Recobrar su vida sin estigmas, la meta de exreclusos después de cumplir sentencia en las cárceles

La sociedad y las empresas deben dar a exreclusos una oportunidad para tener un trabajo, dinero y recuperar su vida.

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Cuartoscuro Archivo

Después de pasar años en prisión, para un exrecluso lidiar con la libertar es difícil. Retomar la vida, sin trabajo y, en casos extremos, sin familia, es un reto para quienes han pasado una parte de su vida en una cárcel. La meta es poder reinsertarse en la sociedad y no reincidir.

Uno de los obstáculos más grandes a los que se enfrentan los exreclusos es que aunque hayan cumplido una sentencia, siempre tendrán ese registro en su historial. Por eso es que incumplen con el requisito de tener una carta de no antecedentes penales que solicitan casi en cualquier empleo.

Precisamente por eso es que es importante generar las condiciones para que las personas liberadas recuperen derechos y eso les permita retomar su vida laboral y social, afirma Paola Zavala, directora del Instituto de Reinserción Social de la Ciudad de México.

“Imagina a una persona que está fuera de un reclusorio, vestido de beige, que sale después de 10 años y no tiene a dónde ir, que no tiene lo necesario para comer, dormir o buscar un empleo y empezar a formar parte de la sociedad”, ese es el panorama para cientos de personas, explica.

Por eso es que la prioridad de una persona que sale de reclusión es “reinsertarse en sociedad, ser queridos, aceptados, restablecer los vínculos. Tener un ingreso y que la sociedad no los estigmatice”.

El Instituto presta servicio precisamente para que puedan “arrancar”, a través del derecho a la identidad, con el trámite de la credencial de elector o un seguro de desempleo, uno de los programas de la Secretaría del Trabajo de la Ciudad de México, porque aunque sea poco económicamente “puede ser muy significativo al momento de salir”.

Uno de los proyectos piloto del Instituto es establecer un vínculo con el sector laboral, pagando tres meses de salario a las personas que salieron de reclusión para estar a prueba durante tres meses en alguna empresa y que, después de ese tiempo, el empleador puede contratarlos de manera permanente.  

Para poder concretarlo se requiere de más empresas que acepten dar una oportunidad a quienes han salido de reclusión y a que el presupuesto del Instituto permita solventar el salario de más personas.

Otro de los proyectos es la capacitación para emprender microempresas de productos alimentarios, herbolaria, entre otros, y la prestación de microcréditos de 5 mil pesos y que de pagarlo, pueden acceder a 10 mil pesos y así sucesivamente hasta llegar a 25 mil pesos.

Pero el trabajo, dice Zavala, debe ser transversal en el gobierno porque el tema de reinserción y prevención “no puede ser tarea sólo de un instituto aislado”, por eso es que la Secretaría del Trabajo otorga seguros de desempleo, el Fondo para el Desarrollo Social de la Ciudad de México, microcréditos o el Instituto de las Mujeres, capacitaciones. Se requiere que “todas las instancias de gobierno inviertan en ello”.

Para “generar una convivencia social pacífica” se requiere de todos. “No sólo es la persona que tiene que regresar a la sociedad, sino también la sociedad tiene que abrirle un espacio para que regrese. No sólo es tarea de ellos, que claro que la tienen: conseguir un trabajo, mejorar sus relaciones familiares, pero también de la sociedad en apoyarlos cuando ellos quien regresar”, dice Zavala.

Algunas personas que salen de prisión delinquen, pero no todas y éstas son las “personas con las que tenemos que trabajar para que no regresen a círculos de violencia o a cometer otros delitos”.

Prevención, la tarea pendiente

Seis de cada 10 personas que atiende el Instituto, cumplieron una pena por robo agravado y eso es un indicador social, sostiene Paola Zavala. “Muchos de estos delitos son con enojo. No sólo te asaltan, lo hacen con violencia”. Por eso, una de las labores del Instituto es “llamar la atención sobre la inequidad social, los temas profundos que hacen que las personas estén delinquiendo y cómo podemos hacer que no lo hagan”.

La prevención es uno de los temas pendientes para combatir las causas de la violencia y no sólo los efectos. No sólo se trata de un programa, sino de “tomar decisiones macroeconómicas en temas de equidad, educación, que nos va a llevar un tiempo”.

Por eso, aunque es importante el debate sobre el nuevo sistema de justicia penal, el presupuesto para tener jueces, ministerios públicos preparados y suficientes, “si no empezamos a trabajar en temas de prevención social, en los círculos de violencia, en las colonias con problemas de consumo de drogas, no vamos a lograr resultados diferentes por muy nuevo sistema de justicia que tengamos”, afirma la directora del Instituto.

La mayoría de quienes están ocupando las cárceles en la Ciudad de México en este momento son hombres en edad productiva, de escasos recursos y que cometen delitos como robo agravado. Le sigue delitos contra la salud (5.3%) y homicidio 5.2%. Eso te da la idea de personas que fueron excluidas porque tomaron una mala decisión en algún momento, por eso se necesita pensar en temas de prevención.

Sobre todo en los lugares que pueden tener un contexto adverso, de violencia o carencia de oportunidades. Por ejemplo, de los 2 mil 726 usuarios atendidos en el Instituto entre enero y octubre de 2017, tienen entre 31 y 45 años de edad y provienen principalmente de tres delegaciones: Iztapalapa (21%), Cuauhtémoc (12%) y Gustavo A. Madero (11%).

Aunque el Programa Nacional para la Prevención del Delito y la Delincuencia inició con la ubicación de polígonos territoriales para detectar  el número de delitos por zonas y las acciones de prevención, desapareció. Más allá de si era efectivo, no hubo otra estrategia que lo sustituyera para tratar ese punto.

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