Anayeli lleva 67 horas bajo los escombros del edificio donde trabajaba desde febrero

El edificio en la calle de Escocia, donde trabajaba Anayeli, se desplomó segundos después de que inició el sismo. Su padre no se ha movido del lugar pues espera que los rescatistas salven a su hija.

Anayeli
Decenas de personas entre cuerpos de rescate y sociedad en general ayudan en las labores de rescate entre los escombros del edificio de la calle de Escocia. Cuartoscuro

Anayeli Juárez Hernández tiene el cabello largo y negro. En sus fotos aparece sonriendo o haciendo gestos, como lo hace cualquier chica de 17 años. Le gusta bailar y es muy lista, dicen los que la conocen. Su primer empleo fue como mesera en un restaurante en Galerías Plaza, pero al poco tiempo se encargaba de coordinar a sus compañeros.

En ese trabajo duró menos de un año porque la quisieron cambiar de sucursal y no estaba dispuesta a que en lugar de una hora de trayecto, hiciera el doble. Su papá, Cirilo Juárez, de 36 años, le dijo que en el edificio donde él trabajaba podía conseguir empleo.

Así fue. Desde febrero pasado trabajaba seis días a la semana limpiando un departamento. “Ya se había acomodado bien aquí”, cuenta su papá, refiriéndose al edificio de la calle Escocia número 5, en la colonia Del Valle.  

El 19 de septiembre, la joven comenzó a trabajar a las 9 de la mañana en el departamento del quinto piso, pero dos horas después bajó a almorzar con su padre. Luego regresó a las labores. A las 13:14 horas, Cirilo estaba en la calle, lavando un auto, pero un estruendo lo hizo correr.

El edificio ni siquiera aguantó a que el temblor de 7.1 grados terminara, se derrumbó en unos segundos. “Todo fue muy rápido. En ese momento me eché a correr, ni lo vi, nomás escuché cómo se colapsó el edificio”, narra Cirilo.

La joven no pudo salir. Esta vez, el epicentro del temblor estuvo a poco más de 100 kilómetros de la Ciudad de México y no hubo ninguna alarma que lo alertara con anticipación. Nadie hubiera podido bajar cinco pisos por las escaleras en medio de la sacudida.

El temblor del 7 de septiembre pasado fisuró el edificio, aunque “sólo por dentro, por fuera no se veía nada”, dice Cirilo. Aunque le avisó al dueño, no fue inspeccionado por personal de Protección Civil. El inmueble tenía unos 38 años de antigüedad y, a simple vista, dice una vecina, se podía dudar de su resistencia ante un temblor.

Incluso, hace unas semanas, Anayeli platicó con su prima, que también trabajaba ahí, qué harían en caso de un temblor. Hablaron del “triángulo de la vida”, la medida de protección recomendada ante un sismo, por eso su familia confía en que tal vez lo aplicó y eso la mantenga viva.

La rutina de Cirilo como portero del edificio es ahora un recuerdo lejano.

Ha pasado las últimas 48 horas en el sitio esperando noticias de su hija mientras ve ir y venir a marinos, voluntarios y expertos que intentan rescatar a personas con vida entre los escombros.

sismo Cirilo, el padre de Anayeli.

La madrugada del jueves lograron sacar a un hombre y una mujer vivos, pero en el resto del día no se ubicó a nadie más. “Había perros hace rato, entraron a checar, pero dijeron que no se había detectado señales de vida”, comenta Cirilo. Eso mismo dice un militar que lleva horas removiendo escombros, aunque las labores no han parado ni un segundo.

La familia de la joven sólo puede permanecer en las inmediaciones de la zona cero porque en el cruce de Miguel Mancera y Concepción Beistegui se colocaron vallas para restringir el acceso sólo a integrantes de las Fuerzas Armadas para realizar las labores de rescate. Sólo los familiares cercanos están dentro.

Un día antes, la ayuda de grupos de especialistas en rescate como los Topos y Cruz Roja y voluntarios civiles se había desbordado, pero la Marina tomó el control desde este miércoles. Por eso se impidió el paso a quien no tuviera experiencia para maniobrar entre los escombros.

Se calcula que hay mil elementos de Marina, Policía Federal, Gendarmería y Ejército en la zona y es que la emergencia no sólo incluye a este edificio, sino también al otro inmueble colapsado que se encuentra a unos metros de distancia, en las calles de Escocia y Edimburgo.

Cientos de jóvenes que querían entrar tuvieron que esperar horas formados para ser considerados o definitivamente desistían y se iban. Incluso, los otros voluntarios tuvieron que colocar letreros para advertir que ya no se necesitaban más brigadistas en la zona.

Hasta el momento, según las listas preliminares que hicieron los vecinos, se han rescatado a 13 personas y 47 más están desaparecidas. El edificio tenía 14 departamentos y ahí se encontraban personas como el estudiante del Centro Universitario México, Juan Pablo Irigoyen, de 19 años, o el ingeniero pensionado, Vicente Medina Elizalde.

Los familiares se integran a las labores de búsqueda, pero entre más tiempo pasa, más desesperación sienten por no saber nada de ellos.

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