Arturo Franco

Arrancones en Neutral

Perfil Economista, emprendedor y ciudadano comprometido; trabajó varios años para el Foro Económico Mundial, en Suiza, y actualmente es investigador asociado para Harvard y Brookings Institution. Con pasión por el desarrollo social, Arturo es co-fundador de Causas.org y preside el consejo asesor de Enseña por México. Síguelo en Twitter: @arturofrancohdz

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México, Brasil y la promesa del crecimiento

En el más reciente capítulo de esta absurda rivalidad que se ha ido cultivando entre México y Brasil – y que en los últimos años ha pasado de ser meramente futbolística a tocar las esferas de la política, la economía y la cultura – el gigante del Sur de América se llevó el premio esta semana con la designación del nuevo jefe de la Organización Mundial del Comercio.

La elección del embajador brasileño Roberto Azevedo, un insider de la organización basada en Ginebra, cayó como un balde de agua fría a muchos en México (incluyendo al gobierno actual) que apoyaban la candidatura de Herminio Blanco, Secretario de Comercio en el sexenio de Zedillo. Con excelentes argumentos, muchos analistas parecían estar a favor del candidato mexicano para reemplazar al francés Pascal Lamy. Incluso el Financial Times había escrito que “a pesar de que fue considerado inicialmente como una apuesta externa para el puesto, es difícil imaginar mejores calificaciones que las de Herminio Blanco“.

Muchos de los intelectuales mexicanos que debatían el tema en El Palenque dejaron ver su molestia por el resultado desfavorable. El consenso era que la postura proteccionista de Brasil en varios asuntos dentro de la OMC debería de disminuir sus posibilidades de ganar el puesto de Director General. Pero más que nada, el consenso era que no nos debía ganar Brasil. ¿Se habría generado tanto debate (o tanta decepción) si el otro candidato finalista fuese de Japón, Etiopia, Turquía o Malasia? Sinceramente lo dudo.

Pienso que esta rivalidad con Brasil es absurda porque objetivamente nuestros países no comparten casi nada: ni la misma historia, ni la misma lengua, ni el mismo origen étnico, ni muchas características culturales. De hecho, en muchos aspectos, incluyendo variables estructurales de la economía, las realidades de ambos países son diametralmente distintas. Lo único que quizá compartimos con Brasil es el hecho de habitar en las “puntas” de un mismo Continente, América Latina, al cual ambos países le han dado la espalda: Brasil mirando hacia el Este y México hacia el Norte.

Pero hay algo sobre el país de la samba y el Carnaval que hace que muchos en México, sobre todo en el ámbito económico y financiero, se tomen las cosas muy a pecho.

Por ejemplo, el economista Luis de la Calle mencionó que “las dudas sobre el modelo brasileño en el último año son muy importantes en el proceso de selección, han hecho que se enmarque la elección entre alguien que cree que el comercio promueve el desarrollo (Herminio) y alguien que duda sobre esto (Azevedo)”.

Un día después de conocer el resultado, retuiteó esta nota de Veja sobre el tema, llamando a Brasil incompetente:

eledec

Por supuesto que no se le puede culpar a @eledece por tomarse el tema tan en serio, pues además fue colaborador directo de Herminio Blanco durante mucho tiempo.  Pero como analista, como economista, debería poder justificar lo que ha escrito. ¿De verdad piensa que Brasil no tiene méritos para liderar la OMC? ¿De verdad piensa que en México el comercio internacional ha promovido nuestro desarrollo? (Me refiero al de todos los mexicanos, no sólo algunos).

Yo pienso que a De la Calle y a muchos otros analistas que están obsesionados con ganarle a Brasil en el ámbito económico (y que están molestos por el resultado en la OMC) se les podrían olvidar varias cosas:

1) Creo que es importante que reconozcan de dónde viene Brasil y cómo logró alcanzar el nivel de ingresos de México en tan sólo dos décadas. En 1992, con un PIB per cápita 30% menor que el nuestro, un modelo económico desgastado y serios problemas sociales y políticos, Brasil no estaba ni cerca de México, el flamante nuevo miembro de la OCDE. En 1994, cuando se firmó el TLC con Estados Unidos, cuando se nos prometió el enorme desarrollo que estaba “a la vuelta de la esquina” y cuando vivíamos en las nubes salinistas, Brasil se quedaba todavía más relegado a ser ese “país del futuro que nunca llegaba”. Todavía después de la crisis del 95, Brasil enfrentó problemas mayores que los nuestros hasta el inicio del nuevo siglo.

Durante todo este tiempo, nadie hablaba de Brasil contra México. En ese entonces todavía nos comparábamos con países más desarrollados y mirábamos hacia adelante.

Pero en los últimos 15 años, mientras México siguió apostando al mismo modelo económico, Brasil apostó al cambio, al pragmatismo, a la “tercera vía” como le llaman algunos. Y hoy, viendo a dos países con un ingreso por persona muy similar,  se nos hace válida la comparación. Por eso pienso que medirnos contra Brasil es aceptar que hemos sido alcanzados y quizá rebasados en muchos aspectos.

2) Creo que no nos gusta aceptar que el modelo de desarrollo económico de Brasil superó por mucho al nuestro durante este tiempo. Y es que aunque el desempeño económico de ambos países ha sido similar en promedio (excepto que en 2010 Brasil creció a casi 8% y México no ha visto esas tasas en muchos años) la calidad del mismo ha sido muy distinta.

Durante los últimos 15 años Brasil logró una hazaña única en la historia económica moderna en cuanto a la promoción de la redistribución del ingreso. Brasil hoy es la única economía BRIC (y uno de los pocos países emergentes)que fue testigo de una disminución significativa en el coeficiente de Gini en los últimos años.

BraGraph

Así, durante la década de 1998 a 2007, como muestra la gráfica anterior, los ingresos de la parte inferior de la pirámide económica (los seis deciles más pobres en Brasil) aumentaron, mientras que los ingresos de los cuatro deciles más altos crecieron a menores tasas (aunque lograron una aceleración a partir de 2004). A esto se le llama crecimiento redistributivo.

En otras palabras, mientras que el 10% más rico del Brasil vio sus ingresos crecer a tasas de 2% anual (el promedio de países de la OCDE), el 10% más pobre crecía a tasas mayores que China durante más de una década. ¿Cuál será el crecimiento comparable de estos deciles en México?

3) Por último, creo con toda humildad que los mexicanos debemos aceptar que Brasil ha logrado convertirse en una fuerza geo-política en el mundo, jugando un papel que México solía jugar, como la voz de los países en desarrollo ante los grandes organismos multilaterales. Pero esto no se logra simplemente con diplomacia. Esto se logra con inteligencia, consistencia y convicción. Esto se logra a través de un liderazgo con ejemplo, con buenos resultados.

En 2002, mientras el Presidente Fox se alineaba con George W. Bush y corría a Fidel Castro de Monterrey, el gobierno de Lula se centró en la necesidad de un cambio en el marco de las negociaciones comerciales internacionales. Ese legado esencial que Lula dejó en Brasil, el de la búsqueda de la profundización de la coordinación política y económica entre los países emergentes, incluyendo a los otros BRICS (India, Rusia, China y Sudáfrica) y los países en vías del desarrollo, hoy finalmente rinde frutos.

Por ello, el modelo de desarrollo de Brasil, incluyendo una estrategia de apertura comercial prudente, esta siendo copiado por muchos países. Curiosamente México es uno de ellos y estamos viendo a Brasil como modelo de banca de desarrollo, de sector energético y petrolero y de combate a la pobreza. ¿Ya se nos olvidó la visita de Lula a Chiapas para lanzar con @EPN la Cruzada contra el Hambre?

En fin, se puede decir mucho sobre los problemas que Brasil enfrenta, que son muchos y distintos a los de México. Se puede decir mucho sobre la gran vocación liberal de nuestro país y nuestro compromiso (miope a mi parecer) con el comercio internacional. No hay ninguna duda de que, con los 32 tratados de libre comercio (y contando) que hemos ido acumulando, México tenía mucho que agregar en la OMC.

Pero la promesa y la razón de ser del libre comercio es muy simple: crecimiento para todos. Brasil ha cumplido con esa promesa, México no, le duela a quien le duela.

 

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