Ruth tiene 65 años y perdió su patrimonio; los créditos son inviables para recuperar su casa

La opción que da el gobierno de la CDMX a quienes perdieron su casa es un crédito por 1 o 2 mdp, por los que pagarían más de 7 mil pesos mensuales.

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Paseo de las Galias, en la delegación Iztapalapa. Nayeli Roldán

Ruth tiene 65 años y hace 20 terminó de pagar su departamento en la delegación Iztapalapa. Trabajó en un banco y al jubilarse se sentía tranquila de haber conseguido un patrimonio que le permitiría vivir sin preocuparse por pagar renta.

El inmueble estaba en Paseo de las Galias, número 47, en la colonia Lomas Estrella. Una zona que contrasta con avenida Tláhuac. Ahí, los vecinos de organizan en comités y procuran que las calles estén limpias, el pasto podado y las casas y edificios tienen zaguanes eléctricos y espacios amplios para estacionamiento.

El sismo del 19 de septiembre acabó con el edificio donde Ruth vivía. Las columnas que sostenían ocho departamentos, construidos en 1978, no soportaron lo suficiente y la parte frontal colapsó. Murieron cuatro personas, tres de ellos de una misma familia que tenía pocos meses de haber rentado uno de los inmuebles.

Ruth no estaba en su casa en ese momento. Desde que se jubiló se dedicó a hacer bisutería fina que vende en las oficinas; ese día estaba en la Cámara de Diputados cuando ocurrió el temblor. Aunque un vecino le advirtió por teléfono que el edificio “no se veía bien”, nunca imaginó que la afectación sería tan grave.

A las 17 horas pudo llegar a su domicilio y  lo que vio la dejó en “shock” porque “ves como tu vida se desmorona en segundos. Se acabó todo, tu historia, todo. Ni siquiera pude sacar algo. Me quedé con lo que traía puesto nada más”.

Aunque Ruth siempre salía de casa maquillada y se esmeraba en combinar su ropa y accesorios, los siguientes días “no tuve ganas de nada”, relata, por eso, “a veces le reclamaba a Dios para qué me dejó viva”.

Y es que la vida después de ese martes 19 cambió drásticamente. Fue el primer día en que durmió en una tienda de campaña, en el camellón con césped que divide la calle y a unos metros de donde estaba su departamento.

Los vecinos han apoyado a quienes se quedaron sin nada y también a los habitantes de otros dos edificios que resultaron severamente dañados y tuvieron que ser evacuados. Les llevaron cobijas, ropa y comida, gracias a eso sobreviven. Además, el campamento es resguardados por policías todo el día y noche.

Poco a poco Ruth ha recuperado el ánimo y la esperanza para salir adelante. “Fui al tianguis a comprar mis cosméticos baratitos y le pedí a una amiga una secadora para peinarme, ya no podía seguir mal”.

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Ruth, ahora duerme en casas de campaña frente a lo que fue su hogar.

La ayuda gubernamental no es opción

Ruth dice que es poco el tiempo que ha pasado y recuperar la normalidad costará mucho, pero sabe que lo más difícil será conseguir una casa como la que tenía: un departamento de tres recámaras y dos baños, más cocina y sala comedor en casi 90 metros cuadrados.

Cuando ella y los ocho dueños de departamentos se enteraron de los créditos para vivienda a través de la Sociedad Hipotecaria Federal, anunciados por el jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, acudieron a la Secretaría de Finanzas para conseguir ayuda.

Sin embargo “todos nos salimos enojados de la reunión porque no es lo que queremos”, dice Ruth, quien fue nombrada representante del edificio. La oferta que les proponían eran créditos de un millón de pesos como mínimo y dos millones de pesos como máximo para reconstruir los departamentos.

“Te cuentean que ellos se encargan de pagar capital y tu pagas intereses” del crédito, pero al desglosar los pagos, la cifra asciende a 7 mil 500 pesos mensuales. Casi todos los dueños son personas de tercera edad y en el caso de Ruth, por ejemplo, su negocio le daba para vivir, pero no le alcanzaría para pagar una mensualidad de ese monto.

Ninguno de los propietarios aceptaron la propuesta, pero no saben qué más podrían hacer. “El gobierno no tuvo la culpa de lo que pasó, entiendo que es muy pronto, pero nos tiene que apoyar en algo”, dice Ruth.

Efectivamente existe un presupuesto del Fondo de Contingencias de la Ciudad de México y recursos federales del Fondo de Desastres Naturales (Fonden), pero aún no se ha explicado cuánto de ello alcanzará para resolver las demandas de toda la población afectada.

Ruth también acudió a la Secretaría de Desarrollo Económico para emprender de nuevo su negocio. Aunque no tenía un sitio establecido, es comerciante y todo su material quedó entre los escombros. Este aspecto, dice, sería una parte fundamental para comenzar de nuevo y recuperarse económicamente poco a poco, pero la dependencia local aún no le resuelve su solicitud de crédito.

El resto de vecinos no quieren hablar de lo que están pasando, por eso nombraron a Ruth como vocera porque antes del sismo también era representante en la colonia. Aunque por el momento “no saben para dónde jalar”, ni si obtendrán alguna ayuda gubernamental, confían en que recuperarán su patrimonio de alguna manera.

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Comentarios
  • Blooms

    Hay que juntarse y exigir que el gob les de, no un préstamo sino un departamento igual para todos. No fue culpa del gob pero para eso recauda impuestos, para el bienestar de todos y si no les alcanza es hora de vender Los lujos como el avión y empezar a hospedar a los damnificados en la casa blanca y otras casas del gob