Empleadas de maquilas enfrentan a la burocracia para acreditar enfermedades ante el IMSS

Las trabajadoras sufren enfermedades como dolor de articulaciones, problemas urinarios y digestivos, para ellas acreditar la enfermedad de trabajo ante el IMSS es un proceso largo y burocrático.

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A los 30 años, las mujeres de la maquila suelen tener dolor de articulaciones, ansiedad, agotamiento, problemas urinarios y digestivos. Cuartoscuro

Martha coloca la prenda en la máquina, toda su fuerza la manda a la mano derecha. Se encorva luego para ver y ajustar la aguja, jala la tela hasta sacar la prenda, con el pie sobre el pedal regula la velocidad de la costura, saca la prenda de la máquina y la deposita en el montón. Y así, hasta completar 35 bultos para el final de su jornada diaria en la maquila de pantalones de mezclilla donde trabaja. En cada bulto hay 50 piezas, a las que Martha les ha pegado la ojalera. Para cuando es la hora de salir, su cuerpo ha repetido 1750 veces la misma serie de movimientos.

Al lado de ella, sus compañeras repiten otros tantos. Las trabajadoras que deben coser el delantero colocan 2450 veces la prenda con las manos y la presionan para guiarla, 2450 veces se encorvan para fijar la vista a la altura de la aguja. Otras compañeras están de pie, inclinándose 3 mil veces al día para tomar las prendas de los bultos y subir el cierre y abotonar.

Los cuerpos de todas llevan la factura de los 26 pasos que se hacen en la maquiladora para terminar un pantalón, y que se dividen en manuales, operarios manuales y operarios automáticos. Los tres tipos de operación requieren esfuerzos continuos, que van desde estar de pie, sin opción de descanso, hasta el estiramiento de distintos músculos y esfuerzos lumbares.

A los 30 años, las mujeres de la maquila suelen tener dolor de articulaciones, ansiedad, agotamiento, problemas urinarios y digestivos. Padecimientos para los que no reciben atención médica suficiente. Así lo documentó el Colectivo Raíz de Aguascalientes, en su estudio “Mujeres, trabajo y salud laboral”.

Durante la presentación del mismo, Sara Montes Ramírez, presidenta fundadora de este colectivo, explica que el estudio lo realizaron para visibilizar los problemas de salud que enfrentan las trabajadoras de la maquila del vestir de exportación en Aguascalientes y las dificultades que tienen para acreditar la enfermedad de trabajo ante el IMSS.

El Colectivo Raíz se dedica a impartir talleres sobre derechos laborales a las trabajadoras de la maquila, en ellos se dieron cuenta que las mujeres tenían diversos padecimientos para los que no se les brindaba atención médica adecuada.

Así que decidieron hacer un estudio para poner en números esta realidad. La fábrica donde se realizó la investigación se fundó en la década de los sesenta. Su actividad principal es la maquila de pantalones de mezclilla y entre sus clientes se encuentran marcas de renombre internacional para las que ha confeccionado más de 9 millones de pantalones.

Dicha empresa emplea a 1400 personas, la mayor parte mujeres. 132 trabajadoras y ex trabajadoras accedieron a relatar su experiencia a través de entrevistas semiestructuradas, al salir de su jornada de trabajo, para que el colectivo documentara sus padecimientos y el acceso a las consultas en el IMSS.

Entre los hallazgos del estudio destaca que 100% de las trabajadoras de la muestra refirieron tener dolor de cuello, problemas urinarios y digestivos, dolor de cabeza, dolor de articulaciones, agotamiento y ansiedad.

Del grupo, 62% de quienes padecen dolor de cabeza no reciben ningún tratamiento, 70% de las que tienen dolor de cuello están sin atención, lo mismo que 72% de quienes sufren dolor de articulaciones, 80% de las afectadas por ansiedad y 89% de quienes experimentan agotamiento crónico.

Me duele pero debo trabajar

Las jornadas en la maquila suelen ser de diez horas, pero la carga de trabajo es mayor desde que las marcas internacionales para las que trabajan las fábricas mexicanas reformularon los tiempos de producción y la paga.  La relación entre el número de prendas producidas y el salario se convirtió en un punto nodal para aumentar un poco el ingreso de las trabajadoras.  

“La diferencia entre trabajar a destajo y trabajar por un pago semanal es el dinero. En la primera empresa en la que trabajé, cuenta una de las empleadas, en cuatro días llegué a ganar 2500 pesos. En la otra empresa donde se hacen pantalones de mezclilla había una máquina que estaba programada para hacer ciertas puntadas. Se programaba la máquina para que hiciera unas puntadas y ahí estaba yo. Ahí salía con dolor de una sola pierna, porque yo no le daba con las dos, así que al final me dolía”.

A partir de esta relación entre producción y sueldo, explica Sara Montes, “se generaron mecanismos de control que impactan de manera agresiva las capacidades corporales de las trabajadoras y tienen consecuencias en su salud”.

En el informe de Colectivo Raíz aparece el comentario de una supervisora de línea de la maquila que explica muy bien de qué trata este mecanismo. “La gente se presiona sola. Entre más hagas más ganas, no tienes que decirles que pierdan la menor cantidad de tiempo posible, ellas piensan que las estamos presionando. No, tú solita te tienes que presionar”, dice el comentario.

Aunque los procedimientos burocráticos de instituciones públicas de salud como el IMSS han tratado de mejorar los tiempos de acreditación de sus distintos servicios, las rutinas para acceder a estos aún son poco accesibles para diversos grupos, como los trabajadores de las maquiladoras, quienes han quedado al margen de la reestructuración de rutas que el IMSS ha realizado para facilitar el acceso a sus servicios.

El proceso que una trabajadora de la maquila debe pasar en el IMSS con la finalidad de acreditar su padecimiento de salud como enfermedad laboral está registrado en el informe de Colectivo Raíz, a través de un caso documentado con un expediente clínico y algunos testimonios de ex empleadas.

La batalla empieza cuando deben pedir permiso para ir al médico. Es común que síntomas o padecimientos músculo-esqueléticos, cefaleas, o dolores más o menos comunes, como los de estómago, se consideran poco importantes, e incluso se tomen como un pretexto para no trabajar con rapidez, así que su atención se posterga en pro del cumplimiento del trabajo y obediencia a las normas y reglamentos de la empresa.

Además, los supervisores aplican un nivel subjetivo al valorar positivamente y como digno de elogio a quien antepone los deberes laborales al bienestar físico y personal. “El supervisor nos decía que si faltábamos, nos iba a castigar, cuenta una de las ex empleadas de la maquiladora, desde un principio nos dijeron: ‘Tienen su sueldo base más lo que se ganen por destajo’. Así que yo solo iba al médico cuando de verdad ya no sentía fuerzas, cuando tenía calentura y ya no podía ni con mi alma. Mientras pudiera trabajar aunque me sintiera mal, nada más me tomaba una pastilla de paracetamol o me compraba un producto de Estar Bien y otro que se llama Magnus de Omnilife”.

Otra ex trabajadora dice que prefería ganar poco a no ganar nada. “Si uno va al seguro, pierdes el día, porque ni descansas la enfermedad y a veces el doctor piensa que no amerita darte la incapacidad, y la medicina a veces ni me hacía. Cuando estaba de plano muy mal, sólo me daban la incapacidad por uno o dos días cuando mucho, y mi salario de la semana se reducía.” Un sueldo que asciende a 531 pesos semanales, considerando las deducciones, no permite cubrir las necesidades básicas de las trabajadoras,  por eso aplazan acudir a los exámenes médicos.

Trabajo ligero

Está además la faena de enfrentarse a las instituciones públicas para que reconozcan una enfermedad laboral. El informe de Colectivo Raíz documenta el caso de una ex trabajadora que empezó con dolor de rodilla. Después vino el dolor en la cadera, los calambres en las manos, luego el dolor en el hombro derecho y el cuello.

El médico emitió en sus reportes que la mujer “labora en empresa de costura, en máquina y realiza movimiento repetitivo de muñecas y pulgares para estirar la ropa y está en la misma posición de forma prolongada”. El especialista podría haber sospechado que había una relación entre los padecimientos y el trabajo y canalizarla a la oficina de salud laboral. Pero no lo hizo.   

Para marzo de 2015, se canalizó a la paciente al servicio de traumatología y ortopedia para someterla a una intervención quirúrgica. Durante el periodo de convalecencia de la cirugía, la nota médica menciona el tipo de trabajo que realiza, pero lo califica como ligero. “Puesto de trabajo operaria de máquina de costura. Realizando maniobras de movimiento repetitivo de mano y dedos pulgares para deslizar prendas. Tipo de trabajo ligero”. Aun con la cirugía, la trabajadora continúo con el dolor y solo se le suministró sulindaco y gabapentina.

Lo que el informe de Colectivo Raíz pretenden es colocar en la agenda pública el tema de salud de los trabajadores y generar vías institucionales que permitan a las y los trabajadores el acceso efectivo al servicio médico y profundizar en el estudio de los padecimientos y atenderlos, “relacionando otros temas fundamentales, dice Sara Montes, como el salario mísero por el que se arriesgan tantos cuerpos de mujeres”.

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