El partido de futbol que detendrá la guerra en Siria, al menos por un par de horas

Siria busca el pase al Mundial, lo que ha generado que rebeldes, kurdos y oficialistas detengan la guerra para ver a su equipo de futbol enfrentar a Irán.

Futbolista Siria
El jugador Firas Al Khatib fue parte de los rebeldes al régimen de Asad y luego volvió a jugar con la selección de futbol. AFP

Por primera vez en seis años, un acontecimiento deportivo unirá a los sirios, enfrentados en una sangrienta guerra: el encuentro del martes contra Irán decisivo para la clasificación del país al Mundial de Rusia-2018.

Tantos los habitantes de los territorios en manos de la rebelión, como de los que viven en las zonas controladas por el régimen e incluso los kurdos que aspiran a su independencia sueñan con una clasificación que les haría olvidar, aunque solo fuera momentáneamente, el conflicto que ha provocado ya más de 330 mil muertos desde marzo de 2011.

En su pequeño café del centro de Damasco, Alí supervisa los últimos preparativos. Este martes por la noche acogerá a más de 500 clientes que han pagado por seguir por televisión el encuentro que se disputará en Irán… el gran aliado del régimen de Bashar al Asad.

Un partido decisivo para Siria, que podría clasificarse por primera vez para un Mundial si gana a Irán, ya clasificado, y Corea del Sur pierde en Uzbekistán, que también lucha por un boleto para Rusia-2018.

En caso de victoria, Siria se garantizaría al menos seguir luchando para disputar un repechaje por uno de los últimos boletos mundialistas.

Una fiesta futbolera

“He prometido a los clientes que si ganamos, voy a ofrecerles los postres”, dice entusiasmado Alí. En una de las paredes de su cafetería cuelga un póster gigante con los jugadores del equipo nacional.

Al igual que él, numerosos sirios esperan con impaciencia el partido de este martes por la noche, para poder olvidar por unas horas las divisiones políticas y las dificultades económicas de un país en guerra.

Las autoridades de Damasco han previsto transmitir el encuentro en pantallas gigantes instaladas en plazas públicas en varias ciudades, incluso en Hassaké, ciudad dominada por los autonomistas kurdos, y donde los cafés se preparan también para el acontecimiento.

En el frente de Deraa, al sur de la capital, el soldado Sonnel negocia incansablemente con sus compañeros para tratar de cambiar una guardia con el fin de poder ver tranquilamente el encuentro. Sin éxito por el momento.

“Hace más de siete años que soy soldado. Para mí, la clasificación de la selección siria para el Mundial me resultaría más placentera que el final de mi servicio”, asegura este joven, contactado por teléfono por la AFP.

“Si nos clasificamos, estoy seguro que el combatiente que está al otro lado del frente, escuchará mi alegría y quizá incluso me responda”, continúa Sonnel, que se ha comprado unos audífonos para poder seguir el partido por la radio.

“Es el equipo de toda Siria, la Siria de los opositores y de los partidarios” del régimen, precisa.

Incluso en la selección se han dejado las diferencias de lado. El célebre delantero Firas al-Khatib, uno de los pilares del equipo nacional que se unió a los rebeldes al inicio del conflicto, ha reencontrado su puesto tras una exclusión de varios años.

‘Es el equipo de todos los sirios, no del régimen’

En los territorios conquistados por los rebeldes, sus habitantes esperan también una victoria, pese a que este deseo se haga a regañadientes por las diferencias políticas que no se olvidan.

“A este equipo, se le apoya o no se le apoya”, ironiza Ghaith al-Sayyed, joven habitante de Binnish, pequeña ciudad de Idleb, provincia del noroeste dominada por los yihadistas de Tahrir al-Cham.

“Al final, dentro de 10 o 20 años, si el equipo se clasifica para el Mundial, se dirá que Siria se clasificó, no Bashar al-Asad o su régimen”, precisa este adolescente de 19 años.

Ibrahim Chaker, jugador del club de Binnish, se muestra menos comprensivo: “Políticamente hablando, estoy en contra de la selección”.

“Es difícil que el fútbol o un equipo una al pueblo tras las masacres que han ocurrido, los muertos y la destrucción”, denuncia este joven, aunque acaba más calmado: “Si nos clasificamos, será la victoria de Siria, no del régimen”.

Wafi al-Bahch, director del club de fútbol de Kafr Batna, localidad controlada por los rebeldes en la Ghuta oriental, una zona rural cerca de Damasco, no quiere “mezclar política y deporte”.

“Mi sueño es el de ver a Siria clasificada para el Mundial. Este equipo no es el de Asad, sino el equipo de Siria”, asegura.

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