueve, y de colgador de ropa cuando sale el sol.

Otro caso es el de Mario (36 años), quien vive en la Plaza de las Vizcaínas, y trabaja como barrendero. Su labor es mantener limpias las mismas calles donde duerme todas las noches.

“No es tan agradable vivir en la calle y uno no quisiera, pero luego hay veces que no puedo… Yo tengo dos niños, y quisiera verlos, tenerlos, estar con ellos, pero no puedo y ahorita con lo que estoy trabajando les mando algo y, en realidad no me pagan mucho. Ya les mando algo y me vuelvo a quedar en la calle. No puedo… no tengo oportunidad de rentar un cuarto, de tener algo. A mí ya me gustaría tener algún cuartito, algo. O veo mi cuartito o veo de mandarle algo a mis hijos”, cuenta Mario emocionado, mientras lava su uniforme de trabajo en un bote de pintura.

Para trabajar, a Mario le pedían un certificado de residencia, pero no tenía casa. “Es un círculo vicioso”, explica Lorenzo Escalante, encargado del Programa de Poblaciones Callejeras de la Fundación Centro Histórico, la misma que le consiguió un certificado que le permitiera trabajar, precisamente para tener alguna oportunidad de salir de la calle.

Hace un año y dos meses que Mario dejó de beber alcohol, y si bien siente que ya no volvería a caer, prefiere seguir viviendo solo, pues en grupo hay más tentación de caer en vicios, influenciado por los demás.

“Realmente yo le voy a echar más ganas, voy a pedirme los dos turnos y, si Dios me da licencia, voy a trabajar los dos turnos. Esta quincena voy a empezar de dos a seis de la mañana. Ojalá, Dios quiera, soporte y aguante. Ya unas dos o tres quincenas y a ver si luego puedo rentar un cuartito”, dice Mario.

“Tengo la gripa por quedarme mojado”, cuenta mientras muestra la casita de juegos donde se protege durante las noches, pero sólo cuando la lluvia es débil. “Cuando llueve más fuerte, me paro allá”, dice apuntando hacia un angosto espacio cubierto, junto a la fachada de un edificio.

Un refugio

Enrique Jiménez, subdirector de albergues en Benito Juárez, explica que en la delegación tienen una iniciativa de refugio temporal durante la época de lluvias, que fue activada el 12 de junio y será cerrada durante septiembre.

En el refugio vive un grupo de personas de manera permanente, sin embargo, durante la temporada de lluvias “nosotros usamos la capacidad instalada que tenemos para recibir a otro grupo mucho más numeroso aquí en el albergue, con la finalidad de que pernocten en seco”, explica Jiménez.

Las personas pueden llegar entre las cuatro de la tarde y las nueve de la noche, y tienen derecho a ducharse con agua caliente, cenar y dormir en un lugar común, sin camas, donde pueden protegerse de la lluvia y abrigarse con frazadas.

“Ya al día siguiente se tienen que retirar a las siete de la mañana. Este programa emergente es, digamos, vespertino nocturno”, cuenta el responsable del lugar.

Paola (31 años) llegó a instalarse al albergue de la delegación Benito Juárez durante el invierno, en enero de 2017, con su hijo Bryan. El año pasado, había acudido ahí para protegerse de la lluvia y pasar la noche, aprovechando el programa emergente.

Ella vivió durante seis años en la calle, “a él siempre lo tuve en la calle”, dice mirando a su hijo.”Yo tengo cinco hijos, tres muertos y dos vivos. Se me murieron los otros tres hijos por estar en la calle”, cuenta.

Sólo el pequeño Bryan vive con su mamá, pues la hija mayor de Paola, una niña que hoy debe tener siete años, está al cuidado de la abuela. Ambas viven en Cuernavaca. “Yo nada más sé que están allá pero no sé en qué parte están”, cuenta.

“Anteriormente cuando me quedaba en la calle, armaba casas con lonas, y a él (Bryan) me lo ponía en una caja de cartón, y lo ponía todo con hule, y gracias a Dios nunca se me enfermó en la calle. Pues gracias a Dios aquí está mi chamaco”, relata sonriente.

El subdirector de albergues en Benito Juárez ha hablado con su equipo sobre la labor de restablecer los derechos humanos y la dignidad de la gente que vive en la calle.

“Cuando un usuario se pone a reclamarte, que es su derecho, ya lo conseguiste. O sea, ya hiciste tu cometido, o sea, te está exigiendo que quiere una cama limpia, ya te está exigiendo que quiere unos zapatos nuevos (…)”, explica Enrique Jiménez.

Un dato sobresaliente es que 38.6% de las personas en situación de calle en la capital son migrantes que proceden de otras entidades de la República, principalmente del Estado de México, Veracruz y Puebla (89.8%), o de otros países, como Honduras y El Salvador (2.8%). De los entrevistados para el Censo de Poblaciones Callejeras 2017, un 53% dijo que llegó a la ciudad en busca de trabajo, y 10% para localizar a algún familiar.

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