Aquí, normal

Muchos de los que han votado por Trump se quedarán sin cobertura médica si se aprueba el plan propuesto por Trump y Paul Ryan, pero la gente odia esa cobertura porque lleva el nombre de Obama que es el Anticristo.

A veces, en mis viajes en carretera o tren por la interminable planicie de Illinois hago escala (si es en tren, porque hay estación, y si es en coche, para cargar gasolina) en una ciudad (en realidad un pueblo casi ibargüengoitiano) llamada Normal. Así, Normal.

Normal no se llamaba de tal manera. Se llamaba North Bloomington o South Bloomington o algo por el estilo, porque Normal y Bloomington son en realidad una misma mancha urbana. Pero no querían ser Bloomington. Y se pusieron Normal porque en la ciudad – el pueblote, 53 mil habitantes – está la sede de la Escuela Normal de Illinois.

¡Qué creativos!

Cuando pienso en Normal, pienso en Naranjito Pichacorta, Cuadragésimo Quinto presidente de los Estados Unidos porque es gracias al voto normal de los normales de pueblotes con ínfulas de ciudad como Normal, que él está en la Casa Blanca, donde tuitea mientras juega al golf, mientras lo peinan, mientras va al baño, mientras no atiende a Melania, mientras explora las lluvias doradas, mientras Putin lo espía por el ojo de la cerradura, mientras le pega de gritos a otros presidentes por el teléfono, etcétera.

Naranjito probablemente no sabe ni le importa dónde está Normal, Illinois, y la verdad yo no pararía ahí si el tren no parase o no hubiese que recargar el tanque, pero la verdad es que Normal se parece demasiado al resto del país en estos precisos momentos en que quieren ser grandes con sus productos hechos en China y sus automóviles hechos en México.

Normal es un símbolo del nuevo normal. Y eso preocupa.

Preocupa porque parte de la nueva normalidad es contar muchas mentiras para que se vuelvan verdades. No hay fake news, ni postverdades, ni hechos alternativos. Hay verdades y mentiras, y los que verdaderamente gobiernan este país, los que sostienen al títere naranja mediante un palito introducido por el silabario para que mueva sus manos chiquititas, ésos hacen de su oficio la normalidad de la mentira para instaurarla como verdad universal.

No tiene nada de nuevo: lo hicieron Hitler, Stalin, Franco, Mussolini, Fidel Castro, Mao, Chávez…

Cada día son mejores. Cada día mienten mejor.

Por supuesto hay una oposición feroz. Los edictos de Trump encuentran la oposición de los jueces, pero el aplauso de los ciudadanos de Normal, que en realidad son los ciudadanos de todos los pueblos y ciudades medias y zonas rurales que lo llevaron a la Casa Blanca. Normal puede estar en cualquier estado, y se puede llamar de muchas maneras, pero la idea es que todo el país sea parejo, blanco, monolingüe, e insensiblemente feliz tras el muro que no llegará a hacerse pero no se preocupen, que en Corea del Norte los Kim han convencido a su gente que hasta el Mundial de fútbol han ganado, ¿por qué Naranjito Pichacorta no podrá convencer a los de Normal que Estados Unidos ya está protegido por un muro?

El Congreso, inclusive los republicanos, protestan contra los planes de reforma de salud del presidente pero la opinión pública no está con ellos, porque Naranjito los ha convencido que odien hasta lo que les conviene. Pensemos en esto: muchos de los que han votado por Trump se quedarán sin cobertura médica si se aprueba el plan propuesto por Naranjito y Paul Ryan, pero la gente odia esa cobertura porque lleva el nombre de Obama que es el Anticristo. Así que para cuando les caiga el veinte, y se enfermen, y no tengan para pagar ni una aspirina será demasiado tarde, porque lo normal en Normal será morirse de enfermedades prevenibles, morirse en la indigencia, pero con el brazo en alto y cara al sol porque Naranjito ha hecho a América grande de nuevo.

Otra señal de la normalización son las noticias. Yo no sé si se han dado cuenta, pero algunos medios de comunicación ya están doblando las manitas, ya están tratando mejor a Naranjito, ya tras su primer informe de gobierno comenzaron a usar palabras como “presidencialista”, “moderado”, “razonable”. Ya prometen que no reproducirán las fake news, beibi. Ya le besan la mano a Spice Boy, el esperpéntico portavoz de la Casa Blanca.

Sólo el New York Times y gentuza así siguen necios con la verdad. Es que no viven en Normal.

Ya lo vimos, ¿no es cierto?, en la entrega de los Óscares, que fue un ejercicio brechtiano de ruptura de la cuarta pared para hacer un reality de truco de magia de fiesta infantil de cumpleaños, una catafixia de los hechos por las postverdades. Échenle la culpa a los auditores, que al final sólo son cuentachiles. Y las cifras, como la ciencia, no importan.

Y a todos, si no nos damos cuenta, como a Warren Beatty, nos van a dar el sobre equivocado.

Normal.

 

* Gerardo Cárdenas, escritor y periodista mexicano, vive en el área de Chicago y se resiste a ser normal.

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