Claudia Calvin

Animatrix

Perfil Náufraga reincidente de internet, bloguera empedernida, defensora de los animales, aficionada a la fotografía y aprendiz de empresaria. ¿Temas de interés? Política, relaciones internacionales, equidad de género, TICs, coaching y lo que a su dispersa alma se le ocurra. El lado formal: Licenciada en Relaciones Internacionales, Maestra en Periodismo Internacional y Doctora en Ciencias Sociales con especialización en Ciencia Política, catedrática, exfuncionaria pública. Fundadora de Mujeres Construyendo (www.mujeresconstruyendo.com) y Directora General del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (COMEXI). Twitter: @LaClau

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La encrucijada de México en el mundo

¿Qué papel queremos que juegue México en el mundo? ¿Queremos seguir observando el pasado y respirando con nostalgia cada vez que recordamos los momentos gloriosos de nuestra política exterior en el siglo anterior o buscamos asumir nuestra posición como potencia emergente con las consecuencias que ello implica en la encrucijada mundial actual?

Sin duda, nuestra política exterior fue una herramienta valiosa para navegar en  un mundo bipolar y ante la omnipresencia de Estados Unidos en nuestra realidad geográfica y política. Era factible jugar el juego de la independencia y la no interferencia en los asuntos internos de otros países para solicitar reciprocidad en un mundo complejo y sostenido por alfileres, zonas de equilibrio y bombas nucleares. Esa política exterior también fue funcional a un sistema priista que formalmente jugaba a la democracia pero que en términos reales no pasaba la prueba.

En un mundo en transición, multipolar, de alianzas cambiantes, de emergencia de nuevos actores, de nuevos paradigmas y en un México que ya ha vivido dos transiciones (del PRI al PAN y de regreso al PRI), ¿qué papel debe jugar la política exterior y, más importante aún, qué papel queremos ocupar en el escenario internacional?

El hecho de que el lanzamiento del Plan Nacional de Desarrollo 2013-2018 se diese en la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) a mediados de marzo puede pensarse como un hecho simbólico que busca darle importancia a la política exterior como no se hizo en los últimos dieciocho años.

El Presidente Peña Nieto recalcó que México es un actor con responsabilidad global (el cual es el 5º eje de su plan de gobierno) y señaló que los cuatro pilares en los que debe recargarse la política exterior son: 1. Fortalecer la presencia de México en el mundo; 2. Ampliar la cooperación Internacional para lograr el desarrollo al interior; 3. Promover el valor de México en el mundo y, 4. Velar por los intereses de México y los mexicanos en el extranjero.

Parece que el nuevo gobierno regresa con un fuerte sentido de lo simbólico y en donde la forma es fondo. Además del Presidente Peña Nieto y del Canciller Meade, estuvieron en el evento el Secretario Guajardo de Economía, el Director Ejecutivo de OXFAM México, el Sr. Zarco, el Sr. Gallardo Thurlow como Presidente de GEUPEC y el Dr. Schiavon del CIDE.  La coincidencia de los discursos oficiales dando un fuerte énfasis al elemento económico y comercial en las relaciones internacionales de México fue evidente.

Mientras el Secretario Meade habló de la importancia del PLANADE y de su origen histórico, el Secretario Guajardo habló de la importancia de la inserción de México en los mercados globales, de la necesidad de replantearse el TLCAN y del valor estratégico del TPP en la coyuntura global actual, así como de la importancia que tiene impulsar a las PYMES para que México participe en la economía global. Los demás participantes reconocieron la importancia de esta perspectiva y mencionaron de manera general otros temas vinculados: la cooperación internacional, la ONU, el diálogo con otras regiones del mundo, etcétera. Lo que resulta interesante es preguntarse ¿qué mensaje quiso dar el Presidente con la inclusión de los participantes en este evento? ¿Debemos asumir que se incorporarán las voces empresariales, de la sociedad civil y de los académicos en la toma de decisiones? Organizaciones de la sociedad civil entregaron sus propuestas al Presidente y al Canciller también.

La política exterior es una herramienta, un medio para cumplir fines internos y nacionales que den respuesta a las necesidades de los y las mexicanas. Esto que resulta tan evidente, que  es un medio y no un fin en si misma, es clave para pensar el papel que queremos jugar en el mundo y las opciones que tenemos para fortalecer nuestra posición.  ¿Cómo, para qué, de qué manera, cuándo y qué mecanismos deben emplearse para llevar a cabo acciones y objetivos estratégicos internacionales que permitan coadyuvar al cumplimiento de los fines nacionales, proyectándolos  mas allá de nuestras fronteras?

La respuesta central, sin embargo, sigue sin ser respondida: el gobierno actual visualiza a México como un actor con responsabilidad global… ¿para qué? En esta última pregunta está la clave a la definición que se dé respecto al papel que deberá tener la política exterior mexicana a partir de este momento y al papel que queremos que ocupe México en el mundo.

Si no se define ese “para qué” con claridad corremos el riesgo de ver la política exterior como un espacio de enorme confusión y de poca claridad estratégica. ¿Qué papel jugará la Secretaría de Relaciones Exteriores y qué papel jugará la Secretaría de Economía en el proceso de inserción internacional de México? ¿A qué temas y regiones se le dará prioridad? ¿A quiénes se incorporará en la toma de decisiones de la política exterior? ¿Exclusivamente a los diplomáticos, a los académicos, a los empresarios, a los think tanks, a los expertos en relaciones internacionales provenientes del sector tanto privado como público, a los nuevos líderes y actores de la sociedad que inciden en la dinámica internacional, pero que no son visualizados en el mapa tradicional (el equivalente de  los líderes de la primavera árabe, por ejemplo)? Se habla de la diplomacia virtual (e-diplomacy) y la diplomacia pública con gran entusiasmo, pero una vez más, la pregunta clave es ¿para qué?

Si no se responde este simple, pero nada simple, pregunta, nos quedaremos en los oropeles y  cócteles de la política exterior y olvidaremos el sentido y visión de la misma.

El Dr. Schiavon hizo énfasis en tres cosas que retomo para concluir esta reflexión:

1. México debe  fortalecer su presencia global; ampliar la cooperación internacional; velar por los intereses nacionales en el extranjero, y promover el valor del país en el mundo.

2. Nuestra política exterior debe reflejar nuestra capacidad e importancia internacional y debe visualizarse como una gran inversión. (Hago énfasis en esto último: es una inversión, algo difícil de entender para los políticos y tomadores de decisiones mexicanos empeñados en verse el ombligo y negados a trascender sus propias fronteras mentales, sobre todo, poco interesados en comprender que lo internacional nos afecta, lo quieran ver o no.)

3. Una política pública sin recursos no es prioridad. El servicio exterior tiene el mismo número de integrantes desde 1975, y no hace falta ser un mago para darse cuenta de que el mundo del 2013 es muy distinto al de hace casi cuarenta años.   Habrá que ver los recursos que se le asignan a la Cancillería  y a los proyectos internacionales  del gobierno en general para evaluar y medir si verdaderamente se le va a dar la prioridad que se dice y si México tendrá los recursos que requiere para no sólo jugar a ser, sino verdaderamente actuar como un actor con responsabilidad global en todos los ámbitos. Esta inversión debe incluir un presupuesto para “vender el mundo a los mexicanos” y hacernos comprender que es de vital importancia para cada uno de nosotros el participar en el ámbito global.

¿Qué lugar consideran que debe ocupar México en esta encrucijada?

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