Policías torturaron a joven durante el desalojo violento del Zócalo, confirma CNDH

El joven de 21 años fue golpeado y recibió descargas eléctricas; era empleado de un establecimiento cerca del Zócalo y no participaba en la protesta.

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Elementos de la policía Federal y de la Secretaria de Seguridad Pública de la capital desalojaron a los manifestantes que exigían la aparición de los 43 estudiantes normalistas desaparecidos el 26 de septiembre de 2014. Cuartoscuro Archivo

La Comisión Nacional de los Derechos Humanos confirmó que al menos una persona fue torturada por policías de la Ciudad de México, durante el operativo del 20 de noviembre de 2014, mediante el cual fue desalojado por la fuerza el Zócalo capitalino, donde miles de personas reclamaban la presentación con vida de los 43 normalistas de Ayotzinapa.

La víctima, un joven de 21 años de edad al momento de los hechos, ni siquiera formaba parte de la protesta: era empleado en un establecimiento del Centro Histórico y su esposa (con cuatro meses de embarazo) fue por él al trabajo.

Tal como consta en el expediente de la CNDH, el operativo para desalojar el Zócalo inició a las 22:00 horas.

La CNDH comprobó (mediante registros fotográficos), dos bengalas lanzadas desde la azotea de Palacio Nacional fueron la señal para que los policías (tanto federales como de la Ciudad de México) iniciaran el desalojo de la plaza, en donde la mayoría de los manifestantes actuaban pacíficamente, y en el que había contingentes conformados exclusivamente por padres y madres de familia que asistían a la protesta con sus hijos de brazos.

La CNDH pudo documentar 89 casos de personas que sufrieron vejaciones por parte de los granaderos de ambos niveles de gobierno, entre los que están adultos mayores, niños, niñas e, incluso, 12 clientes de un restaurante, que fueron golpeados por granaderos cuando cenaban en una terraza a pie de calle.

Según la información incluida en las investigaciones de la CNDH, el joven víctima de tortura fue detenido instantes después de que inició desalojo.

En su testimonio dijo que él y su pareja intentaban cruzar la plaza, caminando de la Catedral hacia la calle de Pino Suárez, para alejarse de la manifestación, sin embargo, al pasar frente a las puertas de Palacio Nacional, un gradadero de la Ciudad de México golpeó a su cónyuge en la frente, con el canto de un escudo.

Para proteger a su pareja, el joven la abrazó, dando la espalda al policía.

“Al darle la espalda –resumió la CNDH–, fue rodeado por elementos de Seguridad Pública de la Ciudad de México, de quienes recibió golpes en la cara, así como en diversas partes del cuerpo, siendo arrojado boca abajo, hacia una valla metálica. Después, lo llevaron con otro grupo de policías, donde nuevamente fue objeto de maltrato, además de recibir un golpe con un tubo. (Luego) lo hicieron correr de dos a tres cuadras, y fue trasladado hacia donde se encontraba un camión, sitio en el que fue hincado, le rociaron un producto en la espalda que provenía de un extintor, así como recibir descargas eléctricas por espacio de 10 a 15 minutos”.

Según el expediente de la CNDH, este joven fue localizado a las 22:20 horas, es decir, 20 minutos después de que inició el desalojo y cuando éste aún estaba en marcha.

Para constatar esta denuncia, el joven agredido por los policías fue sometido a una examinación, por parte de un médico forense oficial, quien concluyó que no sólo había rastros de distintas lesiones ocasionadas por golpes con objetos contundentes, sino también “dos equimosis rojas, lineales, paralelas entre sí, en la región dorsal”, marcas provocadas por el aparato de descargas con el que fue torturado.

Luego, un equipo forense se encargó de analizar la mecánica de las lesiones, y concluyó que éstas “son congruentes con el dicho del agraviado”.

Según el testimonio de esta víctima, recabado en 2014 por Animal Político, el lugar en donde fue encontrado, inconsciente, fue la calle de Corrregidora, es decir, la calle lateral de Palacio Nacional, inmueble que fue usado no sólo para lanzar las bengalas con las que arrancó el desalojo violento de la plaza, sino también donde fueron concentrados los detenidos, once de los cuales fueron consignados ante un juez penal (para luego ser liberados, por falta de pruebas) y otros fueron liberados sin remitirlos ante el Ministerio Público, debido a las lesiones que presentaban.

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