En Pilcaya siguen en ruinas; visita del presidente fue sólo para la foto, acusan pobladores

Vecinos de la comunidad de Pilcaya, Puebla, dicen que las autoridades sólo fueron para la foto y siguen sin recibir ayuda tras el sismo.

Pilcaya
Los habitantes de Pilcaya se quejan que no han recibido ayuda de las autoridades. Ernesto Aroche

A Pilcaya el sismo le rompió 350 casas, las dejó inservibles. Otras 340 tienen daños del 50 al 90 %; muy pocas, o tal vez ninguna, logren salvarse.

Pilcaya es una comunidad con alto grado de marginación que pertenece al municipio de Chiautla de Tapia, está ubicada a 150 kilómetros de la capital poblana, y es una de las más cercanas al epicentro del sismo de magnitud de 7.1 que paralizó al centro del país desde el pasado 19 de septiembre.

El pasado jueves 21 el presidente Enrique Peña Nieto estuvo ahí para arrancar un recorrido por la zona afectada, acompañado por el gobernador poblano, Antonio Gali Fayad. Un día después de la visita oficial, Pilcaya sigue exactamente igual que después del terremoto. En el suelo.

Además de las casas, los habitantes perdieron la escuela primaria, la iglesia, la tienda Diconsa, la primaria y la presidencia auxiliar. Y lo único que obtuvieron del discurso oficial fue eso, palabras, saliva y la foto de funcionarios federales y estatales, pero nada concreto sobre cuándo y cómo comenzará la reconstrucción de esta pequeña comunidad que apenas supera los mil habitantes según el último censo.

Teófilo Aragón, suplente del presidente auxiliar de Pilcaya, estuvo en el evento oficial, y cuándo se le pregunta sobre qué necesitan dice que hacen falta manos, maquinaria y material de construcción, lonas y hules para armarse un techo pues la gente está durmiendo en los patios de sus casas; no aceptan ir al albergue por temor a la rapiña.

Afortunadamente, dice, no ha llovido. Pero en la noche del viernes la lluvia se soltó sobre esta región que colinda con Morelos.

“Nos trajeron una cocina móvil, pero no dejaron alimentos. Estamos cocinando los víveres que nos han dejado la gente de buen corazón que ha venido hasta acá, pero del gobierno nada”, exclama.

Pilcaya

La iglesia de Pilcaya tuvo afectaciones.

Para Francisca, una de las vecinas de la comunidad, damnificada como el 80 % del pueblo, el albergue que se instaló es casi igual de inseguro que sus casas. “Está igual de roto”, dice.

Por eso, Teófilo Aragón tiene a la primaria Abasolo en su lista de inmuebles con pérdida total. Una lista que hicieron luego de que los cuatro regidores y sus suplentes recorrieron los seis barrios de Pilcaya, para censar las casas.

Ese censo de datos fríos trae detrás historias como la de Misael Sosa, quien junto con su esposa y cuatro hijos vivía en la calle Independencia número 7 de la colonia San Isidro Labrador. El sismo casi mata a su niño, le fracturó un brazo. Su casa es pérdida total.

O el de Francisco Miranda, al que el techo de la casa se derrumbó y dejó inservible el 70 % de la vivienda. Sólo le quedó un cuarto habitable, pero también presenta fisuras. Hasta el momento, fuera del censo de los regidores, nadie más le ha dicho que pasará con su casa.

En Tilapa no han visto al presidente municipal

María de Jesús Ramiro e Inocente Cruz son vecinas, viven una enfrente de la otra en la calle Independencia del municipio de Tilapa, ubicado en el sur del estado, a 82 kilómetros de la capital poblana.

Las dos comparten más que la calle. Las dos perdieron sus casas con el sismo. Ninguna de las dos han tenido noticias del presidente municipal, el priista Eliseo Morales, después del desastre.

Eso sí, tienen que verle la cara todos los días, pues del zaguán de Inocente cuelga una publicidad deslavada de la campaña electoral de Eliseo de 2014.

María de Jesús decidió quedarse a dormir en las ruinas de su casa. Inocente va cada noche a casa de su hija. Ahí, en ese municipio, la ayuda de alimentos ha llegado a cuenta gotas, pues apenas se les ubica en el mapa del desastre, su nombre no suena.

Aunque para la dos lo que más les urge es la ayuda para la limpieza de sus casas y la reconstrucción de sus viviendas.

Del albergue, dice Inocente, en el ayuntamiento les dijeron que estaría ubicado en el auditorio municipal, pero el lugar está cerrado.

Por la calle cruza una cuadrilla de nueve jóvenes con cascos amarillos que se autonombran la cuadrilla ardilla. Andan por el pueblo ayudando con la remoción de escombros. Cuando se le pregunta a uno de ellos cuánta casas están dañadas en ese municipio solo responde: “mejor pregúntame cuántas no”.

Close
Comentarios