Alumnos de secundaria toman clases frente a un edificio a punto del colapso

Las clases siguen en la secundaria Enrique C. Olivares, aunque los alumnos están junto a un edificio dañado por el sismo, en la calle Balsas 18.

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La escuela queda frente al edificio de la calle Balsas número 18, donde murieron cuatro personas tras el derrumbe de dos pisos por el sismo del 19 de septiembre. Nayeli Roldán

A las 15:00 horas, los alumnos de la secundaria Enrique C. Olivares salen de clases, pero deben hacerlo en fila, pegados a la pared y escoltados por maestros y un policía. Su rutina cambió porque son vecinos del edificio de la calle Balsas número 18, donde murieron cuatro personas tras el derrumbe de dos pisos y, que después de un mes, está a punto del colapso total.

Las clases son escalonadas, para no usar los salones que están justo frente al edificio dañado, y no tener a los 415 alumnos en la escuela al mismo tiempo, según determinaron en reunión los padres antes de reiniciar labores el 10 de octubre pasado.

Sin embargo, ninguna medida les quita el temor de que el edificio pueda colapsar cuando sus hijos están en la escuela. Aunque la secundaria no sufrió ningún daño estructural, y por eso la SEP avaló el regreso a clases, la única puerta de acceso está frente al edificio en ruinas.

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El edificio de Balsas que se desplomó tras el sismo.

“Hace años, el director del turno vespertino agarró de oficina una parte y cerró la puerta de emergencia, la desaparecieron”, cuenta Georgina Mendoza, madre de familia. Por eso, dice, una de las exigencias es que pueda hacerse lo antes posible una salida de emergencia.

Los directivos de la escuela se negaron a cualquier entrevista para explicar si la demanda de los padres ya fue informada a la Secretaría de Educación Pública, o si han hecho alguna denuncia a protección civil de la Ciudad de México. La única certeza es que las clases continuarán bajo esas condiciones, según le han dicho a los padres de familia.

La escuela está en una zona de riesgo y los niños “no están cien por ciento seguros”, agrega Georgina. De hecho, hubo alumnos que se cambiaron de escuela por temor. La única medida gubernamental como precaución es el acordonamiento de la calle y la presencia de un policía para evitar el tránsito en la calle Balsas.

Este edificio ni siquiera está incluido en la lista de las primero 13 demoliciones anunciadas por el gobierno de la Ciudad de México el pasado 10 de octubre.

Tres edificios en riesgo

A un costado de la secundaria está un pequeño campamento montado por los vecinos. Ahí se reúnen y hacen guardias nocturnas porque los edificios aledaños también fueron desalojados. Se trata de la torre trasera del número 18 de la calle de Balsas, el edificio de a lado, (el número 16) y el edificio de atrás, en la calle Miravalle número 213.

Hasta el momento, la Secretaría de Desarrollo Urbano de la Ciudad de México no ha enviado a ningún Director Responsable de Obra (DRO) para dictaminar los daños en todos los inmuebles. Ni siquiera existe un reporte oficial que mandate la demolición del edificio más dañado.

Angélica Patricia vive en la calle Miravalle y tuvo que pagar de su bolsa la evaluación de un DRO, en el que se determina la demolición urgente porque los dos pisos, de los cuatro que eran originalmente, están sostenidos por una columna y está recargado en dos cuartos traseros del inmueble de Miravalle que “están sirviendo de palanca”.

“Aunado a los cambios de clima, hemos visto que el edificio se va inclinando. Estamos a un mes en que hemos ido a tocar puertas, solicitado audiencias y no hemos tenido ninguna respuesta”, dice Angélica.

El argumento, según cuenta Octavio Ochoa, quien vivía en un departamento de Balsas 18, el inmueble está asegurado por la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México para investigar la muerte de cuatro personas tras el derrumbe y sólo hasta que concluyan las pesquisas, puede ser demolido, según le dijeron en Protección Civil.

“Seguimos a la espera de que lo libere la fiscalía y se pueda trabajar en la demolición. Pero ninguna autoridad nos ha dicho cuándo será. Está muy lento esto”, dice Octavio.

La Procuraduría está investigando todos los casos de derrumbes en los que hubo fallecidos, ya sea por denuncia o por oficio. En cada uno debe hacer decenas de peritajes e investigación sobre la construcción de cada inmueble. Por lo tanto, el tiempo que llevarán las pesquisas es indeterminado.

Sin embargo, en otros casos, pese a que la Procuraduría está investigando, la Secretaría de Obras ya acabó con la demolición en los derrumbes en avenida Álvaro Obregón en la colonia Roma; en la calle Chimalpopoca, en la colonia Obrera y en Escocia, en la Del Valle, por ejemplo.

La demolición del inmueble de Balsas es lo más urgente para todos los vecinos. Exigen que ocurra lo más pronto que se pueda, o de lo contrario, con cualquier temblor temen que el edificio termine de colapsar y el daño a los inmuebles contiguos sea irreparable.

Leonor Cardeña vivía en la torre trasera de Balsas desde hace 37 años. El diseño del inmueble es exactamente igual al que se derrumbó y ninguna autoridad ha determinado si el edificio será habitable, pero para ella, sería mejor opción derrumbarlo también, para estar más tranquila.

Patricia carga un archivo con decenas de hojas y oficios dirigidos a autoridades del gobierno capitalino sin encontrar respuesta, por eso, dice, lanza una exigencia clara a los políticos: “así como en el momento de sus campañas solicitan el voto del pueblo, respondan a ese voto. No se vale en que nada más cuando quieren un cargo público busquen a los ciudadanos”.

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