Arturo Franco

Arrancones en Neutral

Perfil Economista, emprendedor y ciudadano comprometido; trabajó varios años para el Foro Económico Mundial, en Suiza, y actualmente es investigador asociado para Harvard y Brookings Institution. Con pasión por el desarrollo social, Arturo es co-fundador de Causas.org y preside el consejo asesor de Enseña por México. Síguelo en Twitter: @arturofrancohdz

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México la Arma (o ¿Por qué Ando de Grinch?)

México ha estado de moda en las últimas semanas. Por mérito propio, y/o por estrategia del gobierno, el país ha logrado romper la tendencia de prensa global negativa durante los primeros 100 días del gobierno entrante.

Empezando con el famoso artículo del Tigre Azteca en el Financial Times (cuya primera falla fue llamarle Tigre a México y no Ocelote), pasando por el afamado periodista Thomas L. Friedman, y algunos otros artículos en Foreign Affairs y el New York Times, hemos visto una narrativa más positiva, centrada en las perspectivas de reforma, el “relativamente mayor” crecimiento económico y las ventajas del país en la supuesta competencia con China por el mercado norteamericano.

Sin embargo, aunque aplaudo el interés, la cobertura especial y las porras que desde el exterior le han echado a nuestro país, he sufrido una especie de complejo de Grinch al respecto.

Cheerleaders

(¿México necesita porristas, o amigos sinceros?)

Mi familia, amigos, ex-colegas y hasta una que otra persona que no conozco me han dicho que estoy amargado y que por eso no puedo compartir la felicidad ni la emoción de estas buenas noticias. Puede ser. El clima de Londres no es como para estar sonriendo y el invierno ha sido especialmente frío.

Pero también creo que tengo buenas razones para “no tomarme el KoolAid” como dicen los gringos (o el Culei como le decimos en México). Aquí les van algunas, compañeros.

Primero: porque algunos de los argumentos utilizados (lamentablemente los más frecuentes) son exagerados, sacados de contexto, o simplemente (y llanamente) falsos.

Veamos por ejemplo el primer artículo de @tomfriedman titulado: How Mexico Got Back in the Game (Cómo regresó México al juego). El ensayo empieza con la pregunta: ¿Qué país se convertirá en el poder económico más dominante en el siglo XXI? Ahora tengo la respuesta: México. Hasta ahí íbamos bien. Esto es una gigantesca exageración. Para empezar, en los primeros 20 años del siglo XXI el país no ha dominado (ni va a dominar) siquiera a la región latinoamericana. En los mejores pronósticos de crecimiento a 2050, el país entra al grupo de las diez economías más grandes del mundo (en términos de PIB absoluto) si es que a esto se refiere Friedman, pero siempre lejos de las 5 más grandes. En fin, no creo que exista un modelo económico que haga esa predicción sobre México, y tampoco creo que sea el objetivo del país. Sería mejor llegar a ser la economía más inclusiva, la economía más humana y justa, la economía más dinámica, que la más dominante del siglo.

Otro ejemplo es este argumento recurrente que Friedman, el FT y el economsita Kenneth Rogoff han hecho sobre el hecho de que México está quitándole cuota de mercado en Estados Unidos a China, y que está disfrutando de un boom en exportaciones. Esto es falso. China ni siquiera es el competidor numero uno de las exportaciones de México a los EU (es el numero 9) y los dos países han crecido su “market share” en muchos productos durante la última década.  Pero más problemático para la economía de nuestro país es que además estamos importando mucho más de China en la última década, sobre todo en productos intermedios. ¿De qué sirve meterles un gol en aquella portería si nos están dando una goleada en cancha propia?

Está también el comentario en el artículo del Tigre Azteca sobre la inversión extranjera directa en 2012. El artículo dice que le ganamos a Brasil en atracción de capital durante el periodo (lo cual es cierto) pero no dice que fue porque México tuvo una caída menor (véan el gráfico abajo). En fin, sin información correcta y contextualizada ¿podemos alegrarnos con estos artículos? (Por cierto, si quieren leer un análisis de todos los datos equivocados en el artículo de Friedman, les recomiendo este de Dean Baker)

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Segundo: porque hace falta una pequeña dotación de memoria crítica.

Un ejemplo es el de Shannon O’Neil en su artículo para Foreign Affairs llamado Mexico Makes It (México La Arma). Es un excelente artículo que cuenta la historia del papel que jugó el PRI en la transformación nacional desde los 80s. Con gran detalle nos lleva a través de los años del TLC, el Salinismo y hasta las reformas judiciales de Zedillo. Después, en cuestión de dos o tres enunciados se salta 12 años (literalmente en la página 57) y durante el resto del artículo su argumento principal es que el “nuevo” PRI regresa para encontrar un país distinto.

El mayor problema que tengo con esta narrativa del viejo PRI y nuevo PRI no es que en realidad piense que Peña Nieto se comunica con Salinas todos los días. Y si lo hacen, están en todo su derecho. El problema en realidad es que el PRI jugó un papel fundamental en los últimos 12 años también, pero no un papel positivo. Yo creo que esto debe ser parte de la “historia” también.

Los medios internacionales hoy glorifican al nuevo presidente, joven y reformador, al partido que “sabe gobernar” (cómo lo llama el FT) y al que sabe crear consenso político. ¿Y que no fue, entre 2000 y 2012 el #PRI todo lo contrario? ¿El partido NO reformador, el que no dejaba gobernar y el que nunca fue fiel a sus pactos con el PAN? Todos sabemos que el partido que hoy gobierna a México tuvo la oportunidad, desde el Congreso, de aprobar muchas reformas estructurales y muy necesarias en los últimos 12 años. De haberlo hecho, estaríamos hoy como país muy lejos del crecimiento mediocre y el nivel de productividad y competitividad en el que estamos. Pero decidieron secuestrar estas reformas para retomar el poder político.

En pocas palabras, estamos viviendo una especie de Síndrome de Estocolmo: saliendo de un secuestro político de más de una década para darle las llaves de la casa al secuestrador.

Les doy dos ejemplos de esta especie de memoria selectiva. O´Neil dice que lo bueno de la descentralización del poder en los últimos años es que los gobernadores pueden hacerle frente a los políticos federales. Cierto, pero no menciona que en muchos Estados los gobernadores simplemente replicaron el modelo presidencialista a nivel local. ¿No era mejor tener un rey con 30 súbditos que un súbdito con 30 reyes? Otro ejemplo es la sección en la que (con mucha razón)  O´Neil aboga por una reforma constitucional para permitir la reelección legislativa. Se le olvida mencionar, sin embargo, que fue el #PRI y @EPN quienes se opusieron a la Reforma Política en las últimas dos oportunidades.

Tercero: porque es igual de contraproducente el sobre-optimismo que la híper-negatividad.

Roberto Newell, del IMCO, hizo un excelente análisis de la cobertura negativa que México ha tenido en los medios internacionales durante los últimos años, y del tremendo impacto que esto generó en términos de marca país y pérdida de ingresos en el sector turismo. En 2010, nos cuenta Newell, dos tercios de los artículos sobre México se enfocaron a temas que dañan la reputación internacional de México.

Sin duda es malo para México que nos saquen la “ropa sucia” todos los días. Pero, como dice Denise Dresser (en esta entrevista con CLASBrekley) hay un extraño cambio en la narrativa hacia una visión ahora demasiado optimista y “no debemos saltar en el cambio pendular tan rápido.” Es importante entender que la violencia sigue ahí, y que no hemos atacado la causa raíz de muchos problemas serios que enfrenta México, incluyendo la corrupción.

Creo que quien lo puso de mejor manera fue @TimPadgett2 de la revista Time, al hablar sobre algunos de los elementos positivos en materia económica y política que has sucedido recientemente:

Pero insisto: esto es una tendencia. No es un milagro, ni la versión económica de la aparición de Nuestra Señora de Guadalupe, que tantos porristas de México, funcionarios del gobierno, inversionistas extranjeros y diplomáticos de las embajadas están insistiendo en llamarlo.

Al final de su artículo, el mismo Financial Times cuenta que un asesor del gobierno dijo al ser cuestionado sobre la violencia en el país: “¿Por qué habríamos de llamar la atención sobre algo de esto? No está en nuestros intereses.” Es cierto que ha habido cambios reales en el país. Es cierto que hay buenas noticias que deben servir para recuperar la confianza. Pero el gran riesgo de dejarnos llevar por el entusiasmo momentáneo es que podemos caer en dos trampas: la del engaño y la de la complacencia.

No debemos dejar que el gobierno pinte una realidad al exterior que no sea un reflejo de lo que sucede en México. Ya hemos estado ahí, en 1992 por ejemplo cuando México fue invitado como miembro de la OCDE a base de engaños. Tampoco podemos dejar que el #PRI se exima de la responsabilidad que tiene en los resultados negativos de los últimos años. Ellos eran gobierno también, líderes del Congreso, parte del Estado y no supieron trabajar en equipo.

Así que llámenme Grinch, llámenme amargado, llámenme lo que quieran, pero no pienso caer en el engaño ni en la complacencia. Millones de mexicanos tienen hambre hoy, miles están en la cárcel sin ser culpables, muchos jóvenes (incluyendo a los ingenieros que tanto presumen) siguen buscando trabajo sin mucha esperanza. ¿Cómo podemos estar celebrando? En fin, los dejo con un artículo más sobre el tema: Andrés Oppenheimer del Nuevo Herald quien lo puso de esta manera: México está de moda, excepto en México. ¡Qué bueno que así sea!

Oppenheimer

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