Brigada callejera, un hogar para las trabajadoras sexuales de la CDMX

En los últimos 30 años, la organización Brigada Callejera ha brindado apoyo médico, psicológico y educativo a mujeres que trabajan en las calles de La Merced, herramientas con las que combaten la discriminación y la violencia que enfrentan regularmente.

Brigada callejera, un hogar para las trabajadoras sexuales de la CDMX
GPJ News

Unas 50 trabajadoras sexuales abarrotan la oficina de Brigada Callejera de Apoyo a la Mujer “Elisa Martínez”, una organización de activistas que promueve los derechos de este sector, incluyendo a personas transgénero, además de combatir la trata de personas y prevenir el VIH y el SIDA. Las trabajadoras sexuales se reúnen para una junta grupal.

La presidenta de la organización, Elvira Madrid Romero, sube al estrado y charla con el grupo. A pesar de su baja estatura y su voz serena, Madrid Romero, de 49 años, se impone ante el resto de las mujeres, que la escuchan atentas.

La organización, comúnmente llamada sólo Brigada Callejera, tiene oficina en La Merced, un barrio considerado uno de los principales polos de trabajo sexual en la capital del país.

Madrid Romero nació en Ciudad de México y siempre ha vivido aquí. Su primer vínculo con las trabajadoras sexuales tuvo lugar en 1989, cuando, como estudiante de sociología de la Universidad Nacional Autónoma de México, fue elegida por su profesor como asistente en un proyecto de investigación sobre sociología de la prostitución.

Cuenta que, mientras hacía la investigación, observó que nadie ayudaba a las trabajadoras sexuales si se enfermaban o incluso si estaban a punto de morir. Eso la afectó y la llevó a dedicar toda su vida a este trabajo.

“No te puedes quedar con los brazos cruzados”, dice.

Brigada Callejera fue creada formalmente en 1995 por cuatro exestudiantes de Sociología. Añadieron “Elisa Martínez” al nombre de la organización en memoria de una trabajadora sexual que conocieron durante su investigación como estudiantes y que murió de SIDA.

Tres de esos exestudiantes aún trabajan en la organización: Madrid Romero; su marido, Jaime Montejo, y su hermana, Rosa Icela Madrid Romero.

Montejo, actualmente coordinador de prensa de la organización, dice que sus miembros eligieron a Elvira Madrid Romero como presidenta porque consideraron que es la que tiene más coraje y empatía con las trabajadoras sexuales.

Ahora, casi tres décadas después de haber empezado el trabajo de apoyo a las trabajadoras sexuales, Madrid Romero ha desarrollado una serie de herramientas que considera efectivas para combatir la discriminación y la violencia que estas mujeres enfrentan regularmente.

En la oficina de la Brigada Callejera funciona un centro de atención médica, donde las trabajadoras sexuales pueden realizarse tests de embarazo, VIH y otros exámenes de salud. Algunos de estos servicios son gratuitos y otros son ofrecidos a bajo costo para costear los materiales. También se venden aquí condones y lubricantes a bajo precio.

Brigada Callejera ofrece además otros servicios, incluyendo acupuntura, alfabetización y apoyo psicológico.

Pero el verdadero trabajo está en las calles.

Cuentan con Elvira

“En la calle es lo fuerte, por eso nos llamamos Brigada Callejera”, dice Madrid Romero. “Este es un espacio donde (las trabajadoras sexuales) saben que si tienen necesidad de platicar con alguien, ir al médico, al dentista, alfabetización, pues aquí está. Pero nuestro trabajo es de calle”.

La periodista Gloria Muñoz Ramírez, miembro del patronato de Brigada Callejera –instancia que supervisa el trabajo de la organización-, dice que la principal contribución de Madrid Romero ha sido darles dignidad a las trabajadoras sexuales, en lugar de tratar de convencerlas de dejar el trabajo sexual.

La Brigada Callejera usa métodos innovadores para brindar servicios e información a las trabajadoras sexuales. El grupo distribuye libros de historietas, donde se describen los derechos de las trabajadoras sexuales y los riesgos de su trabajo. Además, una red de trabajadoras sexuales, apoyada por Brigada Callejera, ayuda a otras trabajadoras a encontrar la atención médica que necesitan e incluso les ofrecen acompañarlas al médico.

“Muchas de las trabajadoras sexuales han sido muy atropelladas, muchas son mujeres muy solas, muy vulnerables, que han sufrido un exceso de violencia”, dice Muñoz Ramírez. “Para una trabajadora sexual es importantísimo contar con alguien, y con Elvira cuentan”.

En Ciudad de México, la prostitución es considerada una infracción, según una reforma hecha en 2014 a la Ley de Cultura Cívica de la ciudad, que data de 2004. Infringir esta norma es castigado con una multa de entre 715 y 2.870 pesos mexicanos (42 a 167 dólares), a valores de 2016, o con un arresto de entre 13 y 24 horas.

En 2014, un juez dictaminó que esto es inconstitucional, por ser contrario al derecho al trabajo.

Sin embargo, ese dictamen no se aplica ampliamente, según explica Claudia Torres Patiño, quien entre 2011 y 2015 se dedicó a investigar el trabajo sexual y el tráfico humano desde una perspectiva legal en el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE).

Torres Patiño estudia actualmente los efectos de ese dictamen judicial, según añadió en una entrevista de audio por Skype desde Estados Unidos, donde cursa una maestría de derecho en la Harvard Law School, la escuela de derecho de Harvard.

No está claro el número de trabajadoras sexuales en Ciudad de México.

A partir de la resolución de 2014 se generaron datos, porque se le ordenó entonces a la Secretaría de Trabajo y Fomento al Empleo que entregara credenciales a las trabajadoras sexuales reconociéndolas como trabajadoras no asalariadas.

De comienzos de 2014 a enero de 2016, esa secretaría entregó 170 credenciales, según dice Torres Patiño, refiriéndose a información que ella solicitó al gobierno.

Según los registro de Brigada Callejera, 5.040 trabajadoras acudieron a atenderse al consultorio médico de la organización el año pasado, explica Madrid Romero.

“Siempre van a estar ahí”

Para Madrid Romero ayudar a las trabajadoras sexuales significa mucho más que simplemente hablar con ellas en la calle. Significa buscar a trabajadoras sexuales detenidas o visitarlas en el hospital. Significa ayudarlas cuando son atendidas en centros de salud, socorrer a sus hijos e incluso organizar el funeral de alguna trabajadora sexual muerta.

Una trabajadora sexual de 30 años, quien pidió que su nombre no se publicara, dice que supo de Brigada Callejera hace cuatro años porque Madrid Romero y otros integrantes se presentaron en la zona frecuentada por trabajadoras sexuales.

Así fue como aprendió qué eran las enfermedades de transmisión sexual y los métodos anticonceptivos. También supo de los servicios que ofrecía Brigada Callejera. Además, cuenta que recibió medicamentos, anticonceptivos y asesoramiento.

“No conocía yo, pero desde que empecé a venir aquí, aprendí todo”, dice.

Las trabajadoras sexuales han enfrentado históricamente abusos. En 1994, la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal, el organismo defensor de los derechos humanos en Ciudad de México, documentó abusos, extorsiones y detenciones ilegales contra trabajadoras sexuales y sus clientes por parte de policías, jueces cívicos y servidores públicos como algo común en La Merced y otros barrios.

Chabelita, una trabajadora sexual de 57 años que se identifica con este nombre, cuenta que ha trabajado en esto por más de 40 años. La época de la que habla el informe de 1994 fue de mucho sufrimiento, según recuerda.

“Yo conocí el México de antes. Había mucha razia, era de pagarles a los policías”, dice. “Imagínate, como 15 años estar batallando con todo eso para que después llegara Brigada Callejera. Fue mucha ayuda, mucho apoyo, mucha enseñanza, mucho lo que aprendimos de Brigada Callejera, que la verdad hasta la fecha seguimos aprendiendo cada vez más”.

Para difundir los derechos de las trabajadoras sexuales y los riesgos a los que están sometidas, Brigada Callejera publica y distribuye desde hace 15 años libros de historietas, que están diseñados con base en populares tiras de historietas con mujeres voluptuosas y escenas eróticas.

Las trabajadoras sexuales suelen leer ese tipo de historietas, según dice Madrid Romero, por lo cual el libro es un medio eficaz para hacerles llegar un mensaje, incluyendo a aquellas que son analfabetas o que están siendo vigiladas por proxenetas.

Una de las historietas es una adaptación de un texto académico de Torres Patiño sobre la ley contra la trata de personas.

“Me di cuenta que era una muy buena manera de hacerles llegar información a las trabajadoras, y ojalá hubiera más iniciativas como ésas porque, por ejemplo, mi trabajo es un trabajo que si no se adecua, ellas no leen, ellas no se enteran”, dice la abogada. “Creo que yo nunca hubiera podido acercar mi información a las trabajadoras de no haber sido por ellos (por Brigada Callejera)”.

Al término de la reunión, las trabajadoras sexuales se despiden con abrazos de Madrid Romero. Todas cargan bolsas con regalos que Brigada Callejera les dio, como juguetes para sus hijos y utensilios de cocina.

“Estos eventos precisamente son eso, así como darnos fuerza de saber que siempre van a estar ahí para nosotros, que siempre nos van a apoyar, que siempre nos van a homenajear esos días que para nosotros pasaban desapercibidos”, dice Chabelita. “Este trabajo de ellos yo siento que para nosotros es muy grande, porque ¿quién te regala algo a cambio de nada?”.

 

* Ivonne Jeannot Laens, GPJ, adaptó este artículo de la versión en inglés.

Esta historia fue publicada originalmente en Global Press Journal.

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