Una prepa abre la puerta a los jóvenes del Barrio Bravo de Tepito

La escuela José Guadalupe Posada es la única preparatoria en Tepito, donde lo más común es que los jóvenes se dediquen al comercio o a la delincuencia. Gracias a este proyecto educativo entre la UNAM y el gobierno capitalino, alumnos han logrado salir de ese esquema y hoy son universitarios.

Una prepa abre la puerta a los jóvenes del Barrio Bravo de Tepito




El camino de Edgar Hernández se ha torcido varias veces, pero él ha tenido la oportunidad de enderezarlo. El universitario de 23 años ha vivido toda su vida en lo que podría considerarse un pantano y ha salido de él gracias a la influencia de su abuela, a su propia voluntad de superación y a los maestros que lo impulsaron en su preparatoria, la escuela José Guadalupe Posada del barrio de Tepito.

Creció en Culiacán sin sus padres hasta que los homicidios del narcotráfico se volvieron el pan de cada día y se mudó a la zona roja de Tepito, en Ciudad de México, con su madre y sus hermanos menores. Con apenas siete años, Edgar estudiaba la primaria, trabajaba en una tienda de abarrotes y a ratos atendía a sus hermanos porque su madre tenía un problema de alcoholismo, por lo que a veces le tocaba cuidarla también a ella. No pudo estudiar la secundaria porque su madre lo sacó para que ayudara con los gastos de la casa, pero el deseo de superación del niño siempre fue más fuerte: se informó sobre el examen del Ceneval para obtener certificados y consiguió el de secundaria con 9.2 de calificación.

“Es algo que siempre me ha impulsado: salir, sobresalir, no quedarme estancado y repetir la misma historia”, cuenta Edgar en un jardín de su escuela actual, la facultad de Odontología de la Universidad Nacional Autónoma de México. Ya antes había ingresado a las asediadas filas de la UNAM, cuando se inscribió a bachillerato, pero entonces trabajaba en una panadería y una imprenta, por lo que descuidó sus estudios y prefirió darse de baja. Sin saber qué hacer, encontró una convocatoria para la nueva preparatoria que se abriría justo en la calle donde vivía: la “prepa Tepito”, la única escuela de nivel medio superior en el Barrio Bravo.

La escuela está ubicada en la calle Jesús Carranza de la colonia Morelos, en el centro de Ciudad de México, donde viven unas 50 mil personas. Esta vialidad fue considerada en 2006 como la más peligrosa de Tepito y de la ciudad por concentrar el mayor número de habitantes presos. Para 2017 han ocurrido todo tipo de ilícitos: en enero fue asegurada una tiendita que vendía galletas de mariguana; en marzo fue hallado un cadáver envuelto en cobijas que resultó ser de un miembro del cártel La Unión Tepito; un tiroteo en agosto dejó un muerto y siete heridos; en ese mismo mes fueron decomisados 50 kilos de hierba, y en junio un video del C5 dejó al descubierto cómo los narcomenudistas pasaban drogas por una azotea de esa calle, apenas a cinco casas de la escuela. A su espalda está la calle Tenochtitlan, donde en 2016 fue desmantelado un tianguis de drogas que había sido instalado en 14 viviendas.

La “prepa Tepito” está alojada en las instalaciones de un DIF (Desarrollo Integral para la Familia) inaugurado en 2007 por el exjefe de Gobierno Marcelo Ebrard, cuatro años después de que expropiara el predio hasta entonces conocido como “La Fortaleza”. Ese terreno era una unidad habitacional donde se practicaban todo tipo de delitos: desde la legendaria piratería que caracteriza la zona, hasta narcotráfico, venta de armas y secuestro. Por debajo de estas vecindades pasaban túneles que conectaban ambas avenidas para ocultar y distribuir las mercancías, según recuerda el administrador Agustín Hernández, quien creció en el Barrio Bravo y conoció La Fortaleza.

Por este sórdido pasado del inmueble es que el entonces secretario de Educación del (otrora) Distrito Federal, Salvador Martínez della Rocca, conocido en la política como El Pino, decidió instalar una escuela con el objetivo de combatir el crimen con educación. El plan era acercar el nivel medio superior a los jóvenes de la zona, quienes en su mayoría se dedicaban a trabajar con sus padres en los puestos comerciales o a la delincuencia.

Ocupar los espacios cedidos a la delincuencia

El proyecto del exsecretario consistía en crear un sistema de preparatorias que dependiera exclusivamente del gobierno del DF en los centros de mayor índice delictivo de la Ciudad; una en cada delegación política, empezando por la zona más roja de la Cuauhtémoc: Tepito. “Yo quería hacer una preparatoria modelo en la zona más delincuencial del DF, porque si el crimen se combate con educación, tenía que ser ahí”, relata en entrevista Martínez della Rocca. “Al principio asaltaron a varios maestros, pero ellos aguantaron vara y luego hasta los protegían”, recuerda el exsecretario. El proyecto se vio truncado por el fin de esa administración, pero la “prepa Tepito” continuó y ya tiene una segunda generación.

Hoy sobre el suelo de La Fortaleza hay salones para clases y talleres; canchas de basquetbol y futbol; una alberca, un gimnasio con ring, un área médica y un servicio de guardería que también pueden usar los estudiantes de la Preparatoria José Guadalupe Posada, acompañados de algún docente. “Una alumna de la generación pasada traía aquí a su bebé. Se embarazó estando aquí, nació, ella salía de clase, pasaba por su chiquito y se iba”, recuerda la directora, Lourdes Rodríguez. Actualmente hay cuatro alumnas embarazadas: el 5 % del total de los alumnos matriculados.

Inicialmente, Edgar no aparecía en las listas de la preparatoria Posada –nombrada en honor al grabador mexicano creador de la célebre Catrina, fallecido en esa colonia- pero el personal lo ayudó a entrar y formar parte de la primera generación. “De no haber sido por esa pequeña ayuda, no estuviera aquí. Le debo (a la escuela) la oportunidad de demostrar mis capacidades”, reconoce el universitario.

El alcoholismo de su madre y los maltratos derivados de esta enfermedad; crecer sin su padre –quien murió cuando él tenía cuatro años-, y los entornos violentos en que ha vivido podrían haber orillado a Edgar a tomar un camino mucho más fácil, como las drogas o la delincuencia, algo que tenía al alcance de la mano.

Sólo de enero a septiembre de 2017, la delegación Cuauhtémoc –donde se ubica la mayor parte de la zona de Tepito- mantuvo la tasa delictiva más alta de Ciudad de México, con 636 delitos de alto impacto por cada 100 mil habitantes, según cifras de la Procuraduría de Justicia capitalina. La delegación que le sigue, Miguel Hidalgo, tuvo casi la mitad de esos delitos: 393 por cada 100 mil habitantes.

La colonia Morelos (sede de la preparatoria) tuvo una tasa de homicidio doloso de 78.5 por cada 100 mil habitantes durante el periodo octubre 2015 – septiembre 2016, es decir: 28 asesinatos, de acuerdo con el sitio Hoyo de Crimen, que recopila estadísticas delictivas por zona de la ciudad.

En el mismo periodo hubo 24 lesiones por arma de fuego, 93 robos a transeúnte con violencia y tres sin violencia. Hasta principios de 2017, la Morelos era considerada la colonia más peligrosa de la capital, según las cifras de la Secretaría de Seguridad Pública local.

Pero Edgar tuvo suerte. Su abuela le inculcó siempre que todo lo que quisiera en la vida le costaría trabajo y que nadie la regalaría nada, así que tomó el camino del esfuerzo. “Hay compañeros a los que admiro, que a pesar de que tuvieron carencias igual que yo, no se dieron por vencidos; aunque no se hubieran quedado en la UNAM, el IPN, en la UAM, el deseo de salir adelante es lo que cuenta, en vez de quedarse en su casa o dedicarse solo a trabajar”, evalúa.

Edgar es uno de los exalumnos de esa primera generación de la Preparatoria José Guadalupe Posada que continuaron sus estudios. De los 150 que ingresaron, 61 concluyeron los cursos y hoy sólo seis son universitarios. La directora explica que este embudo se debe a que los estudiantes se dan por vencidos conforme van fracasando académicamente, o por el trabajo, porque se embarazan, por miedo… “Al final es un filtro, no todos están preparados para este sistema, la plataforma es de alta complejidad”, admite la maestra.

Se trata de un sistema híbrido con dos horas diarias de clase presencial con maestros certificados por la UNAM, y otras dos horas de laboratorio de cómputo en las que todo el conocimiento se imparte en línea, explica Rodríguez. El plan de estudios fue diseñado en un convenio con la Universidad tomando como base su sistema de Educación a Distancia, pero adaptándolo a un híbrido con el sistema presencial. Esto con el objetivo de que fuera un plan propio y que no dependiera de los planes de la administración federal, explica Martínez della Rocca, quien estuvo en desacuerdo con los cambios que la Secretaría de Educación Pública federal hizo durante el sexenio de Vicente Fox, cuando desaparecieron del plan de estudios las materias de Civismo y Ética. Para evitar alinearse con estas decisiones, el proyecto de la “prepa Tepito” era tener su propio plan de estudios, en el que fue incluida la materia de “Sociedad y Universidad”, entre otras.

Actualmente los alumnos tienen una hora adicional los martes y jueves llamada ‘de enriquecimiento’, donde charlan con especialistas en la asignatura que están cursando, o asisten a conferencias, visitan museos o ven documentales. Los lunes y miércoles tienen educación deportiva. “En la generación pasada tuvieron natación pero este año no hubo presupuesto para maestro, así que sólo tuvieron box y karate. Ahora les damos más bax”, bromea la directora.

Deporte: la inspiración

En el ring entrenan -pese al frío- Francisco, actualmente estudiante que resultó subcampeón en el torneo de la Guerrerita Ana María Torres en 2016, representando a su escuela, y Eumir, exalumno que llegó a semifinales y sigue yendo a entrenar a la preparatoria, pues además se está preparando para anotarse a la Policía Federal. “A mí sí me gustó, por eso igual sigo viniendo, me gusta mucho este programa que se hizo. Cuando entramos nosotros en la primera generación me gustó mucho la idea de ponerlo aquí en el Barrio, porque eso era, sacar a los jóvenes de lo que abunda aquí, que tengan otra visión”, dice Eumir.

“Ha influenciado mucho en mí el tener disciplina, si te tiran en el ring, te tienes que parar y ser más fuerte, así igual en el trabajo, en todo”, agrega el joven, quien truncó sus estudios porque su deseo era entrar a la escuela militar pero no cumplía con el requisito de edad.

Guillermo, el entrenador de karate, atribuye al deporte el deseo de superación de los estudiantes. “Está súper ligado a que tengan una mejor convivencia, mejor actitud, han cambiado bastante los chicos; del momento que entraron a ahorita ya se han vuelto más responsables, más respetuosos. No se critica, pero el ámbito social en que ellos conviven es muy agresivo, vienen a la defensiva, y ahorita son otras personas. No es coincidencia que los mejores promedios han sido los que más han destacado en su deporte, van de la mano”, dice orgulloso.

Don Agustín, también encargado del laboratorio de cómputo y mano derecha de la directora, con quien llegó a la escuela desde su inauguración en 2012, agrega que no sólo los jóvenes han cambiado con la escuela, sino también el mismo DIF: “Antes estaba solo, vacío, había muchas actividades e invitaban a la gente pero no entraban. Cuando empezó la prepa empezó a venir más gente, siento que los alumnos fueron un pilar para que empezaran a venir. Lo que siempre ha jalado es la alberca, siempre estaba ocupada pero lo demás no”.

La ubicación de esta escuela, en el corazón del barrio más temido de la delegación Cuauhtémoc, ha servido incluso para jóvenes que no son sus habitantes, como Adrián Carrillo, cuyos padres son comerciantes de la colonia pero viven en el municipio mexiquense de Chalco.

Los padres, la clave del éxito

Adrián tiene 20 años, cursó el bachillerato en la preparatoria José Guadalupe Posada y hoy estudia Ingeniería en Sistemas Computacionales en una universidad privada. Su madre, Alejandra, admite con pena que no deja a sus hijos solos en ningún momento: se los lleva a su puesto en Tepito desde las 07:00 horas, los manda a la escuela y los acompaña a todas las actividades que puede.

“Nosotros les hemos dicho que somos un equipo. Económicamente estábamos mal y mi esposo empezó a hacer tapetes para perro, con eso mejoró la vida de mis hijos. Antes él (Adrián) se venía sin desayunar a la prepa. Somos siete de familia y ahora somos un equipo: uno va y compra, mi esposo cose, otros rellenan… Yo no les doy el tiempo de otras cosas, mis hijos ahorita están en una edad en que muchos toman, fuman, se van… ellos no tienen ningún vicio porque los tengo trabajando, se enfocan a eso”, dice la señora Alejandra.

Esta dedicación que a muchos puede parecer obsesiva es la clave para que los jóvenes permanezcan en la escuela y no tomen otros caminos, de acuerdo con la maestra Rodríguez. “Para que este modelo funcione es vital que los papás estén aquí pendientes, es un trabajo en equipo: somos escuela, padres y la base del triángulo son ellos. Cuando hay ausencia de los padres, apatía, no tenemos historias que terminen de manera tan satisfactoria y gratificante como Adrián”, asegura.

Sus padres y sus abuelos fueron todos comerciantes en Tepito. Alejandra nació y creció en el barrio pero sólo estudió hasta secundaria porque su escuela estaba lejos, tenía que tomar camiones donde todos los días sufría acoso sexual, y en la colonia no había preparatoria así que se dedicó a trabajar. “Yo trabajé de intendencia y los doctores, las enfermeras, no me creían que era de aquí, pero mis papás me enseñaron a respetar. Eso les enseñé yo a mis hijos. Sí soy orgullosa de ser de aquí pero mis padres me dieron una educación”, dice la madre de Adrián, quien se alegra de haber recibido esa educación porque ha constatado los efectos de no tenerla.

“Tuve compañeros aquí en la prepa que eran otra onda.. Uno era mi amigo y era muy rebelde, no era muy sensato en lo que hacía, pero era mi amigo”, cuenta Adrián. “Ahorita está estudiando Derecho, ya no me tocó ese cambio pero me siento bien por él. Luego cuando yo no traía dinero él me invitaba una gordita o algo… Éramos tres amigos y ellos me protegían porque era como si fuera el hermano chico”.

En 2014 la UNAM llevó a cabo el Segundo Encuentro Internacional de Alumnos Sobresalientes, al que no había sido invitada la “prepa Tepito”, pero ellos se enteraron y buscaron la forma de anotarse. Ese evento fue decisivo en la vida de Adrián, quien ya tenía el ejemplo de trabajo arduo de sus padres. Pero en los conferencistas que fueron al Encuentro halló la inspiración que lo impulsó a empezar un camino de crecimiento continuo. “Yo no quiero hacer siempre lo mismo que mis papás, no es que esté mal pero yo quiero otras cosas, quiero ir a Canadá a especializarme, o a Alemania porque ahí están muy avanzados en Mecatrónica y Sistemas”, confiesa.

El exalumno de la preparatoria pide a la sociedad romper el prejuicio. Que no crean que todos en Tepito son delincuentes, que crean en los jóvenes porque muchos sí quieren crecer y hacer algo diferente. “No todos somos así”.

Esta publicación fue posible gracias al apoyo de Fundación Kellogg

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Comentarios
  • Carolina Carrion

    No han abierto nuevas generaciones, este fabuloso proyecto va a desaparecer.

    ¿Por qué no le dan continuidad y amplian a otras zonas?